Nació Emilio Bueno Galán en Toledo, en octubre de 1878, en una familia de artesanos y empleados singularmente representativa de las inquietudes de renovación progresista que agitaron la sociedad toledana a lo largo del siglo XIX. Tanto su abuelo, Juan Bueno García, uno de los primeros libreros de la ciudad, como su tío Gabriel Bueno, literato y periodista, y su padre, Pedro Bueno García, carpintero, casado con Bruna Galán Moreno, ambos igualmente oriundos de Toledo, se habían distinguido por su compromiso activo en el movimiento societario y republicano. Su actuación personal supondría, sin embargo, la integración acomodadiza de tales inquietudes en las coordenadas sociales y políticas de la Restauración.
El joven Bueno ingresó pronto en la función pública, siguiendo las huellas de su tío Gabriel (fallecido tempranamente, cuando él aún no había cumplido cinco años), como oficial de la fiscalía de la Audiencia Provincial, a la vez que abordaba la creación literaria para tratar con espíritu jocoso asuntos de tema social o que preocupaban a sus conciudadanos, al igual que su tío, cuyos escritos conservaba la familia. Fue autor de la letra de una revista cómico-musical, Cuadros sueltos, representada en 1902 con relativo éxito, en la que diversos personajes, entre ellos “un cicerone a perro chico”, guían por Toledo a un visitante extranjero y discurren sobre cómo sacar a la ciudad de su decaimiento.
Poco después se integraba en el Partido Liberal Democrático, fundado por José Canalejas y Eugenio Montero Ríos en 1903 y se inició en el periodismo colaborando en el órgano provincial del partido, Tribuna Pública, con composiciones poéticas en su mayoría de contenido político y de carácter cómico o satírico. Dio continuidad a ese enfoque en La Voz de la Juventud, periódico dirigido por el secretario del casino republicano, Francisco de Mora, en el que publicó versos festivos con el título general de “Vocecillas cómicas”. Por la misma época comenzó a interesarse tanto por el deporte ciclista como por la fotografía, afición que le llevó a ofrecer sus servicios desde 1903 en publicaciones periódicas madrileñas y que le hizo ganador de un accésit en el concurso fotográfico convocado en 1906 para las fiestas de agosto de la ciudad.
Dio el salto definitivo al periodismo semiprofesional tras el cierre del segundo semanario citado. Entró entonces en la redacción de La Campana Gorda, cuya dirección ocupó de manera interina a mediados de 1905 y donde quedó al cargo de una sección de poesía cómica titulada “Volteos toledanos”, que a veces le atrajo las iras de los moralistas católicos por su jocoso desenfado. Poco después contrajo matrimonio con la también toledana Eulalia Pascuala Rodríguez Minaya, seis años mayor que él. A fines de ese mismo año, fue además nombrado secretario de la alcaldía, presidida entonces por el liberal, coetáneo suyo, Pedro Martos de la Fuente, propietario afín a Montero Ríos, presidente del Consejo de Ministros, cuyas posiciones políticas y las de su yerno Manuel García Prieto él mismo sostuvo de manera constante. De ese cargo dimitió al ser Martos sustituido por el conservador José Benegas. Si bien no había renunciado a las ideas democráticas y se declaraba “hijo de obrero”, se alejaba del radicalismo familiar, acaso influido por la formación católica adquirida durante su paso juvenil por el Seminario, y se avenía con el clientelismo político imperante en la población, sujeta a los intereses y conveniencias caciquiles de los centros de poder madrileños vigentes en el régimen de la Restauración tras la mayoría de edad de Alfonso XIII.
Ya definitivamente encuadrado dentro de la disciplina liberal, fue designado representante de la fracción mayoritaria del partido en la junta formada en alianza con los disidentes demócratas del mismo y los republicanos de cara a las elecciones municipales de mayo de 1909, en las que resultó elegido concejal. Su cercanía personal a prebostes de la ciudad afines a García Prieto le llevó a ser asimismo designado teniente alcalde, pese a no figurar en casi ninguno de los círculos y actos sociales organizados en la población, en los consistorios presididos primero por el conservador Juan San Pedro y, a partir de enero de 1910, de nuevo por Pedro Martos. En las siguientes elecciones, en noviembre de 1911, fue otra vez elegido y nombrado teniente alcalde segundo, cargo que iba a mantener hasta fines de 1915 en consistorios presididos por alcaldes tanto liberales como conservadores.
