Nacido en el seno de una familia amante de la Música, en la localidad pacense de Barcarrota el 30 de abril de 1896, desde muy niño fue iniciado en los estudios musicales por su padre, también director de Banda, cursando Piano y Armonía con Julián Izquierdo, músico militar retirado. Desde muy temprana edad fue organista de la parroquial de Santiago Apóstol de Barcarrota a la que dedicó sus primeras composiciones. Trasladado a Madrid, ingresó como músico de tercera en la Banda de Música del Batallón de Las Navas, con el que fue trasladado a África, donde vivirá tiempos de penuria y de dedicará a la composición. De esta época es la danza árabe Fátima y Sther. Renunciando a su puesto y de regreso a Madrid, su verdadera formación artística corrió a cargo del ilustre Director de la Banda del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, Luis Emilio Vega Manzano, que le consideró como uno de sus discípulos más predilectos, al advertir su gran vocación, amor al estudio e intuición musical nada comunes. Siempre simultaneando sus estudios oficiales en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid con el ejercicio activo como músico militar en la Banda de Ingenieros de Madrid que dirigía Pascual Marquina, el maestro Guzmán Ricis logró una formación técnica realmente excepcional a manos de Luis Emilio Vega, Durand y Dubois, entre otros.
Adiestrado suficientemente bajo la orientación de tan prestigioso músico, el maestro Guzmán Ricis fue nombrado en 1919 para la dirección de la Banda de Música de La Gineta (Albacete) y más tarde en la de Villarrobledo, también en la provincia de Albacete, donde desempeñaría labores de director-pianista de la orquesta del teatro de la localidad manchega, siendo en ésta donde contrajo matrimonio con Celia Rubio Muñoz. Fruto de este enlace nacerán Luis, María de los Dolores, Antonio, María-Celia y Pedro. En Villarrobledo compone Ricis su romanza sin palabras La despedida, composición nº 52 de su Opus. Un título, cuando menos simbólico. Poco tiempo después, en 1921, por concurso de méritos, se trasladó a Cuenca donde ocupó los puestos de director de la Banda Provincial de Música y de la Academia Provincial de Música, coincidiendo con la finalización de curso de Composición que realizó en la Schola Cantorum de París.
Acertadamente, el profesor Cabañas Alamán señala que “al posesionarse tanto de la dirección de la Banda Provincial como de la Academia de Música el maestro Ricis se encontró con un panorama desolador. En ambas, el nivel musical era ínfimo. Guzmán Ricis puso toda la carne en el asador para recuperar una agrupación musical tan desorganizada como con tan poco respeto al arte musical”. Vamos, que se encontró con lo que despectivamente designamos como “una banda”. Una de las cualidades de Guzmán Ricis era su rigor, lo que causó varias asperezas y disidencias entre algunos miembros de la Banda Provincial de Música que decidieron pasarse a la Banda Municipal de Música de Cuenca que por estos momentos comenzaba a formarse bajo la batuta del maestro Nicolás Cabañas Palomo (1871-1948), personaje que dio otra dimensión a la música conquense y que bien merece una entrada en este Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha.
A aquella Cuenca, reflejo de una Castilla en escombros, llegaba un joven pacense dispuesto a hacerse un nombre en el panorama musical español. En el interesante artículo “Dos bandas para una capital” (1999) Fernando J. Cabañas Alamán nos cuenta que “la ciudad de Cuenca –previa a la llegada del maestro Ricis–, vivía un auténtico terremoto cultural que tuvo su epicentro en la Música. La capital se encontraba con dos Bandas de Música. La Provincial, bajo la batuta del maestro Nicolás Cabañas e integrada casi en su totalidad por internos de la Casa de Beneficencia, y la Municipal, cuya dirección ocupaba Rafael Rubio. Una Banda Municipal en la que las irregularidades estaban al orden del día por lo que una comisión investigadora encabezada por los ediles Pedro Montero y Gregorio Marco, tras las reunión de diversas informaciones y profundas deliberaciones, apostó por la disolución de una Banda (18-4-1921) que llevaba algo más de dos décadas de vida. Afortunadamente para los conquenses, y consciente el Ayuntamiento capitalino de que una ciudad capital de provincia como Cuenca no podía permitirse el lujo de prescindir de la Banda de Música, acordó en pleno la recreación –reorganización si se prefiere– de la Banda Municipal convocando la plaza de Director de la Academia y Banda de Música que obtendrá, el 8 de agosto de 1921, el maestro Nicolás Cabañas Palomo, quien regirá, no sin muchos sinsabores, los destinos de la Banda conquense hasta su jubilación (1945)”.
En Cuenca, uno de los primeros retos a que hubo de enfrentarse Guzmán Ricis fue musicar la Semana Santa Conquense de 1922. Para ello, y ante el ínfimo nivel que encontró en la Banda, no dudo en traer a Cuenca a antiguos alumnos suyos procedentes de La Gineta, localidad albaceteña donde había ejercido igualmente funciones de director de banda con anterioridad a su estancia en Villarrobledo. Que sepamos –por los datos que aportan sus principales biógrafos, Fernando J. Cabañas Alamán y Carlos Porro, a quienes seguimos en esta entrada–, y a falta de una investigación más exhaustiva, su vida en Cuenca transcurrió sin demasiados sobresaltos. En su corta pero prolífica estancia en la impertérrita ciudad el maestro Guzmán Ricis verá nacer a dos de sus hijos: Luis (27-6-1922) y María de los Dolores (6-10-1923), a los que dedicará, con motivo de sus nacimientos las obras Luisito –un bolero para clarinete– y Lolita. También verán a luz algunas de sus obras más notables. En ellas se nota, en buena medida, la inspiración en las tierras y gentes conquenses. Así nacen Serenata, A orillas del Huécar, el homenaje a Wagner Visión wagneriana, Blanca, a modo de ilustración musical al drama de Constancio Lumbreras Charfolé. A estas composiciones siguen otras de carácter profano tales como Haciendo leña; Couplet, con letra de Benedicto Barriga González –autor de las letras de la interesante colección de cuplés– Hay espías, Rosario, Mi abuela, y musicados por Juan Ignacio Bermejo Gironés– y de la hermosa producción dramática en tres actos y en prosa El Gañán, estrenada con ruidoso éxito en el verano de 1923 en La Fraternal y publicada ese mismo año en la Tipografía Ruiz de Lara de Cuenca–; La quincallera; ¡Pobre madre!, Plata falsa, vals argentino; Misa en Fa, el wals Boston Fuerit perennal que vienen a sumarse a un extenso y más que interesante catálogo de obras fechado en Cuenca y que van desde opus 52 a la opus 82 con las piezas Homenaje póstumo –compuesta ante la desazón que le causó la muerte de su madre–, el pequeño poema Edoclit y Otis Nao. Pero de todas obras que el maestro Guzmán Ricis escribió en Cuenca, podemos destacar la marcha triunfal Alfonso VIII, así como la Ronda Tragaceteña y el Himno a Cuenca, que pone música el escrito de Anselmo Sanz Serrano.
