Escribir la biografía de Antonio Luque y Vicens constituye un excelente instrumento de contextualización histórica para entender buena parte los acontecimientos políticos que consolidaron el estado liberal español y que jalonaron el siglo XIX conquense. Reconstruir documentalmente su figura y el entorno en que se desenvolvió y actuó ha sido una tarea nada fácil. Como método de aproximación al pasado, abordar una biografía con rigor entraña no pocas dificultades en tanto que uno no puede, en ocasiones, mantenerse alejado del personaje y caer en una suerte de apología del biografiado sin perder en el intento el rigor histórico. Por eso, la biografía de Antonio Luque y Vicens pretende avanzar más allá de la recuperación de la memoria de este personaje público tan relevante en la cultura política conquense de buena parte del siglo XIX. A pesar del reto que representa esta condensada biografía, hemos de señalar que ha sido un reto por lo fascinante y complejo de buscar, descubrir y dar a conocer datos ignorados de su vida, de su obra y de su quehacer político.
Sobre Luque y Vicens no existe una biografía al uso pero partiendo de las breves aproximaciones biográficas que José Luis Muñoz realiza en su Diccionario de Escritores Conquense de la Editorial Olcades y la escrita por José Sánchez Adel et alii para el Diccionario de personajes ilustres castellonenses, además de algunas otras referencias dispersas, intentaremos tejer los hilos de la controvertida escenografía biográfica de un hombre, Antonio Luque y Vicens, que, como veremos, comprometió su existencia en alguno de los momentos más críticos de la España decimonónica. Con esta reseña biográfica que escribimos para el Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha intentaremos, por tanto, rescatar su “memoria histórica” y profundizar un poco más sobre una de las principales figuras del liberalismo conquense y un nombre harto relevante dentro de las culturas políticas conquenses que, como el de muchos otros de sus contemporáneos, ha quedado olvidado dentro la historiografía local pero cuya trayectoria vital nos puede ayudar a comprender mejor la historia política de buena parte de la segunda mitad del siglo XIX en Cuenca. Sin duda profundizar en la biografía de Antonio Luque y Vicens, como en la de otros personajes conquenses del mismo período, puede resultar no solo útil, sino necesario; por ello, desde estas líneas, hacemos una fundada queja de la falta de biografías de los principales personajes políticos conquenses del siglo XIX.
Antonio Gabriel Juan Luque y Vicens –nombre con el que fue bautizado– nació el 8 de enero de 1819 en Burriana (Castellón) donde cuenta con una calle. Fue hijo de Antonio Luque Robles (ca. 1785-1870), descendiente de los López Luque de Dalias (Almería), y de Vicenta Vicens Batalla (fallecida antes de 1870), natural de Villareal (Castellón). Tuvo Antonio tres hermanas, Vicenta Luque Vicens, casada con Manuel Henao Muñoz, Manuela y Francisca Luque y Vicens. Tras finalizar los estudios primarios y secundarios en su localidad natal, decidió marchar a Lorca (Murcia) para iniciar una fructífera carrera militar. Con el grado de subteniente participa en algunas de las acciones más famosas durante la Primera Guerra Carlista (1833-1840) en el Maestrazgo, uno de los principales escenarios de este conflicto civil. Sánchez Adell (1997) nos dice que fue secretario particular del general Francisco Serrano, extremo que no hemos podido confirmar, aunque sí sabemos que le unía buena relación al “general bonito” y bajo cuyos mandatos Luque y Vicens desempeñará cargos de importancia en la administración, como el de gobernador interino de la provincia de Cuenca y posteriormente, durante la Restauración, los de Jefe de Negociado de Propiedades en Madrid y el de Delegado de Hacienda en Valencia, Burgos y Ciudad Real.
Casado con Manuela Mancheño Ocaña López de Haro Chirino (1830-?), hija de Manuel Joaquín Mancheño Canalejas, oficial de la Administración de Rentas de Cuenca, y de Leandra Ocaña López de Haro Chirino, heredera del mayorazgo de los Chirino conquenses, fueron padres de Emilio Antonio, Francisco, Josefina, Victoriana y Manuel Vicente Luque Mancheño (Cuenca, 1872 – Cullera (Valencia), 1952) el que por muchos años fuera interventor de la Diputación Provincial de Cuenca y presidente del Colegio de Secretarios de los ayuntamientos de la provincia de Cuenca, casado con Juana Rodríguez Gómez, hija del destacado militar en Filipinas y teniente de alcalde del ayuntamiento de Cuenca, el comandante de infantería Bartolomé Rodríguez Amador.
Soldado de la libertad; mártir de todas las persecuciones desde 1843, escritor independiente por oposición, tras un proceso de depuración, la firma de Antonio Luque y Vicens apareció en diversas cabeceras nacionales. Instalado en Madrid lo encontramos como colaborador de El Eco del Comercio y a pesar de estar separado de la Corte, en su “exilio interior” conquense, esto no privó Luque y Vicens de participar de las glorias y los peligros del periodismo, en este caso como corresponsal político de periódicos como El Tribuno, El Observador, El Eco del Comercio, El Pueblo, El Reformador, etcétera. Además, su domicilio conquense era, junto a los de Pedro Mariana y Pedro Vela, uno de los puntos de suscripción de los periódicos progresistas El Voto Nacional, La Europa y Las Cortes.
Como otros muchos hombres del liberalismo progresista, Antonio Luque y Vicens es un prolífico y convencido escritor de ensayos políticos. Debido a su pluma son el Diccionario de delitos, faltas y penas conforme con las reformas hechas al Código Penal (1848) escrito en colaboración con Damián de Sogravo y Craibe (seudónimo de Domingo Saavedra); una Cartilla penal (1852) como resumen del anterior y que Luque y Vicens presentó al Gobierno para que se declarase texto en las escuelas de 1ª Enseñanza. Más interesante, sin duda, nos parece la cuidada y esmerada obra Las Cortes Españolas (Madrid, 1851; Cuenca, 1857), una obra que toda la prensa del momento elogió por lo interesante de su objeto. Publicó Antonio Luque y Vicens un interesante folleto donde desplegó toda su experiencia y doctrina política bajo el título de El pueblo y los partidos (1851) en el que describe con notable verdad la situación particular y represiva en que se encontraban los diferentes bandos políticos de España de la época y también la actitud que el pueblo tenía y debía guardar en lo sucesivo delante de ellos.
