En esa época en que nació Emilio Arjona, cuando se tenía un hijo en las familias bien y en momentos bien, se pensaba enseguida en qué llegaría a pensar, crecer, vivir y poder estudiar ese niño. Y Emilio Arjona Carrasco fue a nacer en la Estación de Veredas-Brazatortas (Ciudad Real) el 9 de diciembre de 1926.
No sé sabe en qué renombrado colegio, de los que aparecen por esos años en otras biografías, pudo entrar Emilio después de la guerra civil. Pero un día tuvo que decidir por cuál entrar de las tres puertas posibles que atravesaban muchos bachilleres elementales si no tenían posibles para hacer estudios superiores fuera de su tierra, Castilla-La Mancha: Las puertas del Seminario, las de Comercio o las de la Escuela Normal de Magisterio.
Bueno, él tuvo que pensar, y eligió –o decidieron por él– que estudiara Comercio en el viejo y hermoso Caserón de los Marqueses de Triviño, junto a los jardines del Prado, en Ciudad Real, que tan fácilmente desapareció con Construcciones Romero.
Su relación con el teatro surge pronto y con fuerza hasta llegar a montar en aquel ambiente reinante dos obras de teatro: Milagro, de Linares Rivas, y Fuenteovejuna, de Lope de Vega. Dos experiencias que le valdrían pronto para poner “pie en tierra” a su futura larga experiencia como profesional, profundo conocedor del teatro posible en el contexto de postguerra en provincias. Y, sobre todo, el entendimiento con los dueños de la política cultural imposible, y el riesgo de intentarlo cada día.
Viaja a Madrid con la primera experiencia teatral manchega y con la necesidad de cerrar un camino profesional: Continúa sus estudios de Comercio y comienza a hacer de periodista con el Diario Lanza. Conoce el oficio y conoce el tema: reportajes y entrevistas.
También volvió a Ciudad Real, donde opositó y acabó trabajando en Banca (Puertollano, Estación de Veredas y Ciudad Real). Es en ese momento cuando entraría de lleno a satisfacer su vocación, el periodismo, no sin antes probar como industrial durante un tiempo.
A principios de los años cincuenta comienza su colaboración con Radio Ciudad Real en la serie “El mundo en Melodía” y, en 1952, agranda el paso y funda la revista Mundo Manchego con ayuda de su padre y colaboraciones de otras provincias. A la vez ven la luz el proyecto de su Teatro Popular de Cultura, la empresa “Trazo” de publicidad y los “Estudios Radiofónicos Bermejo”, desde donde transmitía los anuncios.
Este mismo año escribió la comedia dramática Eutanasia, de gran impacto en la población: una adaptación teatral de un reportaje publicado en el Reader Digest, representada en el Círculo Medina de Ciudad Real y otros lugares de la provincia.
Fue en 1953 cuando se cortó la cinta de salida para su mayor reto personal y profesional de este ilusionado, tenso e inquieto personaje manchego. Compañero para la profesión periodística, pese a su polivalencia; “Arjona” en la calle para muchos amigos y “Emilio” entre las mesas de la Redacción para algunos menos. Un personaje que despertaba alguna inquietud, un cierto halo misterioso y algo más temido –la libertad–, incontrolable bajo la negra piel de la Dictadura, versión 1, 2 o 3.
Al final de su jornada (casi inacabable), Emilio llenaba su particular coche de escenarios y, en cualquier esquina, ya no hablaba con sus amigos de la tensión con la Hoja del Lunes, ni del Gobierno Civil. Ni siquiera de la viajera del Teatro Popular a los pueblos cada sábado, o el inconveniente de hacer teatro popular cada sábado en escenarios de los cine-clubs sobre puertas falsas.
Se hablaba del ensayo de otras tardes con “La piel de nuestros dientes”, en el casi clandestino segundo piso del Gran Casino. Y no le gustaba Sean Connery como “007”. Preferíamos la voz de Shirley Bassey y el murmullo del motor contra la niebla.