Como señala el profesor Cabañas Alamán, “de todas las obras que Guzmán Ricis compuso durante su corta estancia en Cuenca, la que más reconocimiento por parte del ha gozado sea Tragaceteña, canción frecuentemente cantada por tunas y rondallas que durante mucho tiempo fue considerada anónima o popular, cuando en realidad es obra de Ricis”. Mención especial merece el famoso Himno a Cuenca. Una obra que permaneció en el más absoluto de los olvidos hasta que en el año 1999 fuese recuperada por el compositor granadino José Miguel Moreno Sabio, acometiendo su revisión y orquestación. El sábado 10 de junio del año 2000, a las siete de la tarde, arreglada –como decimos– por el maestro Moreno Sabio, fue estrenada por vez primera en la antigua iglesia de San Pablo. El barítono conquense Carlos Lozano López, el Coro de Alumnos del Conservatorio de Cuenca, dirigidos por la atenta batuta del maestro Pedro Pablo Morante Calleja, y la Orquesta de este mismo centro educativo musical, dirigidos por Pedro Criado Valero, tuvieron el honor de interpretar por vez primera esta nueva versión para barítono del Himno a Cuenca.
El sueldo no debía dar para mucho y a las direcciones musicales, Ricis irá alternando con las clases particulares y la dirección de alguna orquesta, como la del Bar Argentino –para la que compone la obra del mismo nombre– y la de Banda de la Beneficencia para la que escribe Letanía 2ª, Salve 3ª y Letanía 3ª. Una de sus grandes amistades en Cuenca fue el industrial Ricardo Zomeño Cobo –uno de los pioneros del arte fotográfico en Cuenca al igual que su tío, el farmacéutico José María Zomeño Huerta- con el que, a bordo de un vehículo propiedad de Ricardo recorrerá gran parte del territorio conquense en constantes excursiones. Fruto de su temperamento inquieto lo vemos participando en otros aspectos de la vida cultural conquense como la colaboración en prensa. En el periódico El Eco, entre mayo y junio de 1923, escribe una serie de artículos bajo el título “Influencia que ejerce la música en la sociedad”. Creemos, al igual que el maestro Guzmán Ricis, que la música es una necesidad colectiva y social, aunque se pretenda –desde algunos sectores– prescindir de ella, y todo municipio debería tener una agrupación musical bien organizada. A quien leyera y entendiere esto, tome nota. Fue colaborador en el bisemanario de propaganda social-católico El Centro, y en 1924 de la revista literaria Minerva dirigida por sus correligionarios Emilio López Álvarez –ex redactor del El Centro-, el funcionario agrónomo del Catastro Pablo Pulido Afán y el profesor de la Normal Rodolfo Llopis. Como señala Cabañas Alamán, “desde Cuenca viaja constantemente a Valencia en busca de un “mayor ambiente musical que el que le ofrecían las tierras castellanas”. Tras un cúmulo de desgracias (entre ellas la muerte de su madre) abandona Cuenca. A ella, y a partir de un tema dado por Zomeño, compone Homenaje póstumo, obra estrenada en Semana Santa de 1924.
Siendo director de la Academia Provincial de Música de Cuenca se presentó a la oposición para proveer la plaza de director de la Banda Municipal de Música de Palencia (28 de julio de 1924). Se presentaron ocho opositores (uno de ellos, el toledano Abdón Emilio Cebrián Ruiz, músico de 2ª de la Academia de Infantería de Toledo). El primer ejercicio consistió en componer, con las condiciones y temas señalados, una obra musical en un plazo de 30 horas. La efectuaron debidamente incomunicados en dos aulas del Real Conservatorio de Madrid. En brillantes oposiciones, el tribunal de la oposición designó unánimemente para la plaza de director de la Banda Municipal de Música de Palencia a Guzmán Ricis, cargo del que se posesionó el 7 de agosto de 1924. Pocos meses después crea la Academia Municipal de Música de dicha ciudad.
A aquella Palencia, reflejo de la Castilla profunda, desde la impertérrita Cuenca, llega un joven Guzmán Ricis –tenía 28 años– para dirigir la Banda Municipal de Música. Se iniciaba así la época dorada de la Banda palentina. La primera medida de Ricis al frente de la Banda fue estudiar junto al alcalde palentino, Natalio de Fuentes, nuevas plantillas de personal para reorganizar la banda y fijar oposiciones para los elementos que la integrasen. Hay que señalar que, cuando llegó, la Banda estaba a punto de extinguirse. Incluso algunos concejales palentinos plantearon su disolución. El 30 de agosto de 1924 se convocaron estos ejercicios para plazas vacantes en la Banda Municipal de Música de Palencia. Ricis y Fuentes activaron los trabajos de organización de la nueva banda municipal. En la presentación de la Banda Municipal de Música (9 de noviembre de 1924) se ejecutó el siguiente programa: La linda tapada, pasodoble, Alonso; La moza de campanillas, coro y parranda, Luna; La torre del oro, preludio, Jiménez; Doña Francisquita, marabú, Vives; y La Bejarana, marcha de los quintos, Serrano y Alonso. Días después, para celebrar la fiesta de Santa Cecilia, patrona de los músicos, la banda palentina ejecutó la Romanza sin palabras de la que era autor Guzmán Ricis. Hemos de señalar que el maestro Antonio Guzmán Ricis luchó constantemente por el sostenimiento de la Banda Municipal. Gracias a la prensa local conocemos sus iniciativas para que varios sus miembros fueran incluidos en la nómina como funcionarios municipales.
