Primeros años.
Nacido en Cuenca, fruto del matrimonio de los optenses Mariano Sánchez Almonacid y de Josefa Vera del Amo, Emilio Sánchez Vera es partícipe y testigo desde sus primeros años de un entorno familiar cuyas singularidades abonan su relación con la literatura, el periodismo y la política. Experiencias vitales que en buena lógica, quedarán reflejadas, como veremos, en sus actuaciones y actos. Influidos por la polifacética figura de su padre, Mariano Sánchez Almonacid, los Sánchez Vera (José María, Emilio, Ángel Juan y Ana María) serán una singular familia que gozará de gran estima entre sus contemporáneos conquenses y en este ambiente de cultura, de liberalismo y de estudio se educaran.
La República de las Letras.
Emilio cursó sus primeros estudios en el Instituto Provincial de Cuenca. Desde muy joven reveló aptitudes para la Literatura. Como literato se distinguió mucho y dejo obras de singular mérito. Cultivó con gran afición y asiduidad la poesía siéndole premiadas multitud de composiciones en Juegos Florales y certámenes literarios en Barcelona –siendo aún estudiante y con motivo de la Exposición Universal de 1888-, en Sevilla, Zaragoza, Cuenca, Orihuela, La Orotava, etc., obteniendo en Albacete la Flor de oro por su hermoso poema Dulcinea y el accésit en los de Zaragoza por su extensa silva Don Quijote y Dulcinea. También en prosa le fueron premiados en públicos certámenes los relatos Un castillo de España (Sevilla), Opera Magna (Orihuela) y un precioso cuento –lleno de ardiente patriotismo- titulado La génesis de un héroe por La Ilustración Española y Americana, su conocidísima novela In illo tempore por La Novela Ilustrada –que por aquel entonces dirigía Blasco Ibáñez- y el drama en verso Martín Alhaja. Fruto de su ardiente patriotismo, Emilio publica el bello y ameno relato “La génesis de un héroe” en las páginas de La Ilustración Española y Americana.
Su estilo literario inundo cientos de cuartillas y las páginas de diversos periódicos y publicaciones especializadas como La Semana Cómica, La Comedia Humana, La Saeta, Albúm-salón, Madrid Cómico, Nuevo Mundo, La Revista Moderna, Logroño Cómico, El Diario de Murcia o El Thader. En Cuenca, el aserto poético de Sánchez Vera será asiduo en las páginas de La Giralda, Mangana, Juventud y El Progreso Conquense. Había publicado, además, un tomito de Efemérides Conquenses (1896) que no eran otra cosa que el famoso Almanaque del periódico El Huécar.
Junto al torrijeño (TO) Emilio Aranda Toledo, catedrático en el Instituto de Cuenca de las asignaturas de Latín y Lengua Española, publicó Emilio una Gramática latina elemental en 1895 impresa en Cuenca en los talleres de Celedonio León. Tuvo una 2ª edición, corregida y aumentada por Aranda, el año siguiente (Tipografía La Gutemberg, La Coruña) y nuevamente en Palencia (Imprenta y Librería de Abundio Z. Menéndez) en 1897. Rubén Darío, por mediación de Antonio Machado, compañero de Emilio Aranda en el Instituto de Soria, recomendó esta obra al gobierno nicaragüense para su utilización en el sistema de Enseñanzas Medias del país centroamericano.
Carrera profesional.
Tras el bachillerato y con el fin de estudiar una carrera se traslada a Madrid, matriculándose primero en la Facultad de Derecho de la Universidad Central y posteriormente en la Escuela Superior de Diplomática, ingresando en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios por oposición en 1896 en la especialidad de Museos. En 1896 ingresará en el cuerpo facultativo en la categoría de ayudante de 3er grado siendo destinado a la Biblioteca de Tarragona en 1896. Ese mismo año es trasladado al Archivo General del Ministerio de la Gobernación (1897). Continuará Emilio su labor profesional como bibliotecario de la Escuela Superior de Artes e Industrias (1900), en el Archivo-Biblioteca del Ministerio de Gobernación (1902) y en la Biblioteca de Medicina (1907).
Durante su estancia madrileña le dio tiempo a Emilio de formar parte del Centro Regional Manchego. De la junta directiva presidida por el conquense José Martínez Acacio formaba parte Sánchez Vera en calidad de secretario. Fundado en 1906, entre las aspiraciones de esta especie de Consulado de la Mancha en Madrid estaba la de fomentar los lazos de solidaridad entre las cuatro provincias.