Entre los libros notables que empezaron a publicarse durante el interregno periodístico moderado debemos contar con el que lleva por título Narváez, su historia y su porvenir político, escrito por Antonio Luque y Vicens y G. Vidal. Tenía bastante adelantados los trabajos Luque y Vicens pero la circular publicada por la Gaceta de Madrid de 15 de julio de 1850, la cual prevenía que no se podía publicar ninguna biografía sin el permiso escrito del interesado, impidieron a Antonio Luque a continuar en nuestra tarea. Lo que parece claro es que Luque y Vicens había reunido documentos importantes, que retratan el verdadero carácter del que durante muchos años fue el jefe del partido moderado, Ramón María de Narváez.
Bajo el título de Tizón de la Nobleza Española, que dedicó a Felipe II el cardenal Mendoza, realizó una nueva edición, corregida y anotada, Antonio Luque y Vicens en 1849. En la obra, dedicada a las clases populares, Luque hace una crítica a las nuevas familias políticas de la Monarquía. Nosotros queremos ver en esta obra –en extremo curiosa por más de un concepto– una crítica a la “pureza” del liberalismo y, en particular, del progresismo español. La obra fue impugnada críticamente por Manuel Ruiz Crespo en 1854. A la pluma de Antonio Luque y Vicens debemos también La Inquisición. Su pro y su contra: dedicado al señor cura de La Roda (1859) obra en la que Luque y Vicens acusa a los neocatólicos de querer reinstaurar la Inquisición. Ya había tratado Luque y Vicens el asunto de la abolición de la Inquisición en el apéndice de su obra Las Cortes Españolas. Curioso resulta, cuando menos, el interesante libro que publicó Luque y Vicens en Madrid en 1869 bajo el título Plebeyos ilustres. Reseña biográfica de los obreros del progreso. Escrito en Arcos de la Sierra (Cuenca), la obra forma un volumen de 296 páginas que encierran 250 reseñas biográficas de otros tantos jornaleros y artesanos que llegaron a ser eminentes y célebres en distintos países. La obra se publicó en formato de folletón en las páginas de La Independencia Española. También colabora Luque y Vicens en algunas obras como el Diccionario de Madoz (1846-1850) y Los Borbones ante la Revolución (1869), de su hermano político Manuel Henao Muñoz.
Sus primeras experiencias políticas y su separación de la carrera militar tendrán lugar en la década de los cuarenta del siglo XIX. En esta época comienza sus inicios políticos de la mano del “partido del progreso” y a las ideas del progreso dedicará gran parte de su vida. Antonio Luque y Vicens es uno de los muchos progresistas españoles que forjaron su credo político en continua lucha contra los obstáculos que suponía el absolutismo en la construcción del Estado burgués en los contextos revolucionarios de 1843, 1846, 1848, 1854 y 1868. El papel que desempeñó en estos procesos y que ha quedado relegado al olvido de nuestra historia más cercana, la local, intentaremos desentrañarlo en estas líneas.
En las borrascas políticas de 1843 fue Luque y Vicens víctima de la represión moderada. Hecho preso por orden del general Narváez en 10 de diciembre de 1843 su liberación se la deberá al general Francisco Serrano. En diciembre de 1844 se encontraba Luque y Vicens en Lisboa, puerto desde el que iba a embarcarse camino a Inglaterra un paquete de presos antiesparteristas. Luque y Vicens, ayudante del ex general Martín José de Iriarte, nunca llegó a embarcar a causa de hallarse enfermo, concediéndosele permiso para seguir permaneciendo en Portugal. Tras este episodio Antonio Luque pide la separación del servicio (licencia absoluta) como teniente habilitado del batallón provincial de Málaga. Se separaba así de las fatigas del servicio de las armas para arrojarse en el mar de las conspiraciones progresistas, donde pudo ahogarse, aunque a decir verdad desapareció entre el oleaje periodístico de la mano de su amigo Pedro Calvo Asensio. Años más tarde, estos dos mismos personajes forman parte de una interesante relación de emigrados españoles que marcharon para Viana do Castelo (Portugal) a consecuencia de los sucesos ocurridos en la Capitanía General de Galicia con motivo del Levantamiento de Solís: la Revolución Liberal Gallega de 1846 que buscó el derribo del edificio estatal que construía el liberalismo conservador en España.
Antonio Luque y Vicens es también uno de los muchos progresistas que participa en algunos de los focos insurreccionales del “48 español”. Entre los documentos policiales sobre estos sucesos encontramos una información firmada por José Enciso, Jefe Superior de Policía, en la que se comprende a varias personas retenidas para ser conducidas a donde el Gobierno resolviese. El nombre de Antonio Luque y Vicens figuraba en ella al encontrarse nuestro biografiado en comunicación con los conspiradores de Badajoz y Cáceres, a quienes se dirigía bajo el nombre de “Mario”. Por las “ocurrencias del 48” muchos opositores al gobierno moderado fueron detenidos, encarcelados y desterrados a provincias limítrofes a Madrid o enviados en largas cuerdas de presos a los principales puertos del país para ser enviados a Ultramar, principalmente a Filipinas. Así, en la mañana del 20 de agosto de 1848 fueron aprehendidos en Madrid por el gobierno de Narváez el joven escritor Antonio Luque y Vicens, el intendente cesante Ramón Foncellas y el propietario Joaquín González Costa. Igual suerte cupo a otros cuarenta anónimos progresistas. En septiembre de 1848 contamos a Luque y Vicens en una cuerda de doscientos presos, la mitad por causas políticas, que fueron conducidos con destino al puerto de Cádiz con objeto de ser deportados a Filipinas. Acompañaban a nuestro biografiado en su desgraciada suerte, Pedro Beroqui Josué, Juan Salazar y N. Acosta y González. En La Carolina (Jaén) fue puesto en libertad Luque y Vicens gracias a una señora y al político moderado granadino Manuel Seijas Lozano, algo que Luque no olvidara jamás pues a Seijas Lozano dedica Luque y Vicens su famosa obra Las Cortes Españolas, volviendo a Madrid para seguir su camino político y periodístico. En este contexto revolucionario de la década de 1840, por tanto, forjará Antonio Luque y Vicens buena parte de su identidad política.
