alberca-roman
Román Alberca Llorente
Alcazar de San Juan (Ciudad Real).
1903 -
Valencia.
1966.
Neurólogo y Psiquiatra.

Cursa los estudios de Medicina en la Universidad de Madrid, licenciándose con premio extraordinario en 1925. Se forma en Histopatología con Pío del Río Hortega y en Psiquiatría con José Sanchís Banús.

En 1925 obtiene una beca de la Junta de Ampliación de Estudios para trabajar en Histopatología de la esquizofrenia con D. Mott en Londres. En 1926 marcha a París para trabajar en el Instituto Pasteur bajo la dirección de C. Levaditi en anatomía patológica de las encefalitis. A pesar de ofertas para continuar en París, o para trasladarse con Penfield a EE.UU., decide regresar a España.

En 1927 lee su tesis doctoral sobre “Estudio histopatológico de la encefalitis experimental”, a la que se le concede el premio Rodríguez Abaytua al ser considerada la mejor de ese año. En 1928 gana por oposición “la dirección de Manicomio”, escogiendo la plaza de Murcia. En 1950, obtiene la cátedra de Psiquia tría de Salamanca, trasladándose posteriormente a Valencia. En 1965 crea la Escuela de Formación en Psiquiatría de Valencia, que compagina con la dirección del Manicomio de Murcia.

La obra de Alberca puede ser dividida en cuatro apartados: 1) Histopatología del sistema nervioso, 2) Neurología, 3) Psiquiatría y 4) otras publicaciones.

Como histopatólogo y como neurólogo hizo aportaciones importantes a las encefalitis, entre las que destaca Neuroaxitis ectótropa (1943).

Esta gesta fue fruto de una labor con tinuada de generaciones de científicos que conectaron con la ciencia experi mental y positivista de la segunda mitad del siglo XIX y, que con la recuperación de la institucionalización de la ciencia en la Junta para la Ampliación de Estudios, le dieron a la ciencia española de la II República su máximo esplendor.

Cuatro médicos colaboraron como discípulos de Cajal o de Pío del Río Hortega: Luis Calandre Ibáñez en la histología del corazón e introductor de la electrocardiografía en España; Alberca Lorente, estudioso de la histopatología de las enfermedades del cerebro; Luis Valenciano Gayá, discípulo de Rodríguez Lafora, y de Pío del Río Hortega, aunque su dedicación fue enteramente a la psiquiatría; por último Antonio Pedro Rodríguez Pérez que es discípulo del profesor Tello.

La gran aportación de Alberca fue de mostrar que lo básico es la afinidad del virus herpético por el ectodermo, y, en consecuencia, la afectación de la célula nerviosa y la distribución topográfica de las lesiones, dos hechos que permiten una caracterización de todas las encefa litis víricas y una relativa individualización de cada una. Las investigaciones de Al berca permiten deducir que la infección viral del sistema nervioso es un proceso complejo integrado por varios elementos: la infección extraneural, la generalización virásica, la propagación neural y la afinidad por las células nerviosas. En definitiva, Román Alberca fue una de las mayores autoridades de la psiquiatría española de su tiempo, siendo sus conclusiones sobre la distribución y características tipográficas de algunos virus un gran avance.

La obra psiquiátrica de Alberca se caracteriza por su preocupación por el desarrollo de una disciplina basada en la realidad clínica. Esto le permitió elaborar un cuerpo de doctrina al que supo incorporar aportaciones de las distintas orientaciones psiquiátricas, en su época mucho más dispares que ahora. Alberca forma parte de la tradición alemana de Kraepelin, que renovó la Nosología hace más de un siglo.

En 1949 es socio fundador de la Sociedad Española de Neurología, formada por 36 especialistas, participando como uno de los seis delegados españoles en el IV Congreso Internacional de Neurolo gía en París. Posteriormente formó parte de la delegación española en todos los congresos internacionales que se celebraban cada tres años. Esta sociedad estaba formada por neurólogos clínicos y en menor medida por psiquiatras y neurocirujanos.

En 1950, dicta dos lecciones sobre Psicopatología del tiempo/espacio que, junto a un trabajo de 1953, “Las bases del análisis existencial”, constituyendo una de las aportaciones más importantes de este tema en castellano. Alberca ordena la abundante literatura de esa época so bre el tiempo y el espacio en una trilogía: tiempo cronológico, vivido y vivenciado; y espacio cronológico, vivido y corporal, lo que le permitió desarrollar una psico terapia de orientación antropológica. Su interés era no romper la unidad del ser humano, ni reducirlo a uno de sus com ponentes, de ahí la gran preocupación antropológica que transmite. Alberca fue siempre un clínico, así en “Sobre los cuadros finales esquizofrénicos” (1957) se plantea el pronóstico de la enfermedad: “Yo quería saber qué les había pasado a mis enfermos esquizofrénicos, para co nocer qué les puede pasar a los que haya de tratar en el futuro”, y distingue los síndromes residuales que tienen la dignidad de las psicopatías de los estados terminales que tienen la consideración de demencia. En estos últimos, a diferencia de las demencias orgánicas, hay también alteraciones del afecto y de la conducta de un carácter caprichoso, absurdo y en cierto modo abigarrado. Por otra parte, es de los pocos autores que defiende la he terogeneidad de las formas terminales de la esquizofrenia.

En su obra destaca además su análisis de las psicopatías, las de sus implicaciones médicas y legales. Su primera publicación sobre este tema la realiza ya en 1936 con un artículo “Sobre la peligrosidad de los psicópatas. Informe médico/ legal” que se basa en un peritaje sobre un crimen sin motivación de un niño. En 1960 publica, a raíz del caso Jarabo, donde también fue perito, “Las personalidades psicopáticas. Valoración Penal y profilaxis de sus delitos”. En julio de 1958 hubo cuatro asesinatos cometidos con gran frialdad por J. Mª Jarabo, perteneciente a la alta burguesía madrileña. Jarabo fue un año después ajusticiado a garrote vil. Para él estas personas deberían ser tratadas en lugares especiales, “ni cárcel ni manicomio”, mediante una psicoterapia diferente, en lugares especiales donde se adapten progresivamente a la vida en común, pero con elevada vigilancia, ya que la cárcel provoca en ellos la inevitable repetición del delito y el manicomio un aislamiento que tampoco les ayuda a la rehabilitación. Los actuales centros de rehabilitación psiquiátrica reflejan los avances que él planteaba, con el mejor deseo de recuperación de muchos pacientes que antes no tenían esa oportunidad.

El Hospital Psiquiátrico de Murcia lleva hoy su nombre y su hijo, Román Alberca Serrano, ha continuado su senda neurológica.

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