Gómez-Lobo Mora, Arturo

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Arturo Gómez-Lobo Mora
Herencia (Ciudad Real).
1883 -
Ciudad Real.
1939.
Abogado, escritor, político.

Arturo Gómez-Lobo Mora es el ejemplo de intelectual de principios del siglo XX vinculado a La Mancha, tierra donde nació y desarrolló su labor profesional. Abogado de profesión, escritor, periodista y político, su vida constituye un ejemplo de rigor y compromiso social: un hombre que puso sus privilegios al servicio de los demás, cuyo papel desempeñado durante la Guerra Civil lo convirtió en un objetivo de la represión franquista. Nació el 31 de enero de 1883 en Herencia, localidad de la provincia de Ciudad Real, en el seno de una familia acomodada de la Castilla rural. Su padre, Laureano Gómez-Lobo González-Ortega era agente comercial y desempeñó cargos como presidente del Círculo Artístico Mercantil y concejal del Ayuntamiento de Ciudad Real.

Realizó los estudios de Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Ciudad Real y los completó en junio de 1899 con 16 años. Su interés por la escritura fue temprano y pronto se dedicó a enviar textos a la prensa. El primer texto encontrado es “A la noche” en Los debates (15-11-1900), periódico de Tortosa, y poco después le publicaron “Nostálgica” en La Correspondencia Alicantina (8-2-1901). Ambos escritos siguen la estética modernista que primaba en la época y en la que se instalaría, llegando a formar parte de los círculos literarios madrileños. Empezó la licenciatura de Derecho en la facultad de la Universidad Central de Madrid, aunque terminó sus estudios en la Universidad Literaria de Valladolid en 1911.

Sus años de juventud los pasó compaginando el estudio con el periodismo y diversas actividades culturales y sociales. Formó parte de los círculos estudiantiles y literarios en Ciudad Real, como revelan su participación en un mitin escolar en el verano de 1903 (El Heraldo de Madrid, 13-7-1903), el hecho de que inspirara a sus compañeros para fundar una revista estudiantil en Ciudad Real y los múltiples prólogos que escribió para sus amigos novelistas. En Madrid conoció al escritor Eduardo Zamacois Quintana, con el que trabaría amistad, y entabló relación con otros escritores y artistas como el periodista José Francés Sánchez-Heredero, el escritor Emiliano Ramírez Ángel o el músico José Subirá Puig.

Para 1907, formaba parte de la redacción del periódico El Labriego de Ciudad Real, mismo año que se fundó en la localidad la revista Mefistófeles (1907-1908), que contó con firmas de la intelectualidad manchega, Gómez-Lobo entre ellas, y otros conocidos escritores nacionales. Se tiene constancia de que publicó en diversas publicaciones de Ciudad Real, Toledo, Madrid y Valladolid escribiendo artículos de opinión, relatos breves y crítica literaria.

En 1908 se estrenó como novelista en la popular colección de novela corta El Cuento Semanal (1907-1912), fundada por Zamacois, con el cuento “La senda estéril” (nº57, 31-1-1908). Ese verano ganó en Ciudad Real el Certamen literario celebrado en agosto con su trabajo La literatura modernista y el idioma de Cervantes, obra citada en la actualidad en estudios de Historia de la Literatura Española y modernismo por sus reflexiones. Sus últimas publicaciones conocidas son dos cuentos publicados en la serie Los Contemporáneos (1909-1926), también de Zamacois: “La sima del misterio” (nº 55, 14-1-1910) y “Los desterrados” (nº 118, 31-3-1911). Todas ellas tuvieron repercusión en los medios y fueron celebradas por la crítica, tal fue así que aparecen en el tomo XIII de Historia de la lengua y literatura castellana (Época contemporánea: 1908-1920) del filólogo Julio Cejador Frauca (Madrid, 1920).

Después de obtener el título de Derecho a finales de 1911, volvió a Ciudad Real y empezó a trabajar como abogado fiscal en la Audiencia Provincial a principios de 1912. Allí se incorporó a la redacción de la revista cultural e ilustrada Vida Manchega (1912-1920), recién fundada, y colaboró con una sección titulada “Tierra llana”, con la que se ganó el sobrenombre de Cantor de la tierra llana, junto a artículos de diversa índole. Su estilo de periodismo fue principalmente literario con artículos que se asemejan al estilo de sus cuentos. De este periodo se pueden citar: “Invitación” (Mefistófeles, 10-11-1907); “Álbum romántico” de La Tarde (Toledo, 29-1-1909); “Las norias. Canción” (7-3-1912), “El campo. Elogio” (4-4-1912) y “Las canteras” (25-4-1912) en Vida Manchega; “Primavera mística” (24-1-1915) y “El medio” en El Labriego (15-8-1915); “La langosta” en La Esfera (Madrid, 16-7-1921), entre otros. Concretamente, según una nota, el texto de “El campo. Elogio” era la introducción de un libro que estaba elaborando, pero que, parece ser, no llegó a publicar.