Cuando llegó la Ley de Amnistía (8-6-1849) para los perseguidos políticos, la represión del gobierno moderado contra los revolucionarios había sido considerable. Satisfecho de su conducta política un Antonio Luque y Vicens, socio de la Tertulia progresista 18 de junio, eleva su voz a través de las columnas de El Eco del Comercio (1847) en favor y obsequio de las víctimas políticas del intransigente general Narváez. En un remitido, celebra el término de la expatriación de Salustiano Olózaga y aprovecha la ocasión para pedir también por sus antiguos jefes y compañeros que aún sufrían en el extranjero el oscilante péndulo del exilio.
Inseguro en su humilde vivienda madrileña, buscado y vigilado constantemente por la policía del célebre “Chico” resolvió Antonio Luque trasladarse a Cuenca en marzo de 1849, huyendo de la persecución del partido moderado, y de su más que segura deportación a Filipinas –junto a sus malogrados amigos Beroqui, Foncillas, Costa González, Salazar y algunos otros de la que salvó en el último momento–. En Cuenca se instaló Luque y Vicens e identificó sus intereses, fundando el patrimonio de sus hijos con los bienes de su mujer –de familia muy antigua y liberal de Cuenca: los Mancheño–, y en donde se le proporcionó entrada como tenedor de libros en la casa del abogado y propietario Ambrosio Yáñiz Asensio, comisionado en Cuenca de la sociedad La Aurora de España. A su llegada, y en los primeros meses de su estancia en Cuenca, observó Luque y Vicens que la política estaba muerta; que aquí no habían alcanzado las listas de proscripción y que podía vivir libremente en esta ciudad, de lo cual se holgó mucho, porque ya iba necesitando descanso su alma ante tanto tropiezo. Pero un día fue buscado Luque y Vicens de su ignorado rincón en la ciudad de cáliz y la estrella por Tomás Torres, uno de los corresponsales de El Clamor Público en Cuenca, pidiéndole éste le acompañase al juicio de conciliación a que era citado por el canónigo Batanero por un escrito político, donde Muñoz “calumniaba” e “injuriaba” al canónigo Batanero.
Durante la década moderada encontramos a Luque y Vicens como uno de los integrantes de la comisión progresista encargada de preparar las elecciones de 1851. Esta Junta Provincial Provisional de Cuenca dirige a sus correligionarios una interesante alocución redactada por Antonio Luque, uno de sus secretarios, en la que se insta a la reorganización del progresismo frente al huracán reaccionario (20-4-1851). Obrando de acuerdo a la legalidad, estos progresistas –y atendiendo a las recomendaciones del ilustre general Espartero– recomiendan la candidatura del general Manuel Crespo, compañero de armas en América y la Península del Duque de la Victoria. Por una carta que Pedro Oller Cánovas dirige a este comité progresista de Cuenca, sabemos que Luque y Vicens había designado su nombre como candidato por el distrito electoral de Huete contra el ministerial Remisa.
En nuestra ciudad, al igual que en el resto de España, la organización del partido progresista contaba con una red de juntas de distrito, dependientes del comité nacional, que tuvieron gran autonomía en la selección de candidatos mediante elecciones primarias. El siguiente paso era fundar un periódico que fuese órgano del partido progresista en Cuenca a través del cual difundir su programa político y denunciar las irregularidades cometidas por los moderados. Así, en Cuenca, el 2 de noviembre de 1851 aparece El Eco de la Razón, periódico algo más afortunado que sus antecesores, pero muerto por disensiones locales y rivalidades de partido. En él publicaban con su firma Antonio Luque y Vicens, su director, y estaba redactado por Ballesteros, Fuentes, Priego, Torres Mena. Contaba Antonio Luque con una empresa respetable para fundar un nuevo periódico en Cuenca pero el estado de la provincia en 1854 no se prestaba a su realización a pesar de que en la provincia existía un partido liberal de oposición. En 1855 ve la luz pública el bisemanario, impreso en los talleres de Gómez, El Reformador Conquense. De este periódico político independiente será Luque y Vicens uno de sus redactores junto a Severo Catalina y otros. El propietario y director no era otro que León Cappa Béjar, singular personaje melillense vinculado al ferrocarril y a la industria minera y figura capital dentro del moderantismo conquense desde su llegada a la ciudad en 1843 como administrador de Bienes Nacionales, ciudad de la que llegará a ser alcalde-corregidor y a la que estaba vinculada su mujer, Josefa Ayllón, con quien había contraído matrimonio en Madrid en 1837.
En 1853, cuando murió Mendizábal, se abrió una suscripción popular, publicitada en la prensa, con objeto de levantar un monumento público para honrar las cenizas de los padres fundadores de esta corriente liberal llamada progresismo. Con motivo de esta suscripción popular aparece en prensa, en febrero de 1854, una larga e interesante lista de habitantes de Cuenca donando su aportación para honrar la memoria de estos ilustres patricios. El encargado de recaudarla en Cuenca no fue otro que Antonio Luque y Vicens, corresponsal de El Tribuno. En total, la aportación sumó 2.449 reales que fueron entregados al representante del Banco de San Fernando en la capital. En la misma, queda constancia de que Luque y Vicens era socio de la Tertulia del 18 de junio, un espacio de reunión progresista inspirado por su amigo y correligionario Pedro Beroqui. La lista, como decimos, es interesantísima y en ella encontramos a figuras de relieve del progresismo conquense como Juan López Pelegrín (que hace un nada despreciable donativo de 200 reales), los Aguirre (Andrés, Lucas, Miguel y Victorio) o Juan de la Cruz Jiménez entre otros. Aparece también Luque y Vicens en la lista de la suscripción patriótica para socorrer a las desgraciadas familias de los mártires de la libertad sacrificados en 26 de marzo y 7 de mayo de 1848. Corría el año 1855 y parecía justo, como ciudadano que ama a su patria, tributar un recuerdo a los héroes que dieron su vida por la libertad de las naciones en la primavera de los pueblos.
