Nació el 9 de abril de 1928 en Ventas con Peña Aguilera (Toledo) en el seno de una familia de labradores. Era el menor de cinco hermanos. Su madre enviudó cuando él tenía cuatro años y tuvo que vender dos años después la vivienda en que habitaban, yéndose a una casa que ésta había heredado de la abuela de León, la cual también se fue a vivir con ellos. Tuvo que dejar de estudiar a los ocho años, a pesar de que estaba capacitado especialmente para las matemáticas.
Con solo siete años ganó su primer jornal escardando. Entre 1936 y 1939 se ganó la vida como pudo, casi siempre ayudado por su hermano Mariano, trillando, espigando, haciendo picón [especie de carbón muy menudo, hecho de ramas de encina, jara o pino, que solo sirve para los braseros] para calentarse y para venderlo, vendiendo huevos y conejos, recogiendo bellotas para cebar un cerdo y para comer, aventando grano. A partir de 1940, como faltaba el trabajo, se les ocurrió poner lona nueva a las suelas de goma de las zapatillas que encontraban rotas, para venderlas, además de comerciar con hierba que recogían. También fue secretario de un cazador en monterías que se celebraban en la finca El Castañar (Toledo). En junio se fue con su madre y una prima a vivir a Guadarrama (Madrid), donde estaban trabajando ya dos de sus hermanos. Con un caballo que les prestaron, su madre y él se dedicaron a vender verduras. Además, iba a El Escorial a comprar pan. En el otoño de 1941 tuvieron que dejar la casa en que vivían e instalarse en un pajar. Trabajó vendiendo hierba, flores en el cementerio, pipas, aclarando acequias, abonando prados, arreglando carreteras (para lo que tuvo que decir que tenía 16 años), y en una fábrica de sierras y almacén de materiales de construcción (en éste al poco tiempo le encargaron llevar el despacho y el control de lo que entraba y salía). También ayudaba a una frutera a llevar las cuentas.
En diciembre de 1942 comenzó a trabajar en Cuerva (Toledo) en una tienda donde se vendían comestibles, artículos de ferretería, de bazar, de perfumería, de mercería y tejidos. El propietario le encargó incluso el cuidado de unos cotos y luego la recolección algarrobas. En 1946 le encomendaron en el Ayuntamiento de este pueblo que llevara las cuentas del abastecimiento de las cartillas de racionamiento de los tenderos.
En 1948, con el objetivo de dedicarse al comercio ambulante, se asoció con el hijo de una señora que conocía. Éste aportó 15.000 pesetas, con las que compraron un carro y un mulo viejo, y con lo que sobraba telas en el mercado negro de Madrid, que vendieron en el verano en Las Ventas con Peña Aguilera y en Cuerva, y a partir de septiembre en los pueblos y casas de campo de los montes de Toledo. Como a finales de 1948 se liberalizó la compra y venta de tejidos, aumentó el volumen de su negocio, de manera que en mayo de 1949 habían conseguido ahorrar unas 25.000 pesetas. En julio decidió separarse de su socio, cuando se dio cuenta de que, a pesar de haber seguido aumentado las ventas, no habían obtenido beneficios. En el reparto que hicieron, a él le correspondieron 7.200 pesetas en mercancías y unas 5.000 en deudas de clientes.
Decidió volver a su pueblo natal, donde su madre le comunicó que, en respuesta a una solicitud que había hecho, el Ministerio de Aviación le indicaba que debía incorporase al servicio militar en Tetuán. Vendió las mercancías y cobró las deudas, aunque solo se llevó 350 pesetas, por si las necesitaba, cantidad con la que compró unos tapetes de plástico para venderlos a su vuelta. En Tetuán conoció a un gallego que estaba haciendo un curso de contabilidad por correspondencia, el cual le pidió que le ayudara a entenderlo, lo que le sirvió para adquirir unos conocimientos que luego pudo aplicar en sus negocios.