Casado con Josefa Giménez Cano, hermana de Juan Giménez Cano (de Aguilar), por conveniencias familiares abandonó Madrid en 1915, pidiendo traslado y obteniendo como destino definitivo la Biblioteca Provincial de Cuenca. Desde que vino destinado a Cuenca, dedicó su actividad, con gran entusiasmo, a la educación y cultura popular. Una de las más notables y progresivas iniciativas de Emilio Sánchez Vera como responsable de la Biblioteca Provincial va a ser las conferencias para obreros organizadas en el Instituto. Estas conferencias, que se celebraban los sábados, después de la hora de cerrar talleres y fábricas, tenían la sana y honrosa misión de ilustrar a la masa obrera y fueron el germen del Ateneo Conquense. Dieron comienzo el 9 de octubre de 1915 y a juzgar por las crónicas de la época fueron un rotundo éxito de asistencia.
En el efímero tiempo de su última etapa conquense, el poderoso cerebro organizador de Emilio Sánchez Vera ideó e hizo nacer la Asociación de la Prensa Conquense, el Ateneo Conquense -de vida floreciente y actuación brillante y eficaz-, creó la Comunidad de Labradores -de la que era presidente a su fallecimiento y el periódico vinculado a ésta, La Tierra-, el Sindicato y la Cámara agrícolas -modelos de organización y orientación hacia nuevas formas del desenvolvimiento de la vida de la clase agraria- y reorganizará el Partido Republicano de Cuenca del que era presidente del comité provincial a su muerte. Organismos y sociedades, éstos, que iniciaron, desde el momento de su constitución, una era nueva en la vida social conquense y una, aún más honda, transformación en la vida política de nuestra provincia y que se verán truncados a la muerte de Emilio por los tejemanejes caciquiles.
La Asociación de la Prensa Conquense
Emilio Sánchez Vera también vivirá las amarguras y espinas que de ordinario tiene la honrosa profesión periodística. En sus primeros años comenzó a colaborar en prensa, tanto en cabeceras de la capital como en las de otras provincias. En Cuenca, en su juventud, dirigió el periódico El Huécar. Como periodista quiso Emilio crear en Cuenca una Prensa digna de todos los respetos, capaz de influir en la manifestación de la vida local, demostrando con ello la influencia que estas hojas periódicas estaban adquiriendo en la opinión pública, en las esferas de autoridad y en los Gobiernos.
El periodismo era una de sus grandes aficiones y en Cuenca volvió a la vida activa del periodismo, en la cual alcanzara tan legítimos triunfos en su juventud. En 1918 funda, da a la luz pública y dirige el batallador periódico político, de carácter republicano agrario, con el simbólico nombre de “La Tierra”. Desde esta tribuna, la ingeniosa y desenfadada pluma de Sánchez Vera, defenderá los intereses de los jornaleros del campo y luchará contra la lepra social y única responsable del atraso y malestar de los pueblos: el caciquismo.
Como periodista va a colaborar en “Vida Obrera”, publicación de la que Emilio era suscriptor -y en la que se van a publicar algunas de sus frases y pensamientos más célebres- y en el órgano de la Federación Republicana de Cuenca: el semanario “El Eco”, dirigido por el médico Antonio Acebo. En este periódico, como cédula de presentación, Emilio Sánchez Vera escribirá una serie de artículos en los que defenderá que la salvación de la Patria y la derrota del caciquismo solamente podía estar en el molde de una nueva República y de hombres nuevos: la llamada –por Álvaro de Albornoz- generación republicana de 1900. El último número de esta primera etapa de El Eco fue el día 26 de febrero 1919. Un día después de la muerte del consecuente republicano Emilio Sánchez Vera. ¿Casualidad? No lo creemos así.
De su iniciativa también echará a andar la Asociación de la Prensa Conquense. La idea estaba clara: reivindicar la dignidad de la prensa local. Merced a las gestiones que venía practicando Emilio desde el otoño de 1915 para constituir en nuestra capital esta simpática Asociación de la Prensa, la reunión fundacional tuvo lugar el jueves 30 de diciembre de 1915 en uno de los salones del Círculo La Constancia donde, en un tono de protestas, de compañerismo y de confraternidad, las redacciones de los periódicos El Liberal, Papel y Tinta, El Día de Cuenca, La Reforma y El Progreso Conquense, se unieron al acuerdo de nombrar una ponencia compuesta de los directores de los citados periódico, teniendo como presidente a Emilio Sánchez Vera, encargado de redactar un proyecto de Estatutos y Reglamento por el que había de regirse esta asociación.