La imposibilidad de acceso al poder de los progresistas, a pesar de las “renuncias ideológicas” de 1851, obligó a la revolución de julio de 1854. Encabezada por militares, esta verdadera regeneración nacional, contó con la implicación de la mayor parte de fuerzas políticas y grupos sociales del país. Cuenca no permaneció pasiva ante la La Vicalvarada y, aunque coyuntural, el pronunciamiento militar arrastra su apoyo hasta nuestra ciudad. Encabezada en el orden político por un partido tan inconexo como la Unión Liberal, a este nuevo partido se unirá Antonio Luque y Vicens. Llamado por su antiguo compañero de batallas, el coronel Buceta, formará parte de la Junta Provincial Provisional de Gobierno, como secretario, junto a otros destacados de la burguesía liberal de la provincia de Cuenca. Será él quien, en tono grandilocuente, redacte la proclama de la Junta publicada en la Gaceta de Madrid. Restablecida la Diputación Provincial de 1843, se nombró a Luque y Vicens como secretario. Dos años ejerció, desde el 20 de agosto de 1854 al 23 de agosto de 1856, en los que redacto nuestro biografiado 6719 acuerdos en actas. Días antes, el 4 de agosto de 1854, Antonio Luque y Vicens es elegido capitán de cazadores de la Milicia Nacional de Cuenca por los muchos servicios prestados a la libertad y a la revolución de julio de 1854 siendo obsequiado esa misma noche con una brillante serenata. Como secretario de la corporación provincial, Luque y Vicens siempre estuvo por el progreso de Cuenca. En este sentido redacta un interesante proyecto de camino transversal desde la ciudad de Cuenca al ferrocarril del Mediterráneo.
Finalizada la década moderada consumada con la Revolución de 1854, a Espartero le urgía la necesidad de formar gobierno y propone a la reina unas nuevas elecciones a Asamblea Constituyente en las que el general y el partido progresista dirigirán la política nacional. Entre los electores a la Asamblea Constituyente vemos a Antonio Luque y Vicens. Ello se debe a que en septiembre de 1854 presentan los electores de Motilla del Palancar a un joven Luque y Vicens como candidato a Cortes. Reunía Antonio Luque los principios liberales, la ilustración y las altas prendas que le hacían acreedor de tan señalada honra. Sin embargo, en diciembre de ese mismo año, en una carta dirigida a sus electores, hace una desinteresada renuncia de sus votos en favor del ilustre general Martín José de Iriarte. Este noble acto lo motivó el que Francisco de Santa Cruz, habiendo sido enviado a Cortes por las provincias de Cuenca y de Teruel, finalmente optó por esta última. Ese vacío que dejaba Santa Cruz en la Asamblea Constituyente había que llenarlo. Pide Luque y Vicens a sus amigos políticos que en lugar suyo debería ver en la candidatura progresista a Martín José de Iriarte, el ilustre general que ofreció su espada a la revolución desde que la revolución fue una necesidad
No se salvó la provincia de Cuenca de la terrible epidemia de cólera que asoló buena parte de nuestro país en 1855. Mira fue uno de los pueblos donde más cruenta fue esta invasión. A consecuencia de esta desgracia se dirigieron allí los señores Pedro Celestino de Argüelles, gobernador civil, y Antonio Luque y Vicens, secretario de la Diputación Provincial. Estuvieron acompañados por Manuel Henao Muñoz. Allí, en pleno verano, tuvieron la fortuna de prestar algunos servicios de importancia, atajando los progresos de la epidemia y llevando a los habitantes de Mira el consuelo en medio de su terrible desgracia.
A consecuencia de esta epidemia un grupo de ciudadanos conquenses dirige al gobernador civil de la provincia, en agosto de 1855, una sentida exposición en la que se ofrecen para visitar a los enfermos de la ciudad, llevarles el auxilio de las medicinas, cuidarles en cuanto sea preciso y alentar el espíritu abatido de las familias. Se ofrecieron también para llevar al cementerio a los muertos por esta desgracia, cumpliendo así con este religioso precepto. Estos conquenses prestos a socorrer a los paisanos afligidos en tan fatales circunstancias no fueron otros que Ramón Garea, secretario del gobierno civil; Antonio Luque y Vicens, secretario de la Diputación; Manuel Henao Muñoz, Vicente Romero Girón, Ramón Bascuñana, Calixto Giménez, Ricardo García, Miguel Aguirre, Manuel Antonio Sainz, Nicolás Zanón Herrero, Rafael García, José Martínez, subinspector de la Milicia Nacional; Enrique de Gálvez y Lara, teniente coronel de reemplazo; Ramón de la Mata, promotor fiscal del Juzgado; y Cayetano Solano, segundo comandante de la reserva. El Gobierno y la Junta de Sanidad aceptaron con gusto este ofrecimiento, y los enfermos y menesterosos recibieron los servicios que les prestaron los firmantes -personas respetables e influyentes de la ciudad- que llenaron las listas de suscripción con cantidades considerables.
El gobierno largo de O’Donnell (1858-1863) supone un verdadero anticipo del sistema de la Restauración española. Es un periodo de conciliación política apadrinada por la Unión Liberal. A la ya creciente división del progresismo iniciada en 1837 y aumentada en 1843 se unía una nueva en la figura de los “resellados”, que comenzaron a llamarse “progresistas constitucionales”. Y en ese universo resellado de consideración del unionismo como coalición, encontramos a Antonio Luque y Vicens, defensor del progreso legal, la unión y de una política conciliadora y tolerante frente al exclusivismo e intolerancia que llevó a muchos moderados y progresistas a los calabozos e incluso al destierro. Antonio Luque se había declarado y como unionista apoyó la candidatura por Cuenca de Joaquín Fontán en las elecciones de 1863 cuando mal aconsejado se empeñó en luchar en aquel distrito con Fuente Alcázar. Predijo Luque y Vicens la derrota de Fontán y la derrota en toda la provincia de los liberales de orden. En las elecciones de 1865, desde la Unión Liberal, a propuesta de Luque y Vicens, algunos electores conquenses tuvieron el suficiente valor para votar contra el candidato ministerial Severo Catalina del Amo, al unionista José María Pérez Caballero.
En 1º de agosto de 1865 Antonio Luque y Vicens va a ser nombrado presidente del Consejo Provincial de Cuenca, del que era consejero desde 1862 y del que, todo hay que decirlo, renunció cuando la Unión Liberal dejo el poder. El nombramiento parece que fue bien recibido por el partido en que militaba Luque y Vicens y donde debía de gozar de cierta influencia. Acompañaron a Luque y Vicens como consejeros provinciales, Marcelino Roldán y Lorenzo Añover como vocales, y Natalio Girón Falcón y Cayetano Grande como supernumerarios. En 1868 la prensa católica nos da cuenta de la formación de la Asociación de Beneficencia Domiciliaria fundada en Cuenca en marzo de 1868. Se proponía esta institución extinguir la mendicidad de la capital, y con el tiempo de la provincia y en la diócesis, además de socorrer a los necesitados inválidos e instruirlos cristianamente, moralizarlos y acostumbrarlos al trabajo. El gobierno de esta asociación estaba presidido por el obispo Miguel Payá y Rico y contaba el cargo de secretario con Antonio Luque y Vicens.