Cuando regresó al finalizar el servicio militar reanudó, con el dinero que había dejado a un amigo más el que obtuvo de los tapetes, sus viajes a Madrid, para seguir dedicándose a la venta ambulante. A medida que fueron confiando en él los dueños de los almacenes en los que se proveía en esta ciudad, comenzaron a darle género fiado hasta su vuelta, en que pagaba y recogía más mercancías. Esto le permitió proveerse de más artículos y reducir el número de viajes, que hacía en autobuses de línea, en los que a veces le ponían reparos a la cantidad de género que transportaba. En cuanto pudo compró un carro y una mula, con un préstamo a interés elevado, pero que devolvió en un año.
Progresivamente fue ampliando la zona de negocio, de Ventas y Cuerva, a los Montes de Toledo, ayudado, primero, por su hermano Antonio, y luego, como había suficiente trabajo, por Mariano, a los que entregó el carro y la mula. Luego tuvo que comprar un macho cerril, para sustituir a ésta.
También había podido pagar las deudas que había contraído su madre cuando murió su padre, y le había dotado de las cosas imprescindibles para su hogar.
Un artículo que vendía en gran cantidad eran las mantas, que traía de Morata de Tajuña y Carabaña, porque las que se producían en Sonseca no eran de buena calidad.
Los negocios iban bien, lo que le permitió en 1953 tener su primera tienda en una casa de vecindad en Cuerva y casarse en 1954 con Ascensión Navamuel, teniendo ella 25 años y él 26. Su mujer se encargaba de vender en el despacho que tenían y él ofrecía las mercancías de puerta en puerta. Incluso pudieron contratar a un chico para que les ayudara a llevar los encargos. Lo contrario les ocurría a sus hermanos, por lo que en 1956 le propuso a Antonio establecer una tienda en Alcoba de los Montes, (Ciudad Real) pueblo que no tenía ningún comercio, y a Mariano hacerse cargo de la venta ambulante. En 1974 tuvo que ayudar de nuevo al primero, para que pudiera abrir un local de comercio en Parla (Madrid), el cual le produjo beneficios.
Entre 1957 y 1960 creó ocho depósitos de mercancías, negocios similares a lo que hoy se conoce como franquicias. Él los surtía de mercancías y, pasado un tiempo, se hacía cargo de lo que no se había vendido. También compró una furgoneta y volvió a vender por los pueblos. Fijó un día por semana para ir a cada lugar, el lunes a Las Ventas con Peña Aguilera, el martes a Toledo, el miércoles a Navahermosa, el jueves a Los Yébenes, y el resto a Marjaliza, Orgaz, Villanueva de Bogas, Villasequilla, Santa Ana de Pusa o Los Navalucillos. Empezó a vender en puestos en las plazas. Las ventas crecieron de tal manera que se vieron en la necesidad de coger otro nuevo dependiente, quien hacía la vida con ellos como uno más de la familia.
Su mujer, Ascensión, cuidaba a sus hijas y al mismo tiempo despachaba en la tienda de Cuerva hasta que llegaba él por las tardes y se hacía cargo de la misma.
En febrero de 1957 reunieron 50.000 pesetas, que le permitieron iniciar sus viajes a Barcelona para proveerse de mercancías. Al principio, eran muy pesados. A la ida, tenía que ir a Madrid, a la estación de Atocha, a coger el tren de las ocho de la noche, que no llegaba hasta el día siguiente a las doce de la mañana. Y a la vuelta tardaba también más de dieciséis horas.
En 1960, fue a ver a su primo Mauro, que vivía en El Robledo (entonces pedanía de Porzuna, en Ciudad Real), que estaba pasando por malos momentos económicos porque estaba enfermo y no podía trabajar. Le dio dinero para atender a los gastos más urgentes y le propuso enseñarle el oficio, asignándole un sueldo para que mantuviera a su familia mientras estuviera aprendiendo. Concluido este proceso, le compró un carro y un macho y le proveyó de mercancías. De esta forma nació otro nuevo punto de venta.
Al año siguiente adquirió con su mujer una casa propia en Cuerva, donde ampliaron el negocio. Como el trabajo era agotador, en 1963 decidió quedarse en casa atendiendo a la tienda y encargarse de la compra de mercancía para suministrar a todos los depósitos que tenía.
En abril de 1966 inauguraron una nueva tienda en Villaverde Bajo (Madrid), de la que se hizo cargo el hijo de un amigo que había muerto. Así comenzó otro nuevo punto de venta, al que surtía desde Cuerva todos los jueves.