Ese mismo año, en septiembre, fue creada la Academia Municipal de Música de Palencia por el Ayuntamiento que presidía el alcalde primorriverista Natalio de Fuentes Tapis. Quizá a iniciativa de Guzmán Ricis y tomando como modelo la que había dirigido en Cuenca; aunque esta última de carácter provincial. Esta laudable iniciativa en pro del divino Arte de Euterpe empezó sus tareas docentes en primero de octubre, siendo regentada desde entonces por Antonio Guzmán Ricis. Tenía su hogar la agrupación en el local del Instituto Viejo. Las matrículas de este centro oficial eran gratuitas y en él pudieron cursar los palentinos Teoría de la Música, Solfeo, Dictado y Cantos con palabras, Instrumentos e Historia de la Música y en horario de 7 a 9 de la noche. Como final de curso se celebran exámenes públicos, con asistencia de Autoridades, otorgándose premios en metálico y libros en literatura musical a los alumnos distinguidos. La edad que se requería para matricularse en ella eran los 8 años en adelante. Tras el final de la contienda bélica española, retoma sus clases la Academia Municipal de Música el curso 1939-1940 bajo la dirección de Guzmán Ricis.
Careciendo la provincia de Palencia de un himno popular, Guzmán Ricis, director de la Banda Municipal de Música, y el inspirado poeta local y cronista oficial de Palencia, Ambrosio Garrachón Bengoa, contando con la anuencia del alcalde Natalio de Fuentes y del concejal delegado de la Banda, Sebastián González, compusieron al alimón el Himno a Palencia (1925). Toda una exaltación de los amores a la patria chica. Recordemos que para Guzmán Ricis esto no era nuevo. En Cuenca ya había puesto música al Himno a Cuenca de Anselmo Sanz Serrano. El primer tercio del siglo XX coincide con un despertar del regionalismo castellano que hunde sus raíces en sentimientos de un regeneracionismo social y económico que sacase a Castilla –y a sus gentes humildes– de sus escombros. Aunque no es menos cierto que los principales interesados en el florecimiento de este renacer castellano fueron los “señoritos trigueros” como acertadamente señala el notario palentino Julio Senador Gómez en su obra El regionalismo castellano (1916). En este sentido, “los himnos eran elementos de impulso de cada provincia” –son palabras del folklorista Carlos Porro– como lo fueron también algunas cabeceras de prensa. En Palencia, Ricis, hace una página musical basada en un tema melódico popular y con toques clarineros. La letra, del vate palentino Garrachón, condensa acertadamente los hechos históricos más sobresalientes de la provincia palentina, cantando sus virtudes y sus efemérides. Un Himno de Palencia que siempre precedía a los maceros en todas las ceremonias oficiales de la corporación municipal de esta época.
En enero de 1928 Guzmán Ricis es protagonista de un desagradable suceso. El día 27 del citado mes y año agrede, cuando se dirigía a la redacción de El Día de Palencia, al periodista Emilio Pita Dorrego (Siro de Gandía, era el pseudónimo con el que escribía). Verdad es cuando se afirma que el periodismo es una profesión de riesgo. Al menos para la integridad física de uno. El ‘plumilla’ en cuestión, según los testigos, fue agredido por la espalda con un bastón por el director de la Banda Municipal de Música Guzmán Ricis, “un sujeto que contaba con pocas simpatías” –según rezaba la prensa local– entre algunos palentinos. Ricis fue detenido por dos guardias de Seguridad y conducido a la Jefatura de Vigilancia, quedando en libertad a los pocos momentos. A causa de lo poco caballeroso de la agresión, pues, como decimos, fue por la espalda cuando Pita Dorrego se hallaba descuidado, el agredido resultó con dos heridas de consideración en la cabeza: una herida en la región parietal derecha y otra también contusa en la región occipito-parietal izquierda, ambas de pronóstico leve. Al parecer, el maestro Guzmán Ricis estaba escondido en el portal de una sastrería, y al pasar Pita Dorrego, sin llamar la atención y sin dirigirle palabra alguna, le agredió por la espalda con un bastón y le produjo las mencionadas heridas en la cabeza. Las personas que presenciaron la agresión increparon duramente a Guzmán Ricis por su proceder. Ante tal suceso, el alcalde de Palencia hizo un comunicado de prensa en el que disculpaba la supuesta agresión/lamentable incidente en el cual se vertían conceptos poco halgüeños para la personalidad de Guzmán Ricis de quien el munícipe defiende su conducta intachable que le hizo acreedor del aprecio y simpatías de él –era su jefe– y de la ciudad de Palencia. En cualquier caso, llevará razón o no en su artículo Emilio Pita Dorrego, no encontramos justificada la agresión por parte del maestro Guzmán Ricis y menos aún que la dirimiera a bastonazo limpio.
Guzmán Ricis se había molestado por el artículo “La expansión artística”, publicado en El Día de Palencia el 25 de enero de 1928, en el que veía una alusión directa y concreta a su actuación artística en Carrión de los Condes donde empuñó la batuta para ofrecer un concierto-recopilación de canciones con aires populares de la montaña palentina. En ese mismo número, el corresponsal del diario, hacía una elogiosa crónica de la actuación de la Banda de Música y de la labor del maestro Guzmán Ricis al frente de la misma. Con todo, el artículo, sin mencionar a la Banda Municipal de Música de Palencia, es susceptible de aludir a la mencionada agrupación musical. Cierto es también que el artículo en cuestión alude a las muchas colectividades musicales que, a lo largo y ancho de la geografía española, realizaban excursiones artísticas recorriendo los pueblos dando gato por liebre al sufrido público –engañándoles cual vendedor ambulante que ofrece específicos milagrosos para curar todas las enfermedades– que en su intento de fomentar entre el pueblo la afición a la música clásica terminaban tocando y condenando al pueblo a los sonidos de la dulzaina, el tamboril, los agudos del cornetín y los graves del acordeón.