La coalición revolucionaria que destronó a Isabel II en septiembre de 1868 es la última ocasión en que la burguesía protagoniza un movimiento revolucionario. Al grito de ¡España con honra! se sumó la burguesía conquense formando la Junta interina de Gobierno de 30 de septiembre de 1868. El dominio de los progresistas era absoluto en dicha Junta. En ella figurará Antonio Luque y Vicens como unionista. Por entonces vivía nuestro biografiado en Madrid, en la calle Hileras nº 8 (cuarto 2º, derecha) y era redactor de La Independencia Española que dirigía su cuñado Manuel Henao Muñoz. Entró Luque y Vicens en la Junta obedeciendo al movimiento de conciliación, y aunque nada hizo en ella que no fuese para conciliar y calmar las pasiones, algunos miembros despertaron el fanatismo de partido democrático-progresista para que Luque y Vicens no fuera al Congreso.
En las elecciones a Cortes Constituyentes de 1869 se presentó Luque y Vicens en la candidatura de la coalición monárquico-católica frente a los monárquico-liberales y los republicanos. Hemos de señalar que desde determinado espectro ideológico de la prensa nacional y local se venía pregonando a bombo y platillo que en la provincia de Cuenca tenían grandes posibilidades de triunfo Luque y Vicens, Romero Girón, Vallespinos, Tejada y Henao Muñoz. La candidatura defensora de la monarquía constitucional y de la unidad católica formada por el gobernador civil y el obispo de la diócesis estuvo integrada por el canónigo Lectoral Juan María Valero Nacarino, el conde de San Luis, el marqués de Guadalest, Modesto Gosálvez Barceló y, como decimos, por Antonio Luque y Vicens. Dio el gobernador civil de Cuenca preferencia a la candidatura de Luque y Vicens sobre la de Gosálvez en esta mixtificación de candidatos ministeriales y de oposición. Previamente, en esta candidatura, el gobernador, sin saber por qué, apadrinó y pretendió sacar a flote con ayuda de Luque y Vicens a otro candidato, más digno quizás, pero que no tenía base en la provincia: Antonio Romero Ortiz, nombre que Antonio Luque estimaba en mucho. Finalmente, el propio Romero Ortiz no creyó conveniente unir su nombre en una candidatura junto al canónigo Lectoral de Cuenca, retirando su candidatura por Cuenca.
Ahora bien, hemos de señalar que Antonio Luque nunca asistió a la conferencia que supone entre el gobernador y el obispo para formalizar con insistencia esa candidatura de conjunción. Actuó como candidato independiente, sin compromisos con nadie y tras un acalorado enfrentamiento con el comité, fue al palenque político frente a la candidatura, que titularon de conciliación, encabezada por el unionista Fuente Alcázar y el demócrata Romero Girón. No obstante, Luque y Vicens, debió aceptar los votos de todos aquellos electores de la provincia que quisieron favorecerle, aunque fueran contrarios a su opinión política y al partido en que militaban. Anunciada su candidatura, los pueblos y los hombres independientes respondieron a sus esperanzas con la nada despreciable cifra de 19.127 votos frente a la victoria incontestable que logró la oposición de los tres partidos coaligados de frente (progresistas, unionistas y demócratas). Una victoria moral de un Luque y Vicens que, directa o indirectamente, había triunfado en dos elecciones: las primeras derrotando a Fermín Caballero en lucha con el general Iriarte, a quien cedió sus votos; y la segunda, haciendo triunfar al mismo Fermín Caballero en contra del candidato ministerial, Severo Catalina. Tras estos comicios y habiendo aceptado Vicente Romero Girón un cargo público y el general Latorre el de gobernador y capitán general de las Filipinas, la provincia de Cuenca procedió a votar dos diputados. Por la prensa sabemos que los amigos políticos del general Latorre habían ofrecido su vacante a Antonio Luque y Vicens. Nuevamente querían algunos electores conquenses llevar al Luque y Vicens a la Asamblea aunque éste no aceptó cediendo el puesto a su hermano político: Manuel Henao Muñoz, director de La Independencia Española. No debió de gustar a José Torres Mena la recomendación de Luque y Vicens para con Manuel Henao Muñoz, acusando en la prensa a estos dos de intentar construir un feudo político en Cuenca.
En el año 1869 encontramos a Luque y Vicens como uno de los directores de los periódicos liberales –La Independencia Española– que concibieron y realizaron una visita de consideración y aprecio al Regente del Reino, Francisco Serrano, duque de la Torre. Se encontraba el abnegado general liberal en su residencia veraniega de La Granja de San Ildefonso. El motivo de la visita no fue otro que recomendar al ilustre general la necesidad y urgencia de elegir un rey que fuera la expresión de la mayoría de la Cámara Constituyente y que viniera a consolidar las conquistas de la Revolución septembrina.
Ese mismo año Antonio Luque y Vicens se aparta de La Independencia Española que tanto había ilustrado con sus conocimientos. En él era redactor jefe y durante el mes de agosto de 1869 se había hecho cargo de su dirección al encontrarse Manuel Henao y Muñoz tomando baños de mar. Apreciaciones políticas obligaron a Luque y Vicens a tomar esta determinación. En un extenso y luminoso comunicado, este consecuente liberal, funda su separación de la redacción de La Independencia Española el haber abandonado los progresistas su denominación para confundirse con los demócratas y el haberse hecho, súbitamente, genovistas algunos de sus más importantes colaboradores. Antonio Luque que militaba bajo la bandera del progreso, siempre poseído de un espíritu conciliador y patriótico, no podía prestarse a seguir lo que parecía una conducta de exclusivismo que él conceptuaba como perjudicial a la causa de la revolución que siempre había defendido. Efectivamente, rota la conciliación de los partidos, se volvió Luque y Vicens a sus tiendas con la Unión Liberal. Pensaba nuestro biografiado que “los hombres de gobierno deben librarse de los desórdenes del radicalismo, y si alguno equivocadamente hiciera una conversión hacia el nuevo partido radical, habría pronto de arrepentirse, porque no es posible que el radicalismo sea poder sin la forma republicana”. No fue aislado el caso de Luque y Vicens. Muchos fueron los periodistas que o bien vacilaron o se separaron de las redacciones de otros periódicos. No obstante, La Independencia Española, siempre progresista, se honró con defender el verdadero credo progresista de la Constitución de 1869, como base de la regeneración política, social y económica del país.