En el mismo salón del Círculo, el día 3 de enero de 1916, lunes, a las seis de la tarde, fueron convocados todos los periodistas conquenses que en aquel momento estaban en activo. Emilio Sánchez Vera, Juan Giménez de Aguilar, Leopoldo Garrido Romero, Julián Velasco de Toledo, Modesto López-Malo Palomino, Eusebio Chust del Rey, Federico Rodríguez Delgado (Hidalguis y Beni-Sube), Victoriano Lucas, Abel Abad, Antonio Benítez Poveda y Luis Cabañas, procedieron a la lectura, discusión y aprobación, por unanimidad, de los estatutos y el reglamento de la asociación. Acto seguido se procedió a la elección de la Junta definitiva que debía actuar durante el año 1916 y que quedo presidida por Emilio Sánchez Vera.
El Ateneo Conquense.
Como señalamos, el germen del Ateneo Conquense hay que buscarlo en las conferencias del Instituto. Siguiendo el curso de vulgarización científica, Emilio Sánchez Vera, fue el alma mater de estas conferencias organizadas en el paraninfo del Instituto General y Técnico de Cuenca. Eran conferencias populares dedicadas al elemento obrero y se celebraban los sábados. La idea del cultísimo bibliotecario del Instituto era que continuasen después con las que habían de darse por parte de intelectuales venidos de Madrid. Esta interesante iniciativa e intensa labor cultural de Emilio Sánchez Vera, digna del mayor encomio y bienandanzas posteriores, determinarán la creación del Ateneo Conquense donde Emilio quiso reunir a los que en Cuenca brillaban por la luz propia de la inteligencia.
Reciente aún el éxito de Emilio Sánchez Vera de organizar la Asociación de la Prensa Conquense, su espíritu novador consiguió la vieja aspiración de fundar el Ateneo Conquense como prueba de su amor a la cultura y a su patria chica: Cuenca, una suerte de Dulcinea amada dueña de sus más altos pensamientos. La iniciativa fue acogida generosamente por la intelectualidad conquense del momento y por la directiva del Círculo “La Constancia” de la que Emilio era bibliotecario y más tarde será vicesecretario bajo las presidencias de Joaquín Lumbreras.
Las conferencias del Instituto fueron un brillante ensayo y alentado por aquel éxito del caudal intelectual de Cuenca, Emilio, junto a un grupo de setenta amantes de la divulgación cultural, en uno de los salones del Círculo, crearon el Ateneo Conquense en orden de promover la cultura y la educación cívica de la ciudadanía conquense. El Ateneo, con carácter provisional, ocupó la planta baja del antiguo Hotel del Comercio, en el referido Círculo, con objeto de erigir en ella la sede social de este centro cultural. Los gastos de alquiler, mobiliario y dependencias fueron sufragados en un primer momento por “La Constancia”. En esa misma reunión quedó aprobado el Reglamento del Ateneo y fijada en 2 pesetas la cuota que se había de satisfacer mensualmente para ser socio. Emilio, como ideólogo, creador y socio fundador del Ateneo, formó parte de la primera Junta Directiva en calidad de vicepresidente 1º y vicepresidente de la sección de Literatura. La primera presidencia del Ateneo estuvo a cargo de Enrique de las Cuevas Rey, jefe de Montes del distrito forestal de Cuenca.
La solemne inauguración del Ateneo, el 9 de abril de 1916, constituyó, a nuestro juicio, uno de los momentos más trascendentales en la historia cultural conquense. En la Memoria leída por Emilio Sánchez Vera al conmemorar el acto de inauguración se manifestó la necesidad de encauzar la potencialidad intelectual conquense en una institución como el Ateneo. El honor de pronunciar el discurso inaugural corrió a cargo del notable catedrático de la Universidad Central y gran difusor de las bellezas naturales de Cuenca, Odón de Buen.
No queremos dejar de mencionar aquí la enseñanza de cátedras gratuitas que organizó la Sección de Ciencias del Ateneo. Empezaron a funcionar el 16 de noviembre de 1916 estas enseñanzas gratuitas en las que no se exigía ningún requisito más que el conocimiento de las cuatro reglas de Aritmética con números enteros. Las inscripciones se realizaban en el domicilio de Ateneo y en las sociedades obreras de la capital. Entre el alumnado había no pocas mujeres.
