A los quince años comienza como aprendiz en uno de los más prestigiosos laboratorios de Madrid: Agencia Ortiz, y después en Campúa, donde aprende técnicas fotográficas de laboratorio y periodísticas. Llega a Campo de Criptana (Ciudad Real) en 1950 y permanece hasta 1966, con el nombre de “Estudios Dumny”. Inicia una nueva etapa como fotógrafo, reportero de acontecimientos sociales y religiosos. Contrae matrimonio en 1955 y aquí nacen sus cuatro hijos.
Fueron tiempos difíciles y precarios, de mucha necesidad los que vivió en Criptana, en ese período, donde las gentes se fotografiaban en contadas ocasiones. Reportero de acontecimientos sociales, como bodas, bautizos, comuniones, o retratos de carnet de identidad, etcétera, que alternaba con otros de mayor calado social, como las procesiones, la vendimia, o la matanza, plasmando la vida de un pueblo con su cámara Kodak Retina, para dejar constancia de ello, hasta 1966 año en que regresa a Madrid.
Fue testigo de una realidad que aun siendo cercana se nos antoja mucho más remota, en esa España del blanco y negro. Es el retrato vivo de unas gentes, en un contexto histórico geográfico y social de aquellos años. Sus fotografías alcanzan la universalidad al retratar este pueblo, con sus paisajes y molinos cervantinos, en un momento de máximo esplendor; lugar que la literatura cervantina proyectó al mundo.
Tiene publicados tres libros magníficos, -agotados-, que componen una Trilogía: Imágenes, Molinos, y Retratos; editado por el Ayuntamiento de Campo de Criptana, con la ayuda del programa “los Legados de la Tierra”, de la Junta de Castilla-La Mancha, y de la Diputación de Ciudad Real.
A partir de las donaciones que fue haciendo se creó la Fototeca Municipal (2002), apoyada por los talleres de fotografía de la Universidad Popular, hasta llegar a la donación definitiva de toda la colección de negativos que realizaría la familia, como “Legado de Isidro de las Heras”, en marzo del 2019, y que estaría en torno a cuarenta o cincuenta mil negativos, iniciándose, a continuación, las bases de un largo y lento proceso de catalogación.
Sus fotografías han aparecido en revistas y periódicos, así como en exposiciones y Jornadas fotográficas, que le han dedicado sobre su obra. Aun así, de ella solo se conoce la punta del iceberg, de esta gran colección que permanece sumergida en el fondo de los miles de negativos, aun por terminar de descubrir y de estudiar la obra de un fotógrafo que plasmó la vida de La Mancha y sus gentes, de manera excepcional.