El Eco de Cuenca –un periódico que alimentó algunos años de su primera época Antonio Luque y Vicens– por medio de su director, Francisco Almazán Briceño, antiguo amigo y correligionario de Luque y Vicens, en su número 371 se ocupa de este asunto de nuestro biografiado que por estos días llevaba ocho días en cama enfermo de alguna gravedad. Ha quedado claro que Antonio Luque, siendo progresista o unionista, siempre probó su desinterés, su patriotismo y su independencia. Bien es cierto que siendo menor que el que mostró en 1843 o 1848 cuando sufrió las persecuciones del general Narváez. Y todo a cuenta de viejas rencillas políticas entre Luque y Vicens y Francisco Almazán que venían del Bienio Progresista con motivo de los cargos públicos que ocupó el primero durante este período. Aunque no es menos cierto que estas se vieron agravadas desde que tuvieron lugar las escenas electorales de 1869. Acusaba Almazán a Luque y Vicens de haber habido dificultades en su nombramiento, de haber sido remunerado con el sueldo de plantilla de 12000 reales –algo que parece lógico– y por no haber renunciado a sus cargos al advenimiento de los moderados e incluso se le acusa de corrupción.
No era desconocida para Almazán Briceño la historia política de Luque y Vicens; historia que desde los números 371 y 373 de El Eco de Cuenca se intentó mancillar. En parte, creemos, que faltaban a la verdad los redactores de El Eco, haciendo pasar a Luque y Vicens por uno de esos farsantes políticos que tanto merodearon en el campo del progreso. Lo que está claro, es que con motivo de este pugilato periodístico salieron a la luz las miserias personales de Luque y Vicens y de un Francisco Almazán que se empeñó en hacer del órgano de la Calle del Agua un arma personalidades rivales y de divisiones enconadas con buena parte del progresismo conquense. Francisco Almazán había sido desde 1849 compañero de partido de Antonio Luque y también subordinado suyo en la secretaría provincial donde Almazán era oficial 3º. Quizá andaba todavía resentido Almazán por haber sido antepuestos a él en la oficialidad de la secretaria provincial Tomás Torres y Luis Mediamarca. Algo en lo que Luque y Vicens ni pinchaba ni cortaba. Olvidaba también Almazán que Luque y Vicens siempre respondió por él en sus frecuentes males estomacales, haciéndole llegar, incluso, con el portero de la Diputación su paga mensual. Y olvida Almazán que él nunca llegó a presentar su dimisión, por escrito o confidencial, como oficial de la secretaría provincial a la caída del Bienio Progresista.
Un Francisco Almazán que, por otra parte, siempre anduvo conspirando y dando consejos de dureza a Luque Vicens para que llegase a la superioridad o jefatura del partido progresista de Cuenca. A falta de un análisis más exhaustivo sobre esta polémica sí que vemos en las páginas de El Eco como sus redactores se dedicaron a repartir filiaciones progresistas y a excomulgar a cualquiera que no comulgase con su credo periodístico. Tal es el caso de Manuel Moreno Abadía. Ya hemos visto como los inicios del partido progresista en la provincia no fueron nada fáciles. No nació en ella rodeado de cánticos de gloria, sino que cruzó períodos difíciles de organización y soledad en los que tanto uno como otro tuvieron un papel capital. Sea como fuera, el hecho es que desde las páginas del diario conquense, en diferentes fechas, se dio cabida, con un claro objeto político, a escritos que alteraban la verdadera y triste historia política de Antonio Luque y Vicens. Excitaba mucha envidia entre los progresistas conquenses la figura de Luque y Vicens. Una envidia, por otra parte, que nos parece exigua y limitada a un pequeño grupo de ex correligionarios encabezados por Francisco Almazán Briceño y por Isidoro Arribas Carretero. Lo que parece claro es que si Luque y Vicens no hubiera valido no le hubiesen tirado tanto desde El Eco de Cuenca.
Seguirá el periódico radical El Eco de Cuenca ocupándose del buen nombre político de Antonio Luque y Vicens. En este caso con motivo de su dimisión del cargo de Jefe de Negociado de Hacienda en junio de 1872. Pronosticaban los redactores del periódico conquense que de nuevo se retiraba Luque y Vicens a la vida privada, no sabemos si en Cuenca o en Arcos de la Sierra, “para escribir algún nuevo periódico de interés electoral para dar muestra de su desinteresada actividad”. Lo cierto es que Luque y Vicens dio una nueva muestra de su dignidad y de su consecuencia política, desoyendo la voz de su interés y dejando un cargo donde habría continuado si hubiera sido como algunos amigos y allegados del órgano de la calle del Agua.
En 1870, bajo la dirección de Luque y Vicens, ve la luz en Cuenca el semanario político La Ley. Tan ilustrada publicación estuvo dedicada a defender los intereses materiales y políticos de la provincia de Cuenca. Por noticias indirectas, desde las páginas del periódico La Ley se adhiere Antonio Luque y Vicens al fallo de la soberanía nacional, acatando la elección de Amadeo de Saboya como rey de España (1870). Desde las páginas del unionista La Ley, Antonio Luque había sostenido la candidatura del duque de Montpensier. Como liberal de orden, como buen ciudadano y como periodista honrado e independiente y sin pasión, acató la decisión y defendió el fallo de la Asamblea Constituyente. Las palabras de Luque y Vicens dejan bien a la clara su ardiente patriotismo. Había sido lícito, hasta la elección de Amadeo, juzgar a los candidatos al trono según lo que cada ciudadano creía conveniente pero desde el día en que fue elegido el de Saboya no había otra más que acatar el fallo de la soberanía nacional y aclamar al rey.
