A principios de 1929 nació en Ceclavín (Cáceres) Juan Arias Galán, uno de los seis hijos que tuvieron Leoncio Arias Granados y Aurelia Galán Amores. Aunque Ceclavín tiene una larga tradición alfarera, no se sabe nada de que la familia de Leoncio estuviera involucrada en ella. Pero gracias a la hija de Juan Arias, María Luisa, que me suministró los datos personales de la familia, sabemos que su abuelo Leoncio sí sabía leer y escribir.
Sería en los años veinte del siglo pasado cuando el padre de Juan vino a El Puente del Arzobispo para trabajar en un comercio que regentaba un tal Casiano Galán. Allí conoció a Aurelia, la hermana de éste, y se hicieron novios. Para casarse se marcharon a Ceclavín, donde tuvieron sus primeros cinco hijos: Marcelina, Juan (foto 2 y 4), Gregoria, Julia y Fermín y seguirían viviendo hasta 1940. Entonces la familia volvió a Puente y Leoncio empezó a trabajar de guarda de una dehesa en la cercanía del pueblo, propiedad de su cuñado Casiano. El joven Juan entonces ayudaba a su padre en las tareas del campo hasta que le tocó el servicio militar a principios de los años cincuenta (foto 3).
En 1948 nació María, hermana de los cinco hijos arriba mencionados, por la que su hermano Juan siempre sentiría un afecto especial. Siempre según María Luisa, corría el año 1954 cuando Juan Arias, su padre, dejó de trabajar en la dehesa y junto con toda la familia se vino a vivir a Puente definitivamente, “aprendiendo el bonito oficio de la cerámica” para ser pintor. No está nada claro si antes ya había estado en contacto con algún taller o, precisamente, con Miguel Gómez Díaz, conocido en Puente como “el Señor Miguel”, quien iba a contratarlo como ayudante en el Alfar del Río seis años después. Lo único cierto es, y tanto María Luisa como Manuel Pradillo (1997, p. 328) coinciden en ello, que a partir de 1954 Juan Arias trabajaba en uno tras otro de los obradores de los hermanos de la Cal Rubio (Pedro, Ildefonso y Arturo) más el de Rufino de La Cal Fraile, aunque varía la secuencia según quién de los dos lo dice.
Sin querer extenderme demasiado sobre Miguel Gómez, figura clave para la futura vida profesional de Juan Arias, cuando a principios de los cuarenta el gran director artístico de los Ruiz de Luna, Francisco Arroyo Santamaría se hizo socio de Pedro de la Cal, trajo a Gómez y otros de su confianza desde Talavera para asistirle en la tarea de formar pintores según sus propios criterios. Después de que Arroyo se hubiera ido, Gómez se fue a trabajar un tiempo para Rufino de la Cal, donde llamó la atención a un antiguo médico de la Marina Mercante, D. Ángel González Robatto, cliente de Rufino y “acaudalado empresario madrileño… que quedó entusiasmado con los diseños de Miguel” (Brígido Sánchez, 2015, p. 13).
Alrededor de 1947-1948, Gómez se trasladó a Madrid, desde donde, a principios de los cincuenta, pasó a Toledo para buscarse la vida con diversos trabajos. “Mientras restauraba el escudo de los Reyes Católicos de la Posada de la Hermandad, de Toledo, en 1959, sufrió un problema cerebral” que le afectó a “la movilidad de la parte izquierda de su cuerpo” y “Miguel encuentra en D. Ángel Robatto la oportunidad de un nuevo e ilusionante proyecto, yéndose (…) de nuevo a Puente (…)” (ibídem, p. 20).
Es precisamente a finales de 1959 cuando Gómez regresó a Puente a sabiendas de que el Sr. González Robatto, propietario de una empresa farmacéutica en Madrid, junto a un socio italiano, iba a comprar un antiguo taller en la c./ Empedrada, 9, y lo emplearía como oficial de 1ª y jefe del taller. Como ayudante el “Señor Miguel” (tan respetado en Puente desde los cuarenta como para todavía hoy se puede escuchar a gente llamándolo así) escogió a Juan Arias, presumiblemente por reconocer su potencial artístico y confiar en él. De barrero contrató a Emilio Cruz (“especialista en la rueda”, en palabras de Pradillo, p. 356).
