Un intelectual al servicio de la docencia
Juan Marina Muñoz nació en Madrid el 24 de junio de 1863, siendo hijo legítimo del matrimonio formado por Sixto Marina y Elvira Muñoz. A los 19 años debe finalizar la carrera en la Facultad de Filosofía y Letras, pues la familia Marina conserva el cuaderno de apuntes de la asignatura de Metafísica impartida por el profesor La Guardia en el curso 1881-1882. Dicha materia figuraba en el plan de estudios en el último curso, antes de la obtención de la licenciatura.
Su primera vivienda en Toledo la establecemos en el callejón Gigantones, nº 1, según consta en la Memoria del Instituto de 1886. Debió constituir su vivienda familiar de soltero, pues allí encontramos también a sus hermanos, Julio, Soledad y Angelita. Al contraer matrimonio con Ruperta de Obaldía Martínez se trasladó a casa de su suegro en el callejón de San José, nº 12 donde permanecerá hasta su muerte en 1911. De Ruperta Obaldía sabemos que era propietaria al menos de otra casa en la calle de Nuncio Viejo, nº 16 y varios batanes, reconvertidos en pequeñas centrales eléctricas.
Económicamente no le conocemos problemas financieros, lo que le posibilitó la opción de una dedicación completa al mundo del pensamiento y su desarrollo creativo. A los 20 años, se le otorga una plaza de auxiliar del Instituto de Gerona y al año siguiente ya se encuentra en el de Toledo como interino de letras, con una gratificación anual de 1.000 pesetas. Al no haber obtenido cátedra, no formaba parte del claustro de profesores con voz y voto. Hasta que en 1903 gana en propiedad la codiciada oposición de Psicología en Orense.
Fue tal su inclinación hacia la enseñanza que llegó a actuar como comodín en el Instituto toledano, cubriendo las diferentes contingencias de sus compañeros, rellenado los huecos de sus colegas, sustituyendo como auxiliar meritorio de francés, latín, historia, geografía, como bibliotecario e incluso como profesor de gimnasia; su objetivo era no desvincularse del centro educativo y nunca la necesidad económica. ¡Toda una vocación docente!
Cuando el vapor y la electricidad sustituyeron al ímpetu de las aguas, los molinos fueron reconvertidos en pequeñas centrales eléctricas y Juan Marina se adaptó a los tiempos cerró los batanes heredados y se convirtió en accionista de la nueva empresa energética de electricidad a la ciudad de Toledo,
Lo que nunca aparecerá en ningún libro de historia, ni ortodoxo ni heterodoxo, es la grandeza humana de este hombre, que durante más de un lustro al toque de oración y junto al vara de plata, bajaban al templo catedralicio –una vez que el campanero cerraba toda sus puertas–, para revisar el llamado “colchoncillo” o “niños de la piedra”, –junto a la capilla de San Pedro–, donde se depositaban a los niños muertos, aquellos padres que no podían darles sepultura por falta de medios, y, los abandonados vivos. A los primeros se encargaban de darles cristiana sepulturas y a los segundos de ingresarlos en la casa cuna de la beneficencia. Hasta que en 1902 se dio por finalizada esa tradición ancestral que pretendió eliminar la macabra costumbre de deshacerse de las criaturas fallecidas arrogarlos al río o depositarlos a la puerta de un convento o casa principal. Hechos singulares que animaron al gran cardenal Mendoza, 400 años a la construcción del Hospital de Santa Cruz.
Independientemente de los diferentes destinos laborales del profesor Marina, su mujer Ruperta y sus hijos, José Víctor, Julio, Juan y Luís siempre permanecería en Toledo, esperando su llegada en la hermosa casa del callejón de San José entre las aspidistras del patio o abstraídos en la bella vista de la vega del Tajo y la aridez de la Sagra toledana, para marchar juntos al cigarral que frente al puente de San Martín aliviaba los tórridos veranos castellanos.