Un año antes se había quedado sin trabajo un dependiente de comercio que conocía, por lo que le propuso proporcionarle mercancías para que pudiera venderlas por las calles y posteriormente en una tienda que abrió en La Puebla de Montalbán, de manera que surgió otro depósito al que tenía que proveer cada quince días.
Ya eran 17 los puntos de venta a los que abastecía. A nueve les llevaba las mercancías aprovechando algún espacio de día en que no tuviera mucho trabajo, o por las noches, después de cerrar, e incluso de madrugada, antes de abrir la tienda. El resto se proveían directamente del almacén que tenía en casa, la mayoría en domingo, aprovechando que aquella estaba cerrada por descanso semanal.
En una época en que vendían menos tejidos, decidieron dedicarse también a la confección de pantalones y camisas, con la ayuda de modistas que trabajaban en sus casas. León Gómez Alonso pensó instalar una fábrica, pero su mujer le convenció de que era una idea demasiado arriesgada, porque era un negocio que no conocían. A pesar de ello, llegaron a producir unas 14.000 prendas en un año, contando también con la colaboración de un sastre de Noez, que trabajaba con varias costureras. Todos los pantalones y camisas que se vendían en Cuerva estaban confeccionados por ellos. También hicieron pantalones vaqueros y crearon su propia marca, que se llamaba Legoal.
Cuando se produjo un cambio en la demanda, que hizo que la compra de artículos de confección se fuese imponiendo sobre la de telas, los resultados de los depósitos comenzaron a ser cada vez menores, por lo que decidió trasladarse a Toledo, donde inauguró en 1972 una tienda dedicada a la de venta al detalle de ropa de confección, artículos del hogar y prendas interiores, en un local de 406 metros cuadrados, con un sótano de 473 metros cuadrados. Contrató al comenzar a un encargado y once dependientes, seis hombres y cinco mujeres, pero el volumen de negocio le llevó en 1974 a necesitar también un contable, trabajo que hasta entonces llevaba él, a aumentar la plantilla y a ampliar la superficie destinada a la venta, habilitando la planta sótano, por lo que tuvo que comprar en 1975 otro sótano de 660 metros cuadrados, cercano al establecimiento, y seguidamente el local de 140 metros cuadrados que estaba situado encima del sótano.
Como pensaba que cuando uno trabaja para sí mismo, está más motivado, se le ocurrió la idea de hacer partícipes del negocio a todos los dependientes. Por ello les propuso hacer la siguiente prueba durante un año, con la condición de que si había beneficios, se los abonaba y seguían con el sistema, y si había pérdidas, volvía a hacerse cargo de la tienda: les garantizaba un 30% más de sueldo base, les transfería las mercancías del almacén, cargándoles un porcentaje, y ellos se encargaban las ventas. El resultado no fue el esperado: bajaron éstas un 18% con respecto al año anterior, por lo que volvió a coger las riendas del negocio.
En 1982 se constituyó por primera vez una sociedad anónima, con el nombre de Almacenes León Gómez Alonso S.A., de la que sus hijas, Virtudes, Ascensión y Ana, eran accionistas.
Al comienzo de la década de los 90 la tienda de Toledo queda pequeña y pensaron trasladar la sección de Hogar a otro local. Con vistas a hacer una nueva, y mientras preparaban el respectivo proyecto, hicieron una liquidación de existencias en la campaña otoño-invierno de 1991.
En esa época les ofrecieron un local en Talavera de la Reina que decidieron comprar en 1992 porque les pareció que tenía muchas posibilidades comerciales: estaba situada en el corazón de la ciudad, tenía 900 metros cuadrados habilitados como tienda en tres alturas, y un sótano que podía reformarse también para convertirlo en planta comercial. Al invertir en él todo el dinero de que disponían, no pudieron hacer las obras que habían pensado en Toledo.
En el año 1990 entraron a formar parte de una asociación formada por 18 comerciantes para comprar confección en conjunto, llamada Servimoda. Aunque a ellos les benefició por la información que compartían y porque hicieron bastantes operaciones muy rentables, a partir del año 1993, con la crisis económica, muchos tuvieron que cerrar sus negocios y poco a poco el grupo se fue disolviendo hasta su extinción.