Mucho se habló de que el punto cero de su proyecto personal era promocionarse como concejal de cultura y jardines. La lectura de otras biografías permite conocer cuáles eran las verdaderas inquietudes del poder municipal en esas mismas fechas sobre el futuro de la ciudad. La petición de que se crease una Concejalía de Cultura potente se había extendido. Y bastante antes, y como periodista de información local, Arjona arremetía desde la Redacción del diario Lanza contra la limpieza de la ciudad y el ajardinamiento y cuidado de los parques y plazas de la capital. Demandaba un proyecto que uniese una revisión del aprovechamiento cultural de la ciudad en los espacios abiertos, una mayor limpieza, y un nuevo impulso cultural general de la capital, burocratizada y adormecida.
¿Protestaba así contra las estrategias personales y políticas que, también desde el diario Lanza, sostenían el primer andamio (Torreón) en la realidad actual (2025) de la ciudad? A veces, las biografías están llenas de respuestas. Una de ellas fue el “regalo” ineludible de la doble concejalía otorgada a Emilio Arjona, como presidente de la Asociación de la Prensa que era cuando se presentó en aquellas elecciones municipales.
El momento en que toda la energía impulsada por Emilio Arjona creó el Teatro Popular de Cultura fue intenso y extenso, permanente, y llevó a la cultura de la provincia por una larga e ilustre actividad, desembocando en los Festivales Nacionales de Teatro Independiente, que eran los únicos y primeros festivales en toda España. El Ministerio de Información y Turismo los declaró por entonces de interés cultural con carácter nacional.
El 20 de junio de 1955, ingresó en la Redacción de Lanza y, por méritos propios, su director y compañeros lo acogieron y lo hicieron redactor de la Agencia Europa Press de Madrid, hasta el año 1992, en que se jubiló. En los sesenta había obtenido el carné de periodista.
Alternó el periodismo con su grupo de teatro, estrenando numerosas obras de autores españoles y extranjeros. En su quehacer está su tiempo como director provincial de Información Sindical y fundador de la revista semanal Mancha Sindical. También coordinó una ponencia: “Posibilidades turísticas en Ciudad Real y su zona de influencia” con su proyecto principal, que él llamaba “Ciudad mundial de los Molinos de Viento”, que tiempo después ha sido denominada como “Futuro ´Parque Temático´.
Desde 1971 en que fue elegido edil del Ayuntamiento de Ciudad Real por la Asociación de la Prensa, como concejal de Educación, Cultura y Limpieza y como tal permaneció ocho años, propuso al Ayuntamiento el citado Parque Temático “Ciudad de los Molinos”, pasó la recogida de basura al servicio nocturno y creó en el servicio de limpieza la primera planta de transformación de residuos sólidos. Organizó primeros grandes conciertos en colaboración con la Casa de Cultura y el Instituto de Estudios Manchegos; conciertos de música sacra, y el Certamen de Periodismo y Novela. Y mantuvo los Festivales de España de teatro, música y danza.
En 1988 abrió una galería de Arte en colaboración con la escritora y profesora Ana Moyano, llamada ARJANA con gran éxito y mereció un trofeo otorgado por la revista Correo del Arte.
Fue miembro la “Hermandad de Pandorgo” de la Asociación Cultural “Ciudad Real Quijote 2000”, de la cuadrilla “Los de la Blusa”, de la que fue cofundador, así como de la Asociación “Amigos del Teatro” y creador e impulsor del Certamen Literario «Sancho Panza». En el año 2011 fue nombrado «Ciudadano ejemplar» por el Ayuntamiento de la capital manchega.
No obstante, por encima de esta extensa labor y su vocación periodística merecería un apartado más profundo su trabajo como maestro de actores, gestor de iniciativas teatrales nunca más ni olvidadas ni reproducidas como las rutas teatrales de la Compañía del Teatro Popular de Cultura a los Pueblos más lejos de la provincia; su capacidad de establecer lazos de colaboración por encima -y por debajo de las diferencias de creencias y visiones sociales- del régimen político o el ambiente laboral propiamente dicho.
Y, sobre todo, la “escuela teatral” que durante años se creó en la segunda planta del Gran Casino de Ciudad Real y el grupo de actores y actrices que después desarrollaros su vocación sobre las tablas de los teatros y la televisión españoles.
Murió en Ciudad Real el 31 de diciembre de 2018.