En Córdoba le fue detectada a Marina una dolencia grave, que daría lugar a la permuta de instituto, trasladándose de nuevo a Ciudad Real con objeto de acercarse a Toledo. No pudiendo incorporarse en el curso de 1910, falleciendo en su casa del callejón de san José, finalizada la Semana Santa de 1911, de una apoplejía cerebral según el acta facultativa y habiendo hecho testamento, según se refleja en el libro de difuntos de la parroquia de San Nicolás (libro nº12, pág. 200v). La prensa local se hizo eco del óbito, así El Castellanodel 18 de abril nos informa que: “El pasado día 9, falleció en esta ciudad, confortado con los santos sacramentos y la bendición de su Santidad, Don Juan Marina Muñoz, persona de grandes conocimientos y amistades por los elevados cargos que en su vida desempeñó”. La Campana Gorda, también hace una referencia a su pérdida e incluso La Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes (n.º 1076) del 20 de abril comunica que ha fallecido en Toledo el catedrático del Instituto de Ciudad Real y doctor en Derecho, don Juan Marina, persona de gran cultura y muy apreciado entre sus compañeros de profesión.
A estas notas necrológicas, bien podíamos añadir que con su muerte prematura a los 47 años, Toledo perdía unos de sus mejores albaricoques de hueso dulce y España una de las mejores cabezas pensantes con una enorme proyección. Y si alguien cree en la reencarnación, bien podíamos afirmar que su espíritu inquieto, docente, creativo y didáctico se halla mutado en su nieto, José Antonio Marina, cuyas carreras académicas y vocacionales discurren, sorprendentemente, por caminos paralelos con un siglo de diferencia.
Juan Marina Muñoz en su faceta de autor se nos muestra polivalente y multifacético, sus mismos contemporáneos ya se había percatado de su versatilidad y cuando apenas contaba treinta años, en 1893, Rómulo Muro en su semblanza literaria sobre el personaje en la simpática obra Albaricoques de Toledo, destaca básicamente su perspectiva creativa sobre las demás y nos dice:
“Este escribió primero
La Guía toledana,
Después la ley del Timbre
y otras obras didácticas…
aunque a primera vista
sean cosas contrarias…
Pero tiene su estilo,
La chispa no le falta,
Y ahora dará a la imprenta
La Biblia comentada”.
Como autor podíamos haber recurrido a una enumeración cronológica de su obra variopinta y multitemática, siempre más científica que literaria. Pero ello sólo nos aportaría una relación sin sentido, precisamente por su gran variedad. Así que he dispuesto la aproximación a su creación por asuntos específicos y años de publicación:
- Literatura cómica
1882: Un Recalcitrante. Comedia en un acto y en prosa (16 páginas). Madrid.
Es la primera obra de la que tenemos referencia, escrita a los 19 años y estrenada con éxito en el Liceo de los Capellanes de Madrid en la noche del 25 de mayo.
¿ ? : Viaje redondo. No he podido obtener ningún tipo de referencia ni de su existencia ni de la crítica y posible representación. Agustina Torres en su tesis doctoral de 1996 la califica como “juguete cómico en un acto”. Debió de escribirse en Toledo y ser representada. Es el hombre que nunca verá la botella medio vacía, siempre medio llena, al hablar de los toledanos en su Nueva guía de Toledo, califica a sus habitantes de poseer un “carácter afable, (tener) una salud pública magnífica y preciosas las pintorescas afueras de la población”.
- Literatura legislativa
1889: Comentarios con notas críticas a la Ley del Jurado. No he podido encontrar existencias de fondos de dicha obra. La única referencia la encontramos ese mismo año en la revista Toledo, en su número IV del año I, donde se comenta al respecto que “no entra en apreciaciones en razón de los vínculos de cariño con el autor”. Efectivamente, entre el autor y el director de dicha publicación existía una excelente amistad.
1890: El Libro del elector. La Ley del Sufragio Universal al alcance del pueblo. Toledo, s/d. Prólogo fechado en 1890 y con precio venta al público de 2 pesetas. En la contraportada se hace una referencia a la obra La Ley del Jurado.
Juan Marina militó en el Círculo Conservador, opuesto al establecimiento del sufragio universal, –en este caso exclusivamente masculino y para mayores de 25 años–. Aun así, no encontramos en este extenso libro ni una sola referencia crítica hacia la misma. Realiza un bosquejo histórico sencillo y desapasionado sobre la evolución del sistema de votaciones. Y una constante comparación con la primera Ley del Sufragio universal en España, obra de la revolución “Gloriosa” de 1868. Todo ello desde una perspectiva legislativa y administrativa, pues el destino de esta obra eran los funcionarios municipales, sobre quien recaía el peso de las elecciones legislativas.