Este desagradable incidente invita a pensar que tomará parte en las oposiciones para director a la Banda Municipal de Baracaldo (Vizcaya) y poner así tierra de por medio ante tal feo affaire. Consiguió el maestro Guzmán Ricis la plaza, pero renunció a dicho puesto ante las muestras de afecto de los palentinos y el incremento salarial que le ofrecieron las autoridades municipales de la ciudad del Carrión encabezados por alcalde Rodríguez de Salcedo, a la sazón, catedrático de Literatura del Instituto. Un incremento que no se llegó a materializar pues en 1932 la Comisión Permanente de Hacienda del Ayuntamiento de Palencia desestima la instancia elevada por Guzmán Ricis. No será hasta 1939 cuando el maestro Ricis empiece a percibir esos emolumentos –entre ellos una serie de quinquenios atrasados– que premiaban sus meritorios servicios al frente de la cultura musical palentina.
Reconocido a nivel nacional como uno de los mejores directores de Banda por sus grandes conocimientos y perfecto dominio de la técnica instrumentista, en 1928, sus servicios fueron solicitados en varias ocasiones por distintas corporaciones como las de La Carolina (Jaén) y Jaén, sabedoras de su capacidad y talento para reorganizar sus Bandas de Música, labor que llevaría a cabo en un tiempo récord: poco más de un mes. Así, su inquietud por la enseñanza musical le llevó a publicar diversos libros de Solfeo, creando igualmente un Método de enseñanza rápida para la organización de bandas rurales e infantiles. Desde Palencia, tierra de transición entre León y Castilla, el maestro Guzmán Ricis conseguirá dar un gran empuje a la cultura musical palentina con dos entidades musicales de gran solvencia como fueron la Banda Municipal de Música y la Coral Filarmónica Palentina sin olvidar la agrupación La niña de sus ojos. Bajo su dirección, la Coral dirección llegó a figurar entre las mejores de España realizando, al tiempo, una excelente labor pedagógica y de difusión de la música popular palentina. Con ambas participó en el festival artístico que en el Teatro Principal se celebró a beneficio de la Caja de Previsión de la Academia y Banda Municipal de Música el día 8 de noviembre de 1930. Por ese año publica su famosa Colección de Conciertos para banda. Primer concierto, compuesto de ocho obras (1930). Su inquietud intelectual le lleva a colaborar, al menos desde 1929, en el Boletín Musical de Córdoba, donde fue uno de los primeros corresponsales en provincias.
En la ciudad del Carrión, en 1929, bajo la dirección del maestro Ricis se presentó por vez primera en sociedad la Coral Filarmónica Palentina. Fue un 24 de mayo, en el Teatro Principal. El éxito fue rotundo. La historia de la música coral palentina tenía una amplia tradición. En 1882 nace la Coral Palentina bajo la dirección de Lorenzo Romero y en 1913 el posterior Orfeón Palentino dirigido por el violinista Agustín Hontiyuela, pero será bajo la batuta del maestro Guzmán Ricis cuando esta colectividad musical alcance sus cotas de éxito más notables. También en ella desplegó el maestro Ricis gran parte de sus conocimientos musicales además de su férrea disciplina y voluntad inquebrantable que ya había mostrado en su corta y prolífica estancia en Cuenca. La culpa de que Guzmán Ricis iniciase una nueva fase en su vida musical la tuvo la Coral Zamorana. El éxito alcanzado por esta agrupación en una actuación celebrada en Palencia en el año 1928 motivó el que un grupo de aficionados palentinos al canto, capitaneados por Ramiro Álvarez, se reunieran y propusieran a Guzmán Ricis la creación de una masa coral a semejanza de la de zamorana. Para Ricis, la Coral Filarmónica Palentina fue su obra predilecta y quizá con la que alcanzó unas mayores cotas de éxito. Así lo atestigua el 2º premio que obtiene en el Concurso de Corales de Valladolid (1930). Debió ver en ella un excelente elemento de expresión cultural con el que contribuir a la recuperación del folklore palentino y, por ende, castellano. Guzmán Ricis fue, ante todo, un compositor inspirado y un profundo conocedor de la técnica musical que con la Coral Palentina recorrerá distintos puntos de la geografía castellana –principalmente las provincias de Burgos y Valladolid–, leonesa y asturiana donde el maestro Ricis dará a conocer magníficas canciones de la tradición popular palentina, cuales son, entre otras, El Rengue, El pingajo, El cura de Perales, El papudo, etcétera; obras todas, preteridas del folklore palentino en las que Guzmán Ricis supo exaltar el valor musical y cultural de las piezas.
Por esos años, en 1929, un grupo de palentinos, encabezados por Antolín Cavada y los coralistas, proponen, como homenaje a la labor musical realizada por maestro Guzmán Ricis, nombrarle hijo adoptivo de Palencia. Para ello abrirán una suscripción popular que fue muy bien acogida entre los ciudadanos de esta hidalga tierra castellana. Guzmán Ricis es uno de los pocos nombres ilustres que cuentan con esta distinción honorífica que concede el Ayuntamiento de Palencia “para premiar los méritos de aquellas personas o entidades que por sus acciones excepcionales, sean materiales o espirituales, beneficien, difundan y, sobre todo, prestigien el nombre de la ciudad en el desarrollo de sus labores”. Nobleza obligaba, que Antonio Guzmán Ricis recibiera tal reconocimiento por parte de sus correligionarios y convecinos palentinos.
Poco después del nuevo amanecer que supuso la Segunda República para muchos españoles, se funda la Asociación Nacional de Directores de Bandas de Música (1931). De ella formará parte Guzmán Ricis. En 1934 es autor del Reglamento para Academias de Música y Bandas Municipales. El mencionado reglamento –trabajo concienzudo de Ricis– no es otra cosa que un modelo moldeable a las circunstancias de cada Banda Municipal, con arreglo al medio ambiente que cada pueblo presentaba en el desenvolvimiento de estas agrupaciones culturales. Guzmán Ricis, criticado por algunos colegas, solo pretendió facilitar la labor de los compañeros de profesión que hubieron de intervenir en la redacción de un Reglamento para sus respectivas Bandas, por imperativo de los artículos 2º y 3º del Reglamento de 3 de abril de 1934. A fines de este año, el 29 de diciembre, en el coso palentino del Teatro Principal, dirigió la zarzuela Katiuska, la mujer rusa, del compositor donostiarra Pablo Sorozábal y libreto de Emilio González Castillo López.