El asociacionismo agrario: la Comunidad de Labradores de Cuenca.
En la organización de la Comunidad de Labradores de Cuenca puso Sánchez Vera toda su voluntad porque creía que los beneficios en favor de la agricultura, y de los agricultores –y a la larga del pueblo de Cuenca- iban a ser inmensos. Y así, del sereno pensar, del recto juicio y de la tenacidad de hierro de Emilio nacerá en enero de 1917 la Comunidad de Labradores de Cuenca, en quien los oprimidos labradores conquenses vieron una especie de alma redentora que les despertara de su servil letargo. En pocas semanas vivificó Emilio el asocio y defendió como nadie los derechos y aspiraciones emancipadoras de los trabajadores del campo. Elegida por unanimidad la Junta estuvo presidida por Emilio Sánchez Vera. Bajo su presidencia nacerá también la Cámara Agrícola estaba encaminada a la unión de todos los agricultores y a la defensa de los intereses agrarios de la provincia de Cuenca siempre tan preteridos y abandonados por los Poderes Públicos.
En pro de un ideal… el ideal republicano.
Los inicios republicanos de Emilio Sánchez Vera debieron comenzar en su etapa estudiantil en Madrid. Aquí, junto a su hermano Ángel Sánchez Vera y otros conquenses como su primo Remigio Sánchez-Covisa Azofra y José Martínez Acacio se inscribirá en el movimiento republicano de la Universidad Central. Así, se adherirán a la manifestación en favor del catedrático Miguel Morayta y estarán en el núcleo fundacional del famoso Ateneo Familiar (1888) tan vinculado al librepensamiento español. En Madrid será uno de los muchos jóvenes republicanos que se adherirán a la Asamblea Nacional Republicana (1903) que da lugar a un grupo denominado Partido Republicano presidido por Salmerón y en el que se integrarán los progresistas del doctor Esquerdo.
Emilio también ocupará la presidencia de la Juventud Republicana de Cuenca en 1894 desde donde se recuerda con ardor su campaña en favor del ferrocarril Cuenca-Utiel que secundó en las páginas de su semanario El Huécar. Un año después aparece certificando un acta como miembro de la Junta Provincial interina del Partido de Fusión Republicana del que era secretario.
Muchos años más tarde, Emilio Sánchez Vera será el encargado de reorganizar las fuerzas republicanas de la capital y provincia de Cuenca, secundando las órdenes del Directorio Nacional. Para conseguir esto, todas las miradas se fijaron en un hombre: Alejandro Lerroux máximo representante del republicanismo histórico. Entre los días 26 y 28 de noviembre de 1918, en el Círculo La Constancia, un buen número de distintas personalidades conquenses significadas por sus ideas democráticas, se reunieron a tal objeto acordando nombrar un comité local del partido republicano formado por Emilio Sánchez Vera, presidente; Antonio Acebo, vicepresidente; Abel Abad, secretario; y Alfredo García, Aurelio Almagro, Juan Verde y Justiniano López Fontana, como vocales. En la reunión se acordó también publicar un manifiesto dirigido “A los republicanos de la provincia de Cuenca” -circulado con arreglo a las listas de afiliados de la Federación Republicana de Cuenca que existían en 1903-, celebrar una gran Asamblea con un gran mitin de afirmación a celebrar entre los días 10 al 12 de enero de 1919 con la presencia del elocuente abogado y destacado ateneísta madrileño Álvaro de Albornoz y los batalladores diputados republicanos Marcelino Domingo, Roberto Castrovido y Manuel Marraco y emprender una activa campaña propagandística por medio de la publicación de un órgano en la prensa: El Eco. Más tarde, a la muerte de Sánchez Vera -en plena organización de las izquierdas democráticas y de los republicanos conquenses-, Aurelio Almagro, presidente de los republicanos conquenses, se hará con la dirección de El Progreso Conquense. Aún estaba lejano el día en que el colapso del régimen monárquico diera paso a un nuevo Amanecer republicano.
El mitin y la manifestación pro subsistencias.
La prensa conquense en un momento de quijotismo asumió la capitalización del mitin y la manifestación pro subsistencias y se erigió como un verdadero Cuarto Poder. Desde las columnas del periódico republicano El Eco proponen que Emilio Sánchez Vera, director de La Tierra, cite a una reunión en que toda la prensa acuerde campañas para acabar con la Junta de Subsistencias y con los abusos de la compañía M.Z.A. El domingo 19 de enero de 1919 toda la prensa periódica de la capital reunida en el domicilio social del Ateneo conviene unánime imponer la necesidad de emprender una activa gestión de prensa y provocar actos de pública manifestación que exteriorizasen el general malestar del que era víctima el oprimido y sufrido pueblo conquense por parte de los gobernantes.