1892: Novísimo tratado de Derecho civil. Se publicita como una obra “en preparación” en la contraportada de la Nueva Guía de Toledo anunciando que constará de tres tomos, siendo la primera parte dedicada al Derecho Civil común. Desconozco si dicho trabajo llegó a publicarse.
1895: La Legítima vidual en el novísimo Derecho de Castilla. Menor Hermanos. Toledo. Su precio era 2 pesetas. Con seguridad constituye una parte fundamental de lo que fue su tesis doctoral, depositada en el Archivo Histórico Nacional. En su contraportada se hacen referencias a obras suyas de próxima aparición y de las que no tengo referencia de ningún tipo, como Los jurisconsultos españoles del siglo XIX, colección de estudios biográficos. Y El notario a la cabecera del testador enfermo, anunciada como indispensable para disposiciones testamentares.
1899: Legislación completa del Timbre del Estado. Evidentemente debió existir una edición anterior pues ya es mencionada en Albaricoques de Toledo publicado en 1893. Comprende un ensayo histórico y referencias al texto de la Real Orden del 8 de octubre de 1892.
1899: Legislación del Impuesto de Derechos Reales y Trasmisiones de Bienes. Se da como publicada en varias contraportadas de sus libros.
1907: Rudimentos de Derecho. Ciudad Real. Con prólogo de Felipe Sánchez Román (catedrático, exministro de Estado y académico) y a quien dedica dicha publicación. El exministro escribe en el prólogo “…aparte de los motivos de cariñosa amistad que me une con el distinguido Catedrático d. Juan Marina Muñoz….”. También comprende un apéndice de la Constitución Española de 1876 y Derecho civil foral de España.
En todos los casos Juan Marina se nos muestra como un escritor aséptico y respetuoso con el ordenamiento jurídico en vigor, apenas deja traslucir su talante conservador. No pretende influir en nadie y son mínimos los juicios de valor individuales. Son libros técnicos, escritos para todos y nada sectarios. Ahora bien, en Rudimentos de Derecho hace una excepción y se nos va a mostrar su lado más moderado. Así, al hablar de la intervención del Estado en el Trabajo (página 53) comenta que “(este debe ser) ajeno completamente ha sido y debe seguir siendo, pues el Estado ni debe ni puede ser socialista…sólo admitirse su injerencia e intervención por la misión de conservar el orden interior y la paz exterior, y de procurar la prosperidad mayor del país”. Sobre el matrimonio civil (página 95) es tajante, “…como no es frecuente en España, no preciso detallarlo”. Y sobre su disolución, “no puede disolverse, sino por la muerte de uno de los cónyuges”.
- Literatura industrial
1889?: Los Alcoholes industriales. En la primera edición de la obra El Libro del elector figura en la contraportada como obra ya publicada. Temática algo ajena a los conocimientos de Marina, pero muy oportunista en el tiempo, y que debió constituir una edición coyuntural aprovechando la plaga de la filoxera que en esos años entraba en España vía el Rosellón francés. No hemos podido localizar ningún fondo, por lo que creo que sólo debió de existir una sola edición.
- Literatura lingüística
1889: Programa para el examen del segundo curso de latín y castellano. Menor Hermanos. Toledo. Precio 1 peseta. Los programas académicos tienen como destinatario a los alumnos y se constituían en un complemento salarial del profesorado.
1896: La gramática latina compendiada. Hermanos Menor (2ª edición en 1910). Toledo. Se trata de un libro excelentemente editado en tela y su precio de venta será 7 pesetas convirtiéndose en el más caro de cuantos publicara Juan Marina.
1896: Programa razonado de latín y castellano. Instituto de Toledo. Primer curso. Menor Hermanos. Toledo. Precio 1 peseta.
1900: La flexión verbal francesa. No he podido localizar fondo alguno en las bibliotecas pública. Sólo en fondos familiares vinculados al autor.
- Literatura de Psicología
Una vez obtenida la cátedra de psicología en el Instituto de Orense en 1903 comienza la publicación especializada en la materia.
1903: Curso de Psicología y Lógica. Es el primer libro que edita como catedrático para el curso de 1903 a 1904. Madrid. Debió realizarse muy aceleradamente y el tipo de letra imita a la manual.