En sesión de 24 de febrero de 1871 podemos ver a Luque y Vicens como vocal de la Comisión provincial que presidía Pedro María Valdés y en la que le acompañaron Balbino Egido, José María Garrido, Ramón Jiménez Frías, Victoriano López Pelegrín, quienes al presentarse en la sesión que debía constituir la comisión provincial manifestaron que al aceptar tan distinguido cargo, renunciaban en favor de la provincia la indemnización que la ley les concedía. Ese mismo mes se habían celebrado elecciones en la provincia de Cuenca dando un resultado completamente satisfactorio para el partido monárquico-liberal pues sus candidatos triunfaron casi por mayoría. Veamos. Luque y Vicens será electo por los distritos de Priego y Cuevas de Velasco; Francisco Orillana por el de Tarancón; en Cuenca Ramón Mochales y en el de Mota del Cuervo Pablo Sandoval; todos ellos liberales de orden y de arraigo. Con este motivo publicó en La Ley una alocución en la cual Antonio Luque da las gracias a sus electores y expone las bases de su conducta futura en la Diputación Provincial, ajustada a los buenos principios administrativos que siempre fueron credo del partido liberal.
Corría el mes de febrero de 1872 cuando, Amadeo de Saboya, atendiendo a los servicios prestados en la administración pública, nombra jefe honorario de la administración civil a Antonio Luque y Vicens. Era entonces Luque diputado provincial e individuo de la comisión permanente. No podía ser más merecida esta distinción. El año 1872, al igual que el de 1871, fue un año caracterizado por un progresivo deterioro de la vida política y parlamentaria. Bajo el gabinete del general Serrano ocupó Antonio Luque y Vicens el puesto de Jefe de Negociado de la Dirección General de Propiedades. Conocía bien el general bonito a Luque Vicens, al que había tenido a su mando y había confiado ser su secretario personal. Cargo de Jefe de Negociado del que presentó su dimisión en junio de 1872 por no estar conforme con la estrategia reformista y de modernización del partido radical y, por ende, con la política de Manuel Ruiz Zorrilla. Antonio Luque y Vicens, unionista, congeniaba por entonces con los progresistas moderados de Sagasta, escindidos del Partido Radical de Ruiz Zorrilla tras el asesinato de Juan Prim, que se fusionaron luego con los unionistas para crear, en febrero de 1872, el Partido Constitucional. En julio de 1874, bajo el gobierno de Juan Zavala de la Puente vuelve Antonio Luque y Vicens a ser Jefe de la Sección de Propiedades en Madrid.
Tardaron bastante los constitucionales de Cuenca en formar su comité provincial de cara a organizar el partido. Lento y complejo resultó el ensamblaje de antiguos progresistas conservadores y unionistas conquenses en esta nueva formación. El núcleo principal del partido figuraron los mayores compradores de bienes desamortizados, especuladores y prestamistas de la provincia como Ramón Mochales, Valentín Pérez Montero, Manuel Moreno Abadía, Marcelino Roldán, Juan Francisco Herraiz, Antonio Luque y Vicens y otros muchos. Todos ellos principales voces de alarma por el “orden social” amenazado por la “anarquía” republicana y por las, a su juicio, peligrosas derivaciones de la doctrina de los derechos naturales legislables sostenida por los radicales (Higueras: 2014). El acta de constitución del partido constitucional de Cuenca es un interesante documento, creemos redactado por Luque y Vicens que, a la sazón era el presidente del comité constitucional de Villar del Horno. Este mismo partido constitucional es el que, a fines de noviembre, se adhiere a Sagasta, Martín Herrera, Romero Robledo y felicite al primero por su famoso discurso del 14 de julio de 1879.
Como tantas otras cosas, la constitución de la comisión de la asociación internacional de la Cruz Roja llegó tarde a Cuenca. Habrá que esperar hasta noviembre de 1873 para que esta humanitaria asociación vea la luz en Cuenca. En la primera reunión se acordó el establecimiento de cuatro hospitales de sangre que costearon los individuos de la comisión, conscientes, por tanto, de los escasos recursos con que contaban las instituciones locales. A saber: Presidente, el Ilmo. Sr. Obispo de la diócesis. Vicepresidente 1º y verdadero impulsor de ella, el Ilmo. Sr. D. César Ordax Avecilla. Vicepresidente 2º Antonio Luque Vicens. Vicepresidente 3º Manuel Llantada. Vicepresidente 4º Emilio Contreras. Secretario: Joaquín María Girón. Vicesecretarios: Alfonso Ordax Avecilla y Fermín Gutiérrez. Contador: Juan Bautista Nebot. Depositario de fondos: Pedro Manuel Soriano. Inspector: Ramón Escribano. Director almacén: Juan Guerrero. No sabemos si esta Asociación Internacional de Socorros intervino en los socorros a los heridos en al asalto a la ciudad de Cuenca en 15 de julio de 1874 como si había hecho en su bautismo de sangre: la batalla de Oroquieta de 1872 en el contexto de la Tercera Guerra Carlista.
Identificado plenamente con la nueva situación política del país, Antonio Luque y Vicens adquirirá un protagonismo casi principal durante la Restauración. En 1875 es vocal de la Junta de Beneficencia y Sanidad de Cuenca junto a Rafael Martínez Unda, Mariano Sánchez Almonacid, Victoriano López Pelegrín, Juan Francisco Herraiz, Hilario Lozano, Antonio Aguado, Valentín Pérez Montero y Ambrosio Alegría. Cargo que ostentará hasta 1876. Ese mismo año, por mandato del Ministro de Fomento, Francisco Queipo de Llano, VIII conde Toreno, es nombrado, junto a Sixto Martínez de Rozas, para el cargo de comisario de Agricultura, Industria y Comercio de la provincia de Cuenca, de la que serán relevados en diciembre del mismo en favor de Mariano Sanz y Ramón Collada. A fines de 1879 es nombrado Luque y Vicens vocal de la Junta de Instrucción Pública de Cuenca en compañía de Mariano Sánchez Almonacid.