En la Navidad de 1932, concretamente el 4 de enero, en el Cinema España de Palencia tuvo lugar la lectura privada de la zarzuela en tres actos y en verso, con música del maestro Guzmán Ricis, titulada El Villano Señor. Del libreto fueron autores los periodistas locales Antolín Cavada y Valentín Bleya (que también habían participado en la fundación de la Coral Palentina) y Manuel González de Hoyos, director de El Día de Palencia. La obra se inspira en la conocida leyenda de Alonso de Villada. El estreno público se verificó el 26 de febrero de 1932 en el Teatro Principal cantada por la Coral Filarmónica Palentina en un brillantísimo festival patrocinado por la Asociación de la Prensa y las autoridades locales. Ese mismo año dedica al Ayuntamiento de Palencia la obra titulada Bahía (Wals Boston).
A pesar de estos éxitos, 1932 fue un año complicado para Guzmán Ricis. En Sesión Ordinaria de la Corporación Municipal palentina (8-9-1932), la Comisión Permanente de Hacienda desestima la instancia elevada por Ricis en virtud de una comunicación que envió al alcalde Rodríguez Salcedo en 13 de junio de 1928 para premiar sus meritorios servicios y para evitar que aceptara la plaza de director de la Banda Municipal de Música de Baracaldo (Vizcaya) que había ganado por oposición. La Comisión fundamentó su acuerdo al desconocer tal acuerdo entre Ricis y el ex alcalde Salcedo, desechando el escrito del maestro. La lucha de Guzmán Ricis con el Ayuntamiento palentino de ese período no termina ahí. Así, lo vemos peleando para que varios miembros de la Banda fueran incluidos en la nómina como funcionarios municipales. En el ya lejano tiempo de 1932 forma parte del tribunal calificador para las plazas sacadas a concurso-oposición para la Banda Municipal de Música y en el que debía calificar la concesión de la beca de Canto que concedía el Ayuntamiento de Palencia. Muchas veces formó parte Guzmán Ricis del jurado que había de fallar en los Concursos Nacionales de Bandas de Música Civiles y Militares organizados con motivo de las fiestas patronales de San Antolín de Palencia.
En 1933 pide permiso al Ayuntamiento para acudir al Concurso Internacional de Bandas que se celebró en junio de ese año en la ciudad gallega de Orense. El objetivo estaba claro: medir el nivel artístico de la agrupación. La Liga de Amigos de Orense comunicó a Guzmán Ricis haber sido admitida a dicho concurso la Banda de Música de Palencia. Una Liga que, al parecer, subvencionó el viaje y contrató dos conciertos de la Banda palentina en la capital orensana. Acompañados por el alcalde, el señor Olmo, y del Concejal Delegado de la Banda, señor Escobar, acude Guzmán Ricis a Orense, consiguiendo la Banda Mención Honorífica al 2º Premio.
Ese mismo año la Coral Palentina decae por falta de asistencia, hecho que apena a Guzmán Ricis. Esta agrupación musical se disuelve completamente en los años de la Guerra Civil Española. En mayo de 1939 algunos de sus miembros participan en el Concurso de Canciones organizadas por la Jefatura de Propaganda de F.E.T. y de la J.O.N.S. con motivo de la Fiesta de la Victoria. Guzmán Ricis formó parte del jurado del concurso. El 2 de mayo de 1939 el maestro Ricis constituyó con los restos de la antigua Coral Palentina y por componentes del Orfeón del Sindicato Católico y elementos nuevos la Agrupación Filarmónica Palentina que actuó fuera de concurso. Interpretaron tres canciones, a saber: Si, sí, sí, El Rengue y Noche de San Juan. Ricis estará al frente de la agrupación hasta octubre de 1941 en que se hace cargo de ella Marcelo González. Por estos años, la sección artística de Educación y Descanso encarga a Guzmán Ricis musicar varios bocetos folklóricos de ambiente palentino como son La malcasada y La moza del alba.
A partir de 1936 lo vemos musicando varios actos oficiales. Así ameniza con varios himnos nacionales el homenaje que los palentinos rindieron al general Francisco Franco para festejar la publicación del histórico decreto creando el Estado totalitario con una sola organización política y una sola milicia nacional –unificando la Falange y el Requeté– (23 de abril de 1937). A propuesta de la alcaldía palentina se acordó gratificar con una cantidad a los individuos de la Banda Municipal de Música “por haber acudido a dar esplendor a la manifestación popular espontánea para festejar la liberación de Lérida, conceder un voto de gracias a su director, el maestro Guzmán Ricis, que desde el primer momento se puso al frente de la referida agrupación artística”. En ese año aparece entre los suscriptores al auxilio de Santander. Aporta dos pesetas. Su amigo Fernando Unamuno colabora con diez. En Palencia, Guzmán Ricis, era asiduo a las tertulias organizadas por destacados miembros de la burguesía palentina. Allí conocerá al arquitecto y urbanista Fernando de Unamuno, hijo de ilustre filósofo español. Fernando era arquitecto municipal de la ciudad del Carrión desde 1925. Guzmán Ricis va a ser un recurrente suscriptor a diversas iniciativas del pueblo palentino. Buena prueba de ello son los listados en los que aparece, a saber. En la suscripción para levantar un monumento al Maestro Ricardo Villa a iniciativa de la Asociación Nacional de Directores de Banda de Música Civiles (1936), donde suscribe diez pesetas; también en el Aguinaldo del Combatiente (1938) aportando la misma cantidad; o en la simpática iniciativa de obsequiar a los niños pobres de la ciudad con motivo de la Fiesta de los Reyes Magos de 1939 colaborando con dos pesetas.