1905: Resumen de Psicología. Ciudad Real. Llegaron a realizarse al menos 4 ediciones. En dicho libro el autor figura como doctor en Derecho Civil y Canónico, y en Filosofía. Catedrático numerario, por oposición, de dicha asignatura en el Instituto general y técnico de Ciudad Real. El precio del ejemplar era de 5 pesetas.
1906: Las direcciones de la Psicología contemporánea. Ciudad Real. Contiene un prólogo de Eduardo Sanz Escartín, destacado político del Partido Conservador. Evidentemente, Marina se había hecho un hueco en el mundo del pensamiento intelectual. Esta publicación se vendía en tres de las principales librerías madrileñas, Fernado Fé, Victoriano Suárez y Adrián Romo. Siendo su precio de venta de 2 pesetas. El prologuista escribe que “…el trabajo de Marina, quien revela un espíritu exento de perjuicios y profundamente penetrado de la importancia de las modernas investigaciones…no hemos de regatear nuestro aplauso al autor de este opúsculo”.
1907: Ética. Madrid. 4ª Edición en Ciudad Real. Con prólogo de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca desde 1908 y catedrático de griego. En el prólogo Unamuno califica a Marina como “condiscípulo, compañero y amigo” y añade sobre el contenido del libro: “en este honrado esfuerzo (de) sacar la enseñanza de la Ética de los rígidos carriles… y no hacer de ella una derivada del catecismo cuando no un sermón disfrazado. Este libro es un serio esfuerzo para hacer entrar los últimos resultados y las últimas investigaciones de la ciencia de la Ética”. El libro se inició a escribir en Ciudad Real y se terminó en Toledo, según consta en el párrafo final del libro: “Ciudad Real – Toledo, Febrero a Octubre 1907”. Aquí, Marina se nos presenta como doctor en Derecho y en Filosofía. Catedrático por oposición en el Instituto de Córdoba. Su precio se fijó en 5,50 pesetas.
1907: Programa de un curso de Ética y rudimentos de Derecho. Ciudad Real.
1908: Lógica Elemental. Se publicaron 4 ediciones. Ciudad Real. Fondos en colecciones privadas.
- Temas toledanos
1892: Nueva Guía de Toledo. Con prólogo de José González Tejada. Toledo. Existe una 2ª edición corregida y ampliada en 1905 y en formato reducido. En aquellos momentos, la guía turística por excelencia era Toledo guía artística práctica, libro muy voluminoso, poco manejable y escrito de forma bilingüe (castellano/francés) del vizconde de Palazuelos, editado en 1890. Y los muy eruditos y ya clásicos de Amador de los Ríos, Toledo pintoresca o de Sixto Ramón Parro, Toledo en la mano en dos volúmenes. Marina con una gran vista comercial editará una guía más reducida, muy manejable, cómoda y sencilla, con un gran sentido de lo práctico ya anunciado en la introducción y dirigida a un público que no es erudito pero sí curioso, él escribirá para una burguesía ilustrada que va descubriendo su capacidad de moverse y ansía conocer “…hasta ahora no existía una guía para los viajeros que hayan de estar pocas horas en Toledo”. Lo primero que hizo fue asegurarse la cobertura de costos, por lo que insertará más de veinte páginas de publicidad. Editándose 1.012 ejemplares a 1,50 pesetas. La gran cantidad de anuncios comerciales constituyen, por sí misma, un estudio de la vida mercantil y publicista en la Ciudad Imperial a finales del siglo XIX.
José González de Tejada en su prólogo capta perfectamente la intencionalidad de Marina, rindiéndose al fenómeno de lo que deberá de ser el turismo como industria, ya no de elites culturales europeas; sino con un sentido más amplio e incluyendo al visitante nacional. A la vez que percibe la importancia de la megalópolis madrileña…. tan próxima y tan poblada. “Tú eres un vecino de Madrid, que desde hace tiempo tenías verdadero deseo de visitar la ciudad imperial…. esos dos caballeros rubios son alemanes, inglesas aquellas señoras, franceses los cuatro que van discutiendo…”. El turismo como fenómeno global comenzaba a dar sus primeros pasos. A la vez, no resulta extraño leer en la prensa de la época múltiples gamberradas que la población nativa reservaba a estos personajes, tales como robos, insultos, pedradas…etc. No eran los toledanos muy dados a la coexistencia con sus visitantes, por lo que el Ayuntamiento en sus Ordenanzas de 1890 llega a establecer una normativa de comportamiento hacia los forasteros, “prohibiendo dirigir palabras insultantes, indecorosas o frases de dudoso concepto y molestar de palabra o de hecho a los viajeros, nacionales o extranjeros que visiten la ciudad y sus monumentos”.