Como señala María Luisa, en mayo de 1960 su padre empezó a trabajar de pintor en el Alfar del Río junto a Miguel Gómez (foto 5) y más tarde se incorporaron Agustín García (1962) y Marcelo Román (1963), ambos de pintores. Lo extraordinario era que los propietarios del alfar no tenían ningún vínculo anterior con la cerámica salvo un cierto gusto por los diseños de Gómez por parte del Sr. González Robatto. Podríamos considerarlo un capricho de don Ángel, que de este modo podía influir en los motivos marinos que más le importaban, por lo cual disponía de regalos de empresa para su clientela además de sus amigos.
La sede oficial del Alfar del Río estaba en Madrid “con proyección no ya nacional sino internacional”, como comenta Brígido Sánchez (p. 21). Prueba de que no eran palabras vacías fue que “Alfar del Río” se convirtió en una marca registrada y que se emitió un propio catálogo con formas y diseños dibujados por Miguel Gómez. En la foto 6 verán que ya en 1961 el taller participó en la Feria de Artesanos de Munich (Handwerksmesse München 1961). Otra señal de que el empresario iba en serio fue que el catálogo se editó en tres idiomas: castellano, inglés y alemán, cosa todavía hoy bastante inusual (fotos 7 y 8).
Nuestro protagonista, lejos de contentarse con un trabajo bastante seguro por depender de un patrón adinerado, se matriculó en un curso de dibujo (foto 11) a lo largo de 1962, además de otro de relojería, ambos por correspondencia. Para él, arreglar relojes era un pasatiempo y tanto sus conocimientos como su habilidad en esta materia eran ampliamente conocidos en el pueblo, por lo que le solían llamar “Juanito el relojero”.
El año 1964 trajo un brusco cambio en la rutina diligente del Alfar del Río al irse Miguel Gómez por una aguda enfermedad que luego fue una de las causas por las que falleció dos años más tarde en su Talavera natal. Dejó detrás de sí cantidad de dibujos y estarcidos. Pradillo sentenció que “fue [él] con quien aprendió [Juan Arias] a pintar …” (op. cit., p.328). Sea como fuese, no solo había metido a Juan en este lugar excepcional, sino que también le había inspirado y seguía haciéndolo: el Alfar del Río continuaba produciendo cacharros con los diseños singulares creados por Gómez a petición de su patrón, González Robatto (fotos 12), pero aparecieron asimismo cada vez más motivos creados por Juan.
Dos ejemplos significativos son la primera versión cerámica, que yo sepa, del milagro del Cristo de Torrijos, concebida e introducida por Gómez (fotos 12) y, por otro lado, la reproducción de la imagen del Cristo de la Encina en cerámica, proyectada y pintada por Juan Arias (fotos 12), según una antigua leyenda extremeña que supuestamente tuviera lugar en la hacienda de José Sánchez, indiano de Ceclavín, el pueblo natal de Juan.
Aquel año abandonó el taller Emilio Cruz para montar su propio alfar (Cerámica Cruz). Juan Arias fue ascendido a encargado del Alfar del Río más jefe de taller y ratificado en el cargo de pintor; al año siguiente entró Francisco Agudo Platero de pintor adicional.
La producción seguía su ritmo de antes con un género que se distinguía mucho, tanto en los motivos como en el colorido, de lo que se hacía en Puente.
En aquella época Juan conoció a Luisa Fernández Fernández, pintora (foto 15), en varios obradores de Puente (entre ellos el de Sanguino) y se hicieron novios. A principios de 1967 se casaron en Madrid y hacia finales del mismo año nació María Luisa, hija única.
Trabajo no faltaba nunca al Alfar del Río; en 1969 incluso llegaron a suministrar parte de su producción a la fábrica Nueva Menora S. A. de Talavera de la Reina. Sin embargo, en la primavera de 1972 a Juan le surgió un contratiempo al caer gravemente enfermo, causándole una parálisis total en todas sus extremidades por la que tuvo que pasar 66 días en un hospital de Madrid y muchos meses de rehabilitación después. Según María Luisa, su madre “tampoco gozó de buena salud …, por lo que las visitas a los hospitales se repetían muy a menudo. Los tratamientos médicos, tanto para él como para su esposa, supusieron un gran desembolso económico, por lo que también pasaron por grandes apuros …”.