Un tiempo después apareció en la localidad un periódico quincenal llamado El seno de Abraham (1915-1916), de corta duración, que lo dirigió Gómez-Lobo. Con la experiencia adquirida, fue nombrado director del periódico La Tribuna (1892-1920) y estuvo a su cargo entre 1916 y 1920. Aquellos años fueron fructíferos para el periodismo manchego y en 1917 se fundó la Asociación de la Prensa en Ciudad Real, en cuya primera junta directiva Gómez-Lobo fue vicepresidente y años después sería nombrado presidente en 1920 y 1929. El 4 de junio de 1915 fue inaugurado en Ciudad Real el local de la Sociedad La Peña con Arturo Gómez-Lobo de presidente. Significativamente, su primer acto fue costear una comida para familias necesitadas en la celebración del día del Corpus.

Su participación en la vida social y cultural fue constante y digna de mencionar, pues llegó a ser vicepresidente y presidente del Ateneo en 1918 y 1923, respectivamente, y presidente del Casino de Ciudad Real en 1922. Esta faceta suya por acumular presidencias se labró una mención en un divertido artículo del periódico local El Pueblo Manchego titulado “Lo que traerán Melchor, Gaspar y Baltasar” en el que su autor hace un repaso de los “regalos” que los Reyes Magos harían a las distintas personalidades y autoridades de la localidad. A Gómez-Lobo le augura “Una Presidencia, sea la que quiera, y un vale para pronunciar discursos” (El Pueblo Manchego, 5-1-1925). En 1921, se casó con María Catalina Muñoz Maldonado, una joven de la aristocracia manchega e hija del que fue diputado provincial, Álvaro Muñoz Jaraba.

Además de ser un miembro activo en los círculos sociales, Gómez-Lobo también lo fue en la política. El abogado se inició en ella en el Partido Liberal, capitaneado en la provincia por el diputado Rafael Gasset Chinchilla. De ideología liberal y progresista, fue un firme opositor de la pena de muerte, defensor de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, de las personas discapacitadas y de los trabajadores, temas que trató en conferencias y sus artículos. La estrecha relación con el partido se vio afectada en 1923 después de que lo eliminaran de la candidatura por la circunscripción de Alcázar de san Juan, supuestamente, para favorecer a otro candidato. Ese mismo año fue uno de los presentes, en su cargo como presidente del Ateneo, en la reunión que las autoridades ciudadrealeñas tuvieron con el dictador Miguel Primo de Rivera en torno a las conversaciones sobre la organización territorial (Vida Manchega, 2-11 y 5-11-1923).

No se tiene mucha información sobre Arturo Gómez-Lobo de los años de la dictadura, por lo que se puede intuir que mantuvo un perfil bajo, centrado en su trabajo y actividades culturales. En 1926 fue nombrado secretario de la Cámara Oficial de la Propiedad Urbana, cargo que ocupó, al menos, hasta 1935. Para la feria de agosto de Ciudad Real del año 1926, se organizó una exposición de retratos por el artista Rafael Cuenca Muñoz en el que fueron plasmados personajes ilustres de la localidad, entre los que se encontraba Gómez-Lobo. Ese año el folleto de ferias estuvo dirigido por los periodistas Francisco Colás Ruiz de la Sierra y Julián Morales Ruiz en el que se incluyen textos, poemas e ilustraciones de escritores, periodistas y artistas locales. Gómez-Lobo fue uno de los invitados a participar y escribió “El vellocino de la ilusión”, una crítica contra la desigualdad y las injusticias que resume perfectamente su pensamiento político:

Y bajo el filo homicida de la organización económica, los pobres, los disminuidos, los domesticados, que nacieron de la misma raíz, no pueden realizar sus sueños,—no alcanzan a veces ni esta vaga ilusión—no conocen el culto de su propia sensibilidad, ni pueden trabajar la obra del amor de sus hijos, ni deleitarse en las maravillas del lujo, ni de la salud, ni del trabajo fecundo, creador de independencias dignificadoras. Y en este triste claudicar, los hombres, diferidos de sí mismos en una casta inferior por el canibalismo de los detentadores de todo bien, van declinando haciendo inmortal en la progenie el crimen de los demás (Ciudad Real. Fiestas, 1926).