Como dato curioso comentaré que Juan Marina es uno de los pioneros en calificar al Greco como genio y al hablar del Entierro del Conde Orgaz (Iglesia de santo Tomé) nos dice que “casi todos los personajes son retratos. ¡Lástima que no corresponda al conjunto de la obra los nubarrones y la representación de la gloria, que hay en la parte superior del cuadro!”. Se hacía eco de una novedosa y absurda teoría de aquellas fechas, donde se menospreciaba la realización pictórica efectuada por encima de la galería de personajes que formaban el cortejo fúnebre.
1898: Toledo: Tradiciones, descripciones, narraciones y apuntes de la Imperial Ciudad. Con ilustraciones de Luís García Sampedro, pintor con premios internacionales y que también ilustraría el libro de Eugenio Olaberría, Tradiciones de Toledo. Barcelona. Se volvió a reeditar en 1908. Está dedicado a su hermano Julio Marina, fallecido unos meses antes en el conflicto cubano. El ejemplar toledano forma parte, con el tomo 14, que la Biblioteca Elzevir realizó a nivel nacional, por lo que nos encontramos con un libro de encargo. Los libros Elzevir pueden considerarse como el antecedente de lo que hoy conocemos como libro de bolsillo. Los “Elzevir” fueron unos impresores de origen holandés que gozaron de gran prestigio, publicando libros de pequeño formato y precio económico.
1905: Nueva Geografía de Toledo. Fondos no localizados
1905: La catedral y nomenclátor de las vías públicas. Toledo. Fondos no localizados.
Estamos en un tiempo en el que todo escritor era periodista, cualquier clase de disputa se llevaba a la prensa y el que no se promocionaba a través de los diarios “casi” no existía para la vida pública. De igual manera que en el día de hoy sucede con las redes sociales. Pues bien, Juan Marina va a constituir una anormalidad dentro de la generalidad. Su producción periodística va a ser muy escasa y casi podríamos decir que por compromiso. Las colaboraciones de Marina en la prensa se centran básicamente en la revista quincenal ilustrada Toledo, con apenas 25 años y a petición de dos buenos amigos, el director artístico Federico Latorre y de su director-propietario José María Ovejero. Los contenidos que entrega a su publicación son exclusivamente culturales y por orden de aparición son:
- “Procesión de antaño”, año 1, n.º 2 (15-4-1889), pp. 6 a 8.
- “Los cigarrales”, año I, n.º 4 (15-5-1889), pp. 9 y 10. En este artículo apuesta Marina por que los cigarrales fueran lugar de reunión, tertulias, intercambio de conociientos y no exclusivamente lugares de recreo burgueses. Curiosamente, la familia Marina llegó a poseen un hermoso cigarral, frente a San Juan de los Reyes.m
- “Un proyecto”, año I, n.º 5 (8-6-1889), pp. 8 y 9.
- “Doña Beatriz de Silva”, n.º 7 (18-7-1889), pp. 4 y 5. En este ejemplar, la revista se hace eco del rumor del traslado de la residencia del Papa León XIII a la Ciudad de Toledo. Lógicamente, la publicación apoya tal medida.
- “El Cristo de la Vega”, n.º 9 (16-8-1889), pp. 9 a 11.
- “Theophil Braga”, n.º 13 (16-10-1889), pp. 7 y 8. Marina debió de conocer la lengua portuguesa, pues este artículo trata de una traducción al castellano del polígrafo luso, hombre de inmensa cultura en áreas tales como poesía, el derecho, la historia, la filosofía, la ficción… etcétera. En política fue diputado republicano federal y llegó a ser presidente provisional de Portugal.
No es la búsqueda de la notoriedad una de las características del profesor Marina, ni a nivel popular ni académico. Rehúsa la confrontación periodística y el debate ideológico, sin que ello suponga renunciar a sus creencias morales. Va dejando su huella a través de sus publicaciones, obra a obra, sin necesitar de polemizar. Su talante tolerante hace que no le sea difícil mantener lazos de amistad con hombres próximos al socialismo, como don Miguel de Unamuno, y con el elemento político más conservador.