Para entonces, aparte de haber quedado personalmente afectado por el fallecimiento casi simultáneo de sus padres a principios de año, había renunciado ya a su puesto en el consistorio municipal. Fuera por la campaña que la Casa del Pueblo, tras el motín de mayo por la subida del precio del pan, organizó contra él de cara a las elecciones municipales de noviembre o por otra razón, no volvió a presentar su candidatura en ninguna convocatoria electoral. Con todo, siguió militando en el Partido Liberal Demócrata de García Prieto, de cuyo comité local fue elegido vocal en 1917, último acto de su intervención en política, y participando en la vida social como miembro de la junta directiva de la plaza de toros y de instituciones como el Ateneo de Toledo, la Asociación Defensora de los Intereses de Toledo, en la que no detentó cargos, o en la junta instituida en 1918 para la construcción de un grupo escolar.
En el ejercicio de su función municipal se limitó a jugar un papel secundario hasta 1914, como cabía de alguien cuya situación económica y profesional impedía gozar de influencia personal. Destacó inicialmente tan solo por sancionar, en cuanto presidente de la comisión municipal de policía, orden y sanidad, las frecuentes corruptelas comerciales de los expendedores de productos de consumo. Tras ser elegido regidor por segunda vez, obtuvo alguna notoriedad por proponer la creación de una banda municipal que, por la dificultad del Ayuntamiento para cubrir su coste, no llegó a ver la luz sino más de dos años después y como iniciativa privada.
Adquirió renombre desde inicios de 1914, apoyado entonces por el alcalde conservador Félix Conde Arroyo, a quien sustituyó en diversas ocasiones como alcalde accidental. Fue entonces nombrado, en sustitución del catedrático del Instituto, Teodoro San Román, secretario de la junta organizadora de los actos conmemorativos del tercer centenario de El Greco. Se significó poco después, asimismo, por las exitosas gestiones emprendidas, junto al presidente de la Diputación, el alcalde y el abogado defensor, Andrés Álvarez Ancil, a favor del indulto de Aniceto Camuñas, condenado a muerte por asesinato. Su protagonismo se vio reafirmado a comienzos de 1915, al ser integrado en una comisión municipal encargada de solicitar al gobierno la instalación en Toledo de la fábrica de cañones para la marina propuesta en el Congreso. Las diligencias no dieron el fruto buscado, pero de ellas derivó el encargo gubernamental de aumentar la producción de cartuchería Mauser en la fábrica de armas, con la consiguiente contratación de buen número de nuevos obreros.
Seguía mientras formando parte de la redacción de La Campana Gorda, donde ocupó el puesto de redactor-jefe literario hasta el cierre de la publicación en enero de 1916, aunque se presentaba sin título académico alguno y con el simple oficio de propietario. En ese periódico escribió con cierta frecuencia prosa literaria y poemas líricos y se ocupó asimismo de realizar ocasionalmente crónicas taurinas movido por su afición por la tauromaquia, que le movía a desplazarse con frecuencia a Madrid junto con otros aficionados toledanos para acudir a su coso y le llevó a ser nombrado secretario de la sociedad explotadora de la plaza de toros a partir de 1911. Fueron tareas que simultaneó, desde febrero de 1913, con la de redactor de El Eco Toledano, de cuya dirección se hizo cargo entre noviembre de 1914 y octubre de 1915 y donde, además de publicar textos con similar pretensión literaria y comentarios taurinos, recuperó su vena festiva con poemas jocosos de asunto social y versos satíricos de intencionalidad política. Cesado en El Eco y clausurada La Campana Gorda, aún se hizo cargo de la dirección de El Liberal de Toledo, periódico que el partido liberal demócrata puso en circulación hasta marzo de 1917.
Pocos años después, en mayo de 1921, falleció tras larga enfermedad sin haber dejado descendencia.