El delegado local de F.E.T. y de las J.O.N.S. interesa al alcalde de Palencia para que Guzmán Ricis, director de la Academia Municipal y de la Banda de Música, se hiciera cargo de la educación musical de las Organizaciones Juveniles de esta fuerza política. Corría marzo de 1938. En mayo de ese año puso banda sonora el maestro Guzmán Ricis al acto de solidaridad hispano-italiano celebrado en 29 de mayo en la capital palentina. Ese mismo año, en noviembre, se lamentaba Guzmán Ricis ante la corporación municipal palentina de que la Banda había quedado reducida a las mínimas proporciones como si una charanga fuera. Lógicamente, la Guerra Civil Española colapsó tanto la Banda Municipal de Música como la Coral Filarmónica Palentina. Puso de manifiesto Guzmán Ricis a la Comisión Permanente la escasez cada vez mayor, de profesores y elementos necesarios para el buen funcionamiento de la Banda Municipal de Música hasta el extremo que se hacía imposible su intervención en ningún concierto serio y menos la interpretación de obras modernas que siempre figuraron en su repertorio. La Banda Municipal, por tanto, no sonaba. Sin trombones, sin saxofones, sin bombardines, las “fugas” parecían una desbandada. Ventura Zarzosa, delegado de Bandas, en vista de la imposibilidad material de la decorosa situación, propone, y así acuerda la comisión, sea suprimida temporalmente -hasta tanto se realice su reorganización- y mientras continúe Guzmán Ricis su labor en la Academia Municipal de Música. En febrero de 1939 envía a la Comisión Permanente una relación de los músicos que se hallaban prestando servicios en el Ejército y otras colectividades artísticas.
No pareció importar mucho esta queja del maestro Antonio Guzmán Ricis ni a la prensa orgánica ni a las autoridades franquistas palentinas, para quienes era más importante amenizar con sencillos bailables –a ser posible con un castizo chotis madrileño o un fox-trot lo menos americano posible– los lánguidos crepúsculos estivales y la hora del vermú dominguero en los paseos públicos, que reorganizar en condiciones la banda palentina. Querían restaurar así el encanto de una vieja costumbre que durante mucho tiempo formó parte de la fisonomía y el gesto de la vida local provinciana. En mayo de 1939 parece que la Banda dirigida por Ricis participó en la cabalgata con motivo de la Fiesta de la Victoria. También interviene en el entierro del abogado y político democristiano Ricardo Cortés Villasana –fusilado el 10 de noviembre de 1936 en la cárcel madrileña de Porlier– interpretando marchas fúnebres en la comitiva que condujo el cuerpo de este sindicalista católico-agrario a Saldaña (17-6-1939). Aunque no tan espectacular como el que ha recuperado recientemente Paco Cerdá en el libro Presentes (2024), la ceremonia recuerda lo realizado con José Antonio Primo de Rivera, con un cortejo fúnebre que se detuvo en todos los pueblos del trayecto Palencia-Saldaña. Lo que parece claro es que la Falange intentó aprovechar la figura del carismático líder del derechismo agrario palentino para hacerse con las riendas de la provincia de Palencia convirtiéndolo en un mártir más del bando sublevado. En junio de 1939 fue condecorado Guzmán Ricis con una medalla de premio, al mérito, por haber tenido la gentileza de regalar a las más importantes entidades artísticas de Italia varias obras musicales. La adscripción ideológica y política del maestro Guzmán Ricis, a este punto, creemos está clara.
Para las ferias de Palencia, septiembre de 1939, se organizó un festival donde participa una provisionalmente reorganizada Banda Municipal de Música que interpretó la partitura completa de Katiuska. Una vez terminada la Guerra Civil Española la Banda Municipal de Música de Palencia se reorganiza definitivamente. Así lo acuerda el ayuntamiento capitalino en abril de 1940. Ese mismo año, la Banda participa en la Semana Santa de 1940 musicando la popular procesión del Domingo de Ramos conocida como La Borriquilla. La Coral Palentina interpretó un Miserere –música original de Ricis– cantada en la iglesia de Nuestra Señora de la Calle, en honor de la cofradía del Santo Sepulcro en el Vía Crucis, que tuvo lugar por la tarde. El 23 de abril de 1940, tiene lugar la representación de un sainete lírico del maestro Sorozábal La del Manojo de Rosas, bajo la dirección musical de Ricis y la escénica de Pedro Hornillos. La representó el cuadro artístico “Jorge Manrique” de la Sección Femenina que hace lo mismo con Katiuska en la función-homenaje a Cruz Roja.
Los Juegos Florales de septiembre de 1940 se celebran en homenaje a Jorge Manrique, conmemorando el V Centenario del nacimiento del poeta y soldado nacido en Paredes de Nava, actuando como mantenedor Ernesto Giménez Caballero. Guzmán Ricis puso música a piano a algunos trozos relacionados de las Coplas de Jorge Manrique recitadas por el actor teatral Francisco Pierrá Gómez. En 1941 dirige a la Masa Coral de Educación y Descanso de Palencia en las Ferias de la Candelas de Saldaña. El Ayuntamiento de Palencia convoca oposiciones a la Banda Municipal de Música en diciembre de 1942. Guzmán Ricis actuará como secretario. Era el camino hacia su definitiva reorganización. La nueva Banda se presentó al público el 19 de abril de 1943 en la Fiesta de la Unificación. El programa que interpretó fueron las obras Lakmé, fantasía de ópera de Léo Delibes; La romería de Santo Toribio, poema sinfónico del propio Guzmán Ricis; y La Revoltosa, fantasía de zarzuela de Chapí. El Teatro Principal de Palencia fue el escenario del concierto. El mencionado poema sinfónico dedicado a la ciudad del Carrión por Guzmán Ricis, La romería de Santo Toribio, fue interpretado por vez primera ese día.