El Instituto de Toledo tuvo su sede en el edificio mandado construir por el Cardenal Lorenzana entre 1795 a 1799 para donarlo a la Universidad toledana. El Plan Pidal o Real Decreto del 17 de septiembre de 1845, que daba origen a la Universidad Central madrileña, establecía un instituto por provincia, reconvirtiendo las universidades de Alcalá, Canarias, Huesca y Toledo en Institutos de Segunda Enseñanza.
La proximidad a Madrid actuó como un imán, atrayendo a un buen número de profesores que aspiraban a culminar su actividad en la Villa y Corte a través de la lenta ruta de las carreras de traslado y de méritos acumulados. Otros, de manera involuntaria, terminaron por toledanizarse completamente, sintonizando con la mentalidad local, bien por motivos económicos o compromisos afectivos y enraizaron con Toledo, como fue el caso de Juan Marina. Una parte considerable de los profesores del centro gozaban de una formación complementaria europea, fundamentalmente desarrollada en Francia y Alemania, gracias a la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas.
Nos movemos en un periodo de tiempo que podemos calificar como “la Edad de Plata de la Cultura Toledana”. Es el atardecer del siglo XIX y las primeras luces del XX en donde se darán cita personajes de un alto nivel intelectual que hacen que Toledo camine a hombros de colosos: Teodoro San Román, Ventura Reyes, Fernando Araujo, Luís de Hoyos, Juan Marina, Luís de Olavarrieta, Gregorio Álvarez, Matías Moreno, Julián Besteiro, Sebastián Aguado, Santiago de la Fuente, Juan Moraleda y Esteban, Ricardo Arredondo, Francisco Navarro Ledesma, Félix Urabayen, Vicente Cutanda, el toledanista Benito Pérez Galdós, los numerosos excursionistas de la Institución Libre de Enseñanza encabezados por Cossío; sin olvidar a Maurice Barrés y los redescubridores de El Greco.
Las primeras líneas que dedica el periodista Rómulo Muro en su semblanza sobre Juan Marina, en el ya mencionado Albaricoques de Toledo se dirigen a su faceta docente. “profesor excedente /de segunda enseñanza”. Su actividad como profesor debió de iniciarse al menos en 1886, con apenas 23 años, pues ya figura como auxiliar de catedrático. A la docencia dedicará todas sus energías y capacidades, relegando a un segundo plano la carrera jurídica y la política.
Desde su primer año como concejal, no dudó en solicitar un mes de licencia, alegando su “desempeño de profesor del Instituto, por época de exámenes”, sesión del 25 de mayo de 1895. Las oposiciones no le son favorables, pero él sigue preparándose; en 1897 obtendrá el título de doctor en Derecho y en 1904 en Letras, ambos grados otorgados por la Universidad Central, sus expedientes y tesis doctorales se encuentran depositadas en Archivo Histórico Nacional.
Lejos de desanimarse Marina seguirá perseverando para obtener una plaza de catedrático en propiedad. Por fin, La Gaceta de Instrucción Pública n.º 610 (6-4-1903) publica la obtención de la cátedra de Psicología en el instituto de Orense.
La docencia le sedujo totalmente y fue sin lugar a dudas su prioridad, dedicándola todos sus esfuerzos. De su paso por el Instituto de Toledo sabemos que llegó incluso a impartir la asignatura de Gimnasia durante unos meses en 1893, hasta la llegada de su titular. No debemos echar en el olvido que la ley no establecía exclusividad docente, por lo que gran parte del profesorado del Instituto toledano se dedicaban a impartir su ciencia en centros privados, –fundamentalmente en academias preparatorias para el acceso a centros militares-, o a particulares adinerados en la enseñanza libre.
Retomando de nuevo la semblanza que Rómulo Muro hace sobre Juan Marina, coloca la jurisprudencia como segunda profesión, sólo antecedida por la docente. No obstante, es calificado como “abogado de labia”. Marina debió de estudiar inicialmente la carrera de Derecho para continuar la tradición familiar y complementó con Letras por propia satisfacción vocacional. No por ello se sintió incómodo con su formación jurista que desarrolló ampliamente. Con apenas 24 años ya había publicado Comentarios con notas críticas a la Ley del Jurado y al año siguiente El libro del elector. La Ley del Sufragio Universal al alcance del pueblo y otras muchas con posterioridad. Rematando su formación académica con la obtención del grado de doctor en 1897 en la Universidad Central, único centro facultado para emitir tal título.