En las elecciones de 1877 tomo parte Luque y Vicens en la lucha electoral que libraron en el distrito de Cañete José Echagaray y Gil Roger Duval. Junto a los diputados provinciales adictos al Gobierno (Calvo, Marcelino Roldán, Andrés Marín) prestó su apoyo e hizo campaña por Gil Roger. Desplegaron los constitucionales todas sus armas a través de Luque y Vicens, importante funcionario del gobierno, y de los alcaldes del distrito para conseguir el triunfo del rico concesionario del ferrocarril Cuenca-Valencia merced a sus contactos políticos cerca del general Prim. Enfrente de estos se puso Vicente Romero Girón, que ya había representado al distrito de Cañete donde le acompañó otro ex diputado: el ingeniero, natural de Torrubia del Campo, Alonso Grimaldi para favorecer la elección de Echegaray como diputado por Cañete. El que Antonio Luque y Vicens apoyara al rico industrial de Chelva no nos extraña, pues ambos, tras el asesinato del general Prim, terminaron integrándose en las filas del Partido Constitucional de Sagasta. Y ambos habían apoyado la candidatura en Cuenca para diputado a Cortes del Ministro de Gracia y Justicia durante el Gobierno Provisional del Sexenio Democrático, Antonio Romero Ortiz. A Echegaray lo apoyaron algunos constitucionales como Moreno Abadía y Escamilla Aguilar reforzados por el diputado provincial Juan Francisco Herraiz, más tarde jefe de los canovistas/alfonsinos de Cuenca. El que estos dos antiguos unionistas apoyaran la candidatura de Echegaray por Cañete se debe a un conflicto de intereses por la explotación maderera de la Serranía de Cuenca, clave en el devenir político conquense. Lo que pasó durante las elecciones en el referido distrito de Cañete es un episodio más de la larga trama caciquil en la provincia de Cuenca. Una provincia donde el sufragio era constantemente befado y violentado. A pesar de las simpatías con que parecía gozar Gil Roger en el distrito, finalmente será designado el ilustre José Echegaray como diputado por esta circunscripción merced a los 4351votos de un total de 6654 frente a los 2125 obtenidos por Gil Roger. Un año después, y en ese mismo distrito electoral, encontramos a Luque y Vicens apoyando a Isidoro Zapata, respetable individuo del partido constitucional en Cuenca, en las elecciones a diputados provinciales. Debió de surtir de efecto el apoyo de Luque y Vicens pues Isidoro Zapata ganó sin lucha en el distrito de Cañete.
En este punto de la biografía nos queremos detener y extender un poco en un asunto, cuando menos, curioso. Por las páginas de la prensa liberal de la época sabemos de una interesante iniciativa de Antonio Luque y Vicens: la concepción de una Institución Agrícola para Huérfanos en Cuenca en forma de Casa de Labor. La idea partió de una parte de la Diputación de Cuenca en el año 1876. Encabezada por Luque y Vicens, verdadero iniciador del pensamiento, contó con la colaboración en su redacción de su buen amigo Zoilo del Campo Angulo (ingeniero agrónomo, catedrático de Agricultura del Instituto y, a la sazón padre del eminente científico Ángel del Campo Cerdán). Desgraciadamente, y pesar de los múltiples beneficios que esta “escuela de capacitación” iba a reportar a la riqueza de la provincia, la iniciativa se encontró con la oposición del mayor número de diputados provinciales.
Como miembro de la corporación municipal conquense Antonio Luque y Vicens es uno de los individuos que suscribe la alocución que el Ayuntamiento de Cuenca dirige a sus habitantes con motivo de la celebración del sexto aniversario de la toma de la misma por las feroces huestes del oscurantismo carlista. Era julio de 1880 pero todo cuanto digamos sobre la enérgica y expresiva alocución de la municipalidad conquense resultaría un tanto pálida. Solo exclamar “¡Baldón eterno para los que consumaron tantos crímenes y con una ferocidad inaudita el día 15 de julio de 1874!”
Desde la Jefatura del Negociado de 2ª clase e la Dirección General de Propiedades, nuestro biografiado, en febrero de 1884, va a ser ascendido al empleo inmediato, siendo nombrado administrador de Contribuciones y Rentas de la provincia de Valencia. Desde la capital del Turia será uno de los muchos valencianos que en julio de 1885 se adhirieron al ilustre jefe del Partido Liberal Español: Práxedes Mateo Sagasta. Tras su breve periplo valenciano, Antonio Luque y Vicens, es nombrado Delegado de Hacienda de la provincia de Ciudad Real (1886). Igual cargo que en Ciudad Real desempeñará en Burgos (1887) donde no llegará a estar más medio año, pues en octubre de 1877 la reina regente firma un decreto de nombramiento donde Cayetano González Novales, que era delegado en Ciudad Real, pasa a Burgos y Antonio Luque y Vicens, que lo era de Burgos pasa a Ciudad Real. Confirmado en este punto Luque y Vicens, será aquí, en Ciudad Real, donde terminara su vida laboral en el verano de 1888. Por su mal estado de salud es declarado cesante, con la categoría de 3ª clase, como delegado de Hacienda de Ciudad Real siendo sustituido para este cargo por Miguel Santos Portela, interventor de Hacienda de la provincia de Granada. Años antes, Luque y Vicens había sido destinado para el cargo de delegado de Hacienda en Cádiz y Segovia, cargos que no pudo aceptar porque la faltaban algunos meses para completar los cuatro años de servicios en Hacienda que exigía la ley, a pesar de que Antonio Luque era jefe de negociado desde 1854. En septiembre de 1888 se remite a la Junta de Clases Pasivas la hoja de servicios certificada del subteniente licenciado Antonio Luque y Vicens. Un Luque y Vicens que había cerrado el noble sacerdocio del periodismo en las páginas del periódico bisemanal de intereses morales y materiales La Voz de Cuenca (1880) de su amigo y correligionario Antonio Miras y Sola. Desde el número tres escribe una interesante serie de artículos donde, a vuela pluma, asienta de un modo absoluto que los bienes vacantes, baldíos y mostrencos, corresponden como propiedad social a los braceros del campo, a los trabajadores que hacen producir las tierras. Hechos estos artículos, en los números 9 y 10 se ocupa en sus escritos de los aprovechamientos de la Sierra de Cuenca.
Morirá Antonio Luque y Vicens el 2 de julio de 1897 en la ciudad de Cuenca. Tenía 78 años y sobre sus espaldas traía una azarosa vida militar y política. Al entierro del cadáver del respetable anciano y ex delegado de Hacienda en varias provincias verificado un día después –como nos dice la crónica de Santiago López Saiz para El Liberal de Madrid– acudió una extraordinaria concurrencia perteneciente a todas las clases sociales de la población, tributando así un respetuoso homenaje a tan ilustrado periodista, laborioso funcionario y tan antiguo liberal.
Nota del autor: En estos momentos se encuentra en curso de publicación una versión extendida de esta entrada del Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha.
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