A tenor de lo publicado en la prensa local, estos primeros años posbélicos no fueron un camino de rosas para la Banda Municipal palentina. Así, la Comisión Permanente del Ayuntamiento (27-05-1943) autorizó a Guzmán Ricis a trasladarse a Madrid en indagación de nuevo personal que pudiera cubrir las plazas vacantes en la Banda Municipal por haber realizado oposiciones y haberlas ganado, varios individuos de la misma, en Santander, y otros hallarse en cumplimiento de sus deberes militares. El 28 de noviembre de 1943 estrena el maestro Guzmán Ricis una nueva obra interpretada en la Calle Mayor por la Banda Municipal de Música. Se trata de la estampa extremeña titulada Barcarrota –pueblo natal del autor– y basada en el motivo popular de una canción del mismo Ricis que obtuvo el 1er premio en un concurso musical celebrado en Badajoz. El 25 de agosto de 1943, el maestro Ricis mereció el homenaje de la colonia toledana residente en Palencia “por haber puesto en diversos programas de conciertos de los domingos obras inmortales de los mejores compositores toledanos y con ella sus costumbres y tradiciones”. Tal es el caso del conocido pasodoble flamenco Ragón Falez del maestro Abdón Emilio Cebrián Ruiz. Gratitud que se hizo extensiva al alcalde palentino Severiano Rodríguez Salcedo. La biografía del maestro Cebrián Ruiz de puede consultar en este diccionario. Aquí su enlace: https://diccionariobiograficodecastillalamancha.es/biografias/emilio-cebrian-ruiz/
Una de las últimas iniciativas en las que participa el maestro Guzmán Ricis antes de su prematura muerte, es una feliz idea que para con los aficionados “al divino Arte de Euterpe” tuvieron los ediles palentinos. La Comisión Permanente (20-01-1944) acordó que la Banda Municipal de Música, una vez al mes, y en local cerrado, diese conciertos con programa selecto, a precios ultrabaratos (25 céntimos) para fomentar la cultura artística musical entre el pueblo palentino. Los conciertos contaron con dos partes: una de música clásica y otra popular, a base de zarzuelas antiguas y modernas. El primer concierto se celebró en el Teatro Principal el 30 de enero de 1944 y constituyó un rotundo éxito. El programa estaba integrado en su primera parte por dos fantasías de ópera de bien distinta contextura: La Boheme de Puccini y Preciosa de Weber, y en la segunda por otras dos fantasías de zarzuelas españolas: La Verbena de la Paloma de Bretón y La Revoltosa de Chapí. Merced a esta feliz idea se reanudó el culto a Euterpe como en los mejores tiempos filarmónicos de la capital palentina bajo la batuta enérgica y solvente del Maestro Guzmán Ricis. Desde la prensa palentina, por esas fechas, se pedía al ayuntamiento la constitución de una Orquesta Sinfónica de Cámara como las que existían en Salamanca, Santander, Bilbao, Oviedo, Zamora y otras muchas poblaciones donde existían agrupaciones orquestales de este género, constituidas con arreglo a las posibilidades locales. Una iniciativa que, de no haber muerto prematuramente Guzmán Ricis, quizá se hubiera podido llevar a cabo. La última representación de la Banda Municipal de Música con Ricis a cargo tuvo lugar el 16 de julio de 1944 en el Paseo del Salón a las nueve de la noche. En la primera parte del concierto se interpretó Los Mosqueteros, pasodoble de W. Blon; Embeleso: gavota-idilio-fox-trot, de Fernández-Pacheco; La isla de las Perlas, 2º acto de P. Sorozábal; Madame Pompadour, dueto cómico de Leo Fall y La Bandera de la Victoria, pasodoble de A. D.
Para terminar con el capítulo de la Banda Municipal de Palencia, señalar que es la única de carácter profesional de todas las que existen en Castilla y León. De hecho, en el conjunto de España solamente hay 27 bandas de música profesionales, todas ellas en localidades de mucha más población que Palencia. En Castilla-La Mancha, solo la Banda Sinfónica Municipal de Albacete se encuentra en este listado. Esta singularidad digna de tener en cuenta motivó el que todos los grupos políticos con representación en el Ayuntamiento de Palencia incoaran un expediente ante la Comisión de Cultura y Turismo de las Cortes de Castilla y León para declararla Bien de Interés Cultural (mayo de 2016). Una moción fallida que desde noviembre de 2024 se ha vuelto a recuperar por parte del grupo municipal de ¡Vamos Palencia! “para proteger y asegurar la continuidad de la Banda Municipal de Música, una entidad con 145 años de historia y considerada un emblema cultural de la ciudad”. Triste es ver como elementos culturales de singular valor como pueden ser las Bandas Municipales de Música –protagonistas en tantas ocasiones de los acontecimientos más relevantes de la ciudad– se vean reducidos a escombros y todo porque algún ilustre munícipe –con ínfulas de Jefe de Negociado– las considere un lastre para las arcas municipales. Suum cuique tribuere.
No limitó el maestro Guzmán Ricis sus actividades a la dirección de las agrupaciones corales e instrumentales palentinas. En sus ratos de ocio se dedicó a llevar al pentagrama, adobadas y adaptadas a estas agrupaciones, las melodías y cantares populares palentinos. Como compositor dejó una obra extensísima –más de 240 composiciones–, pudiendo decirse que abarcó todos los géneros. Eran sus características la perfecta construcción y su sinceridad de procedimiento, sin excluir una elevada inspiración. Es autor de múltiples composiciones, algunas de ellas muy conocidas, en especial su rapsodia castellana Castilla, que mereció grandes elogios de los más altos prestigios musicales y que le reveló como un compositor de altos vuelos. Para no extender mucho este apartado citamos –además de las ya mencionadas– otras obras de importancia como Serenata Española, A Orillas del Huécar, La Romería de Santo Toribio, Luisito, Celia, Lolita, Himno a Cuenca, El Favorito, Las Bandas de Oro, Barcarrota, Extremadura, Asturias, Misa en Fa y En Casa del Tío Vicente, entre otras. Esta labor compositora le llevó a obtener en los concursos provinciales de canciones convocados por el Frente de Juventudes, en 1942, tres primeros premios en tierras de Badajoz, Cuenca y Palencia. Un año, el de 1942, en que por encargo del alcalde de Saldaña, José Abia de Prado, pone música al Himno a Saldaña, cuya letra corrió a cargo de Mariano Vázquez Díaz, secretario de aquel Ayuntamiento. El himno, declarado como oficial de la villa y la comarca, se estrenó por las Ferias de las Candelas interpretada por la Coral Palentina y la rondalla de la sección de arte de Educación y Descanso.