Cuando apenas contaba 24 años, en 1887 Juan Marina Muñoz es elegido miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia por la provincia de Teruel, institución de prestigio nacional dirigida por Antonio Cánovas del Castillo. Curiosamente, solamente una vez utilizará dicho título, con la ocasión de la publicación de La flexión verbal francesa. También le vemos como socio honorario de la Sociedad Colombina Onubense; y miembro de la Sociedad Económica de Granada, Cádiz, Sevilla y Badajoz. En 1900 figura como miembro de la “Association Phonétique Intenacional.
Fuentes documentales básicas
- Archivo Histórico Nacional (Prensa histórica digitalizada y fondos de tesis doctorales de la Universidad Central).
- Archivo de la Diputación de Toledo.
- Archivo familiar de la familia Marina.
- Archivo Histórico Provincial de Toledo (Fondos del Instituto).
- Archivo General del Ejército en Segovia (Expedientes militares).
- Archivo Municipal de Toledo (Actas de Plenos/Mayores contribuyentes/Quintas).
- Archivo Parroquial de la Iglesia de San Nicolás (Libro de difuntos).
- Biblioteca Nacional. Publicaciones Oficiales: Gaceta de Instrucción Pública. Año VIII (1896) al XVI (1905).
- Biblioteca de Castilla-La Mancha. Toledo (sala de Castilla-La Mancha).
- Biblioteca Particular de las hermanas Marina (Marina y Aurora), nietas de Juan Marina Muñoz.
- Biblioteca Particular de Jesús Cobos.
- Biblioteca Particular de Jorge M. Miranda.
Bibliografía
- Casas Navarro, Francisco de las, La política y los políticos en el reinado de Alfonso XII. Toledo, 1992.
- García Jiménez, Noemí, Los molinos de Toledo. Toledo, 2014.
- García Martín, Francisco y otros, Biografía y semblanzas de profesores del Instituto El Greco de Toledo (1845-1995). Toledo, 1999.
- Lara Martínez, Laura, La Ciudad de Toledo en la edad de plata (1900-1939). Tesis Doctoral Universidad Complutense, Madrid, 2010.
- Méndez-Cabeza Fuentes, Miguel, Los molinos de agua de la provincia de Toledo. Toledo, 2014.
- Miranda Encinas, Jorge-Manuel, Los albores del siglo XX en Toledo. 1885-1902, Premio Nacional Ciudad de Toledo, Talavera de la Reina, 1991.
- Miranda Encinas, Jorge-Manuel, El amanecer de un siglo. Toledo 1900. Toledo, 2010.
- Miranda Encinas, Jorge-Manuel, Juan Marina Muñoz (1863-1911). Un intelectual al servicio de la docencia, [Toledo], J. M. Miranda, [2016]. Texto de la conferencia pronunciada en la Biblioteca de Castilla-La Mancha (7-11-2016) dentro del ciclo “Personajes de Toledo”.
- Muro, Rómulo, Albaricoques de Toledo. subtitulado “colección de semblanzas instantáneas”. Imprenta Menor Hermanos. Toledo, 1893. Reeditada por Editorial Zocodover, Toledo, 1977.
- Rodríguez de Gracia, Hilario, El crepúsculo patrimonial de Toledo, premio nacional Ciudad de Toledo. Toledo, 1999.
- Romera Valero, Ángel, “Literatura del siglo XIX en Castilla la Mancha”. Internet.
- Ruiz Alonso, José María, La edad dorada del Instituto de Toledo (1900-1937). La educación de la mesocracia provincial, Ciudad Real, Almud, ediciones de Castilla La Mancha, 2005.
- Torres Lara, Agustina, La escena toledana en la segunda mitad del siglo XIX, tesis Doctoral, 1996.
- Ortiz Armengol, Pedro, Historia de una esquina. La sede del Colegio de Aparejadores, Madrid, 1989.
- Porres Martín-Cleto, Julio, La desamortización del siglo XIX en Toledo, 2ª edición. Toledo, 2001.
- Porres Martín-Cleto, Julio, Abogados Toledanos, Toledo, 1988.
- AA., 50 toledanos en el recuerdo, Toledo, Editorial Zocodover, 1998.