En este gran acto de afirmación ciudadana –y de las fuerzas vivas de Cuenca-, el 26 enero de 1919, la figura de Emilio Sánchez Vera se acrecentó y agigantó sobremanera. Fue él quien, desde la tribuna pública y con fogosas y valientes palabras, explicó la trascendencia del acto y capitaneó, al grito de “Porque el pueblo somos nosotros”, este acto de afirmación de la ciudadanía conquense, cansada del caciquismo y de esperar a alguna medida de buen gobierno por parte de las autoridades
Ha muerto Sánchez Vera.
La Parca sorprendió a Emilio Sánchez Vera en la cumbre de sus nobles propósitos y de su grande popularidad entre el pueblo. Laborando por los intereses morales de la ciudad, en defensa de los cuales organizó el mitin y una manifestación, sufrió un enfriamiento que degeneró en un fuerte ataque gripal que le ocasionó la muerte. La enfermedad que venía padeciendo desde el 29 de enero de 1919 tuvo un fatal desenlace a las doce del día 25 de febrero de 1919. En plena juventud, a los 49 años de edad, falleció Emilio Sánchez Vera. Con su muerte desapareció uno de los más firmes prestigios de la intelectualidad conquense y uno de sus más firmes defensores. La malhadada noticia recorrió la ciudad: ¡Sánchez Vera, ha muerto!, llenando de lágrimas muchos hogares conquenses. A la Casa Blanca acudieron a velar a Emilio los parientes más íntimos y amigos del finado y numerosas personalidades de todas las clases sociales, entre quienes supo captar simpatías generales. La prensa local daba la triste noticia tributándole emocionados artículos necrológicos. El entierro de Sánchez Vera fue una imponente manifestación de duelo del pueblo conquense. Por Casa Blanca desfilaron a las cuatro de la tarde del miércoles 26 de febrero nutridas representaciones de todas las clases sociales, testimoniando a la familia del infortunado Emilio, el sentimiento sencillo y unánime que produjo su fallecimiento. Hasta la parroquial de san Esteban, donde se despidió, fue acompañado, por una verdadera manifestación de contristados conquenses que lo condujo después al cementerio municipal.
Una iniciativa justa. La calle Emilio Sánchez Vera.
Dos años más tarde, un 26 de febrero de 1921, en un día desapacible, pero con una solemnidad extraordinaria, el pueblo de Cuenca -ese que tantas veces recibió su obra redentora- fue a recordarle con cariño, respeto y devoción y a perpetuar su nombre en lápidas de mármol en una céntrica calle de la ciudad. A él acudieron todas las clases sociales, siendo la más numerosa el elemento obrero de la ciudad. Por iniciativa del Ateneo Conquense, la Comunidad de Labradores y a instancia del concejal de la sociedad obrera La Aurora se consiguió que el Ayuntamiento, por unanimidad, nombrara esta céntrica calle de la ciudad en su honor colocándose solemnemente las lápidas de mármol blanco que hay existentes con el nombre de calle Emilio Sánchez Vera. La sociedad conquense celebraba así un merecido homenaje a la figura de Emilio Sánchez Vera, el buen patriota.
El Centro de Estudios Conquenses y la Fundación Sánchez Vera.
La idea de instalar en el malogrado inmueble en la confluencia de las calles Los Tintes y Fray Luis de León un Ateneo, Centro de Estudios Conquenses o Biblioteca y Museo Romántico con el nombre, en honor y recuerdo a la memoria y obra de su hermano Emilio Sánchez Vera y de la de su padre Mariano Sánchez Almonacid la ideó e intentó en poner en funcionamiento en vida -sin éxito- Ángel Sánchez Vera. El principal objetivo de la institución debía ser el fomento de la investigación, el estudio, conservación y difusión de todo cuanto estuviera relacionado con Cuenca capital y su provincia; el archivo y custodia de documentos, libros, objetos, datos, etc., -que se reunieron a este fin-, de modo que no se perdiera el fruto de los trabajos de la familia Sánchez Vera para aprovecharlos en posteriores publicaciones.
¡Loor a los nuestros! ¡Loor a Emilio Sánchez Vera! ¡Viva Cuenca!