Con el tiempo, Gómez-Lobo viró del liberalismo progresista del gassetismo hacia un republicanismo izquierdista. En tiempos de la Segunda República, formó parte del comité provincial de la Agrupación al Servicio de la República, creada en 1931 por José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Asistió al congreso nacional del Partido Republicano Radical Socialista Independiente de Marcelino Domingo, en el que presidió la Mesa de Discusión (El Luchador, Alicante, 31-3-1934), y fue elegido presidente del Comité Provincial de Izquierda Republicana. Su cercanía y preocupación por la causa obrera le llevaron a ser uno de los abogados defensores de los juicios que se celebraron por los sucesos de la huelga general de octubre de 1934 ocurridos en el pueblo de Abenójar y Ciudad Real capital.

Su actividad política se intensificó en las jornadas que precedieron las elecciones generales de febrero de 1936. Organizó distintos actos en la provincia como fueron un mitin con Manuel Azaña en Manzanares y otro en Puertollano. Incluso fue uno de los candidatos por Ciudad Real, aunque no salió elegido por pocos votos. Después del golpe de Estado de julio, el trabajo que Gómez-Lobo había llevado a cabo y su trayectoria política le convirtieron en uno de los miembros principales del Comité Provincial del Frente Popular. Fue presidente de la Junta Central, vocal por IR en el recién constituido Tribunal Popular de la provincia en agosto de 1936, en el que actuó de jurado hasta junio de 1937, y fue también vocal de la Junta Delegada de Protección, Incautación y Salvamento del Tesoro Artístico provincial. Su popularidad le llevó a ser fruto de la difamación del general sublevado Gonzalo Queipo de Llano en enero de 1937. Injurias y bulos de las que se hicieron eco los periódicos nacionales y lo convirtieron en un enemigo político.

En julio de 1937, fue nombrado gobernador civil de Cuenca, cargo que ocupó hasta noviembre de ese mismo año. Gómez-Lobo retornó a Ciudad Real en enero de 1938 y es reseñable el elaborado discurso que dio por radio en la fecha del aniversario de la sublevación que terminó siendo publicado en forma de folleto. Uno de sus últimos actos fue asistir a la reunión en Madrid del Consejo Nacional de Izquierda Republicana. Perdida la guerra, fue detenido el 4 de abril de 1939 por la Guardia Civil en su domicilio. Durante la detención sufrió graves lesiones y fue llevado a un hospital militar móvil de campaña. El día 5 le tomaron declaración, en tal estado de salud que no pudo firmar el documento, en el que se le imputaba el conocido delito de adhesión a la rebelión por haber defendido al gobierno de la República y ser considerado “principal marxista”. Días después, Arturo Gómez-Lobo Mora fallecía a los 56 años en dicho hospital el 8 de abril de 1939 a causa de una “fractura de base de cráneo y conmoción cerebral”, siendo la primera de más de mil víctimas contabilizadas solo en Ciudad Real capital.

Si los acontecimientos no hubieran transcurrido de esa manera, Gómez-Lobo tampoco habría sobrevivido a las penas de muerte con las que la justicia franquicia condenó a miles de españoles en los primeros años del franquismo. El abogado y periodista de Herencia salió de su pequeño pueblo a la gran capital y se convirtió en un autor leído en toda España. El llamado cantor de la tierra llana por sus compañeros dedicó su vida a mejorar la situación de su región y ayudar a los demás, ya fuera en su trabajo, con la política o con su prosa. Un hombre que criticó con fiereza las injusticias y terminó siendo víctima de una. Sobre su recuerdo se impuso un silencio de décadas y la censura de una vida dedicada al trabajo. Un trágico ejemplo más del aparato de terror del franquismo y la persecución que sufrieron políticos e intelectuales republicanos en el camino que la dictadura forjó hacia la nueva España de Franco.

Bibliografía.

  • Buitrago Oliver, Juan Carlos, De la A a la Z. Los protagonistas de una larga Guerra Civil. Ciudad Real 1936-1944, Ciudad Real, Serendipia, 2023.
  • López García, Julián, “Arturo Gómez-Lobo (Ciudad Real)”, en Para hacerte saber mil cosas nuevas: Ciudad Real 1939, Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2018.
  • Sánchez Sánchez, Isidro, “Arturo Gómez-Lobo Mora”, Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha (2025)
  • “Arturo Gómez-Lobo”, en Wikipedia, S.f. [Consultado: 22-5-2026].

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