El 22 de julio de 1944, a las siete de la tarde, tuvo lugar un luctuoso acontecimiento que contó con una dolorosa y unánime resonancia en todos los sectores de la población palentina. En plena madurez artística la muerte sorprendía, repentinamente, al maestro Antonio Guzmán Ricis a los 48 años de edad y, por cruel ironía del destino, precisamente en el momento en que iba a alcanzar un puesto preeminente entre los directores de Banda españoles. El Boletín Oficial del Estado del mismo día de su muerte publicó su nombramiento –con el número 1 entre los concursantes– como director de la Banda Municipal de Música de Sevilla, la 4ª de España en importancia en aquellos tiempos. Como rezan las necrológicas de la época, Guzmán Ricis “murió al pie del cañón, vestido con uniforme en vísperas de uno de sus conciertos veraniegos en el local de la Academia de Música donde consumió tantas y tantas horas de trabajo denodado y tenaz ensayando, posiblemente, La Cacería –que él había popularizado–. Durante su entierro, la Banda Municipal de Música, que él con tanto acierto dirigiera, interpretó sentidas marchas fúnebres debidas a su inagotable inspiración. Veinte años de impagable trabajo al frente de la cultura musical palentina entre la Academia de Música, la Banda Municipal y Coral Palentina habían bastado a Ricis para ser una de las figuras más queridas entre unos palentinos que acudieron en masa al sepelio que tuvo lugar el domingo 23 de julio a las seis de la tarde constituyéndose en una sentidísima manifestación de duelo en la que participó toda la ciudad.
Guzmán Ricis fue, ante todo, un técnico de la música. Desde su más tierna infancia hasta su madurez se entregó obsesivamente al estudio de la música. Aunque a la Banda Municipal de Música dedicó sus mejores producciones musicales y sus mejores años, la gran obra predilecta de su vida fue la Coral Filarmónica Palentina con la que alcanzó gran fama en tierras castellanas y leonesas. Una de las labores más interesantes al frente de la coral fue la recuperación de canciones populares de las tierras pardas palentinas que se materializaron en su colección de canciones “Pallantia” y con el que obtuvo, póstumamente, el 2º Premio en el 9º Concurso Nacional de Musicología organizado por Instituto Español de Musicología (1945). Joyas inmarcesibles deliciosas del folklore palentino que continuó recogiendo y recuperando su hijo, el folklorista y músico Luis Guzmán Rubio (Cuenca, 1922-Tarragona, 2015). De su valía como compositor dejó innumerables muestras en su catálogo de obras, destacando en todos los géneros musicales como en la Suite castellana. Desde la Academia de Música –otra de sus grandes obras– trabajó sin descanso y formó una generación de músicos extendidos por las mejores Bandas de España. Con carácter póstumo recibió condecoraciones y reconocimientos de la Diputación de Palencia (1949) y de su localidad natal, Barcarrota, cuya Banda y Escuela de Música llevan su nombre.
Días después de la muerte del malogrado maestro Guzmán Ricis, el domingo 6 de agosto de 1944, se celebraron en Palencia diversos actos, entre varios elementos filarmónicos palentinos, amigos y admiradores quienes deciden organizar en el Teatro Principal –aquel que tanta veces llenó con su música– un homenaje-póstumo mediante un concierto-homenaje integrado exclusivamente por obras del finado maestro interpretadas por la Banda Municipal de Música, con la colaboración de una orquesta con elementos músicos de la capital palentina. Los ingresos se destinaron en beneficio de la viuda e hijos de Antonio Guzmán Ricis. Cabe concluir este pequeño apunte biográfico diciendo que el fondo documental de Guzmán Ricis, de acceso libre, donado por su hijo Luis Guzmán Rubio se encentra en el Archivo Histórico Provincial de Palencia.
Obra musical del maestro Antonio Guzmán Ricis
Religiosa:
- Dolores de la Santísima Virgen de la Soledad, para solista, coro y orquesta, 1928; Miserere, para coro mixto, 1942.
Himnos:
- Himno de Cuenca, 1924; Himno de Palencia, 1924; Himno del Batallón de Infantería Ciclista, 1932; Himno de Saldaña, 1942; Himno al vapor Canalejas, s. f.
Rapsodias:
- Castilla, s. f.; Extremadura, s. f.; Asturias, s. f.
Coral:
- Ea, ea,…, para seis voces mixtas; El papudo de Paredes, para 6 voces mixtas; El tío Tomás, canon a cuatro voces mixtas, s. f.; Levántate morenita, poema musical a seis voces mixtas; Ojos morenicos, A la entrada del pueblo, ronda a seis voces mixtas; Las quejas; La zorrilla con el gallo; El pingajo; Los hortelanos; Paseábase el rey moro, romance; El cura de Perales; Dicen que soy orgullosa; De las sierras donde vengo; El Rengue; Lucerito que alumbras; Acarrea majito; La mozuela de Camasobre; No quiero tus avellanas; ¿Dónde vas a por agua?; Subí al árbol.
Zarzuela:
- El villano señor, 1932.
Ilustraciones líricas:
- Marzas, senda de paz, cuadro melodramático; La siega.
Cuadros sinfónicos:
- Romance de la mal casada; En casa del Tío Vicente.
Bocetos sinfónicos:
- Antonín.
Melodramas líricos:
- Lygea.
Poemas sinfónicos:
- La romería de Santo Toribio; Gacid.
Referencias.
Hemeroteca
- Boletín de la Asociación Nacional de Directores de Bandas de Música Civiles
- Boletín Musical de Córdoba
- Boletín Oficial de la Provincia de Palencia
- El Día de Cuenca
- El Diario Palentino
- El Día de Palencia
- El Eco de Cuenca
- El Liberal
- La Nación
- Ritmo
- La Tribuna Dominical
- La Tribuna de Cuenca.
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