La muerte de don Ángel en 1974 asestó otro duro golpe a la plantilla porque su hermano y heredero no tenía ningún interés en que el Alfar del Río continuara y despidió a todos los trabajadores, que luego se fueron a Talavera y encontraron trabajo en Cerámica Niveiro. Todos salvo Juan, que según su hija, “se quedó en ciertas condiciones con el Alfar del Río”, junto a Francisco Agudo Platero. A finales de 1976 Juan consiguió comprarle el taller al heredero y lo seguiría regentando hasta jubilarse en 1991, empleando a cinco pintores y a dos barreros, con cuatro sobrinos entre ellos. Cuenta María Luisa que “sus trabajadores se llevaban como una familia aunque en realidad algunos de ellos sí lo fueran” y subraya que eso era otra singularidad de su padre.
A partir de 1991 su hija tomó el relevo (hasta 2003) y ella sola seguía la tradición de este taller tan singular por sus diseños y su tono azul apagado, único en Puente y más allá. Entonces, según ella, su padre “se entretenía decorando cerámica, haciendo manualidades de madera … y sobre todo a [sic] su gran pasión, la lectura (se comía los libros)”.
En agosto de 1993 Juan sufrió una nueva desgracia al fallecer su querida esposa a los 62 años de edad a causa de un ictus. Pero su hija no le dejaba a solas nunca. Después de una larga vida de trabajo y preocupación por su familia, desarrolló otra gran pasión: la de viajar por España y conocer de cerca parte de su gran riqueza cultural a través del IMSERSO y de la Junta de Castilla La Mancha.
María Luisa recalca: [Mi padre] “no tuvo una vida fácil” y “le tocó vivir una época que no le correspondía … por la manera que tenía de pensar, ver y vivir la vida; si hubiese nacido en el siglo XXI, por su inteligencia, sabiduría y habilidad no sé dónde habría llegado. Se entendía mejor con la gente joven que con la de su edad”.
Yo llegué al Alfar del Río demasiado tarde para conocer a Juan en persona. Viendo las herramientas hechas por él, sus cuadernos de dibujos que su hija me enseñó y, afuera, este jardín encantador que él solía cuidar (foto 20), no me ha dejado lugar a dudas de que María Luisa no exagera cuando dice que él “era muy mañoso y hábil para todo”.
Tampoco dejaba de ser una persona intelectualmente inquieta: tenía ya ochenta años cuando asistía a un curso básico de cómo manejar el ordenador y por las noches se ponía a leer las noticias sobre los temas que le interesaban. Con todo, Juan Arias era una persona humilde: no solía firmar sus cacharros con su nombre; ponía Alfar del Río. Sin embargo, durante aquella visita al alfar en agosto de 2021 su hija me enseñó dos losetas pintadas por él que sí llevan su nombre (fotos 23); creo que hablan por sí solas.
Juan Arias había fallecido apenas unos ocho meses antes, de muerte natural.
Su hija le recuerda como “una buena persona” que “vivía su vida y no se metía con nadie”. Esta estimación, aunque pueda parecer subjetiva, coincide con mi experiencia de la que hablaba en mi libro (2022, p.109): me comentó Juan Carlos Fernández Carrasco, alfarero, que ya de jubilados Juan y Bruno Moreno solían venir a su taller para charlar de sus vivencias y le era muy interesante escuchar lo que contaron.
Por Bienvenido Fletes, pintor de cerámica, “supimos que Juan le había entregado algunos de los dibujos y estarcidos del Alfar del Río para que estos motivos no se perdiesen. Así no solo dejó un buen recuerdo entre sus compañeros de la generación siguiente, sino que también dio ejemplo de una afabilidad y generosidad beneficiosa”.
En 2021 nos contó Manuel Zabala, alfarero, “que por el taller de Juan pasaron muchos alfareros y pintores de Puente y que Juan Arias era uno de los que más sabían de esmaltes, además de ser una persona muy magnánima”.
Fuentes:
- La información oral y escrita que me suministró muy amablemente la hija de Juan Arias Pradillo.
- Juan Manuel, Alfareros Toledanos, Toledo. Junta de Castilla-La Mancha, 1997, Tomo 1.
- Sánchez Peña, Brígido, Miguel Gómez Díaz – Semblanza de un artista desapercibido, Talavera de la Reina, 2015.
- Y su biografía de Gómez en: https://diccionariobiograficodecastillalamancha.es
- Lach, Karl, El Puente del Arzobispo II – una cuna de cerámica popular, Toledo 2022
- Respecto al Cristo de Torrijos, ver: https://www.escaleradelexito.com/el-cristo-de-torrijos/
- Respecto al Cristo de la Encina, ver:
- https://www.lahornacina.com/curiosidadesbadajoz4.htm