León Gómez Alonso era una persona emprendedora, atenta siempre a aprovechar las oportunidades de negocio. En un viaje de vacaciones que hizo con su mujer a Grecia, antes de la integración de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) el 1 de enero de 1986, se dieron cuenta de que había tanta diferencia entre el precio al que se vendían las pieles en España y lo que costaban allí, que les compensaría con creces importarlas, aunque tuvieran que pagar un 35% de derechos aduaneros. Por ello compraron estas mercancías por importe de 35 millones de pesetas y el primer año vendieron 276 abrigos de visón. También adquirieron artículos de caballero de confección y parkas en Alemania, en la feria de Colonia. El primer pedido que hicieron fue de 700 prendas. Aunque los aranceles eran igualmente altos, el precio en origen era muy inferior al de venta en España. Con la desaparición de las barreras arancelarias fruto del tratado de adhesión a la CEE tuvieron que replantearse estos negocios.
La crisis de principios de los años 90, junto con la disminución de las cuotas que gravaban la entrada de productos textiles provenientes del extranjero, especialmente de Asia, causó que se vendieran en España a precios muy bajos, lo que repercutió en sus ingresos, que se redujeron de forma que durante cuatro o cinco años apenas ganaron lo justo para ir haciendo frente a las amortizaciones e intereses de los préstamos que habían contraído. Esto les condujo a hacer un cambio en el enfoque del negocio. Decidieron vender artículos de mucha más calidad y con un margen comercial mayor, lo que, junto con el cambio de política económica y la bajada de intereses que empezó a producirse a partir de 1996, les permitió superar estos malos momentos.
El día 31 de enero de 2000, cuando León Gómez Alonso tenía 71 años, decidieron traspasar el negocio a sus hijas Ascensión y Ana, encargándose la primera de la parte comercial y la otra de la administrativa, al considerar que ya estaban más capacitadas que ellos para llevarlo que ellos, aunque él siguió compartiendo con ellas la responsabilidad de la división económica del mismo.
En junio de 2003 compraron una tienda en Sonseca. El local, de 700 metros cuadrados, estaba distribuido en dos partes iguales, una de las cuales se utilizaba como almacén. Pensaron que, habilitando ambas como tienda, tendría capacidad para todas las secciones, y que, llevando allí un tercio de los artículos que compraban, en caso de que no se vendiese, podía servir de reserva o almacén de las otras dos tiendas, la de Toledo y la de Talavera. De esta forma no era necesario incrementar demasiado las existencias, pero sí aumentarían las ventas. Contrataron a una dependienta que había trabajado antes para ellos y a un encargado. Las personas que seleccionaron estuvieron durante un par de meses haciendo prácticas en el comercio de Toledo y finalmente el dos de noviembre de ese año inauguraron la tienda, con buenos resultados. El número de trabajadores de la empresa llegó a ser de 50 en el año 2005.
En 2007 El Corte Inglés se puso en contacto con ellos para adquirir el local de Talavera con el fin de abrir una tienda ‘Sfera’. Terminadas las negociaciones y llegado a un acuerdo económico, el 28 de agosto comenzaron la liquidación de las existencias. Fue tal la afluencia de público que tenían que cerrar la puerta varias veces cada día, porque la cola de la gente que esperaba para pagar llegaba hasta la calle. Posteriormente decayó algo, pero el nivel de ventas que hubo hasta el final fue altísimo.
Este éxito condujo a León Gómez Alonso a lanzarse a su último negocio: abrir un nuevo establecimiento en el que se vendiera con descuento, no sólo en época de rebajas sino durante todo el año, lo que se conoce como outlet. Lo realizó en un local de 400 metros cuadrados que alquiló, dirigiéndolo personalmente.
Participó en la Asociación Empresarios del barrio toledano de Santa Teresa y en la Federación Empresarial Toledana (FEDETO), la cual le concedió en el año 2006 el galardón a la «trayectoria empresarial», en reconocimiento a la labor desarrollada durante toda su vida.
Fue pionero en la venta ambulante en pueblos y aldeas de los montes de Toledo y en los años 1960 en la creación de tiendas franquiciadas en distintos pueblos de esa provincia.
El 17 de diciembre de 2008 falleció en Toledo. Posteriormente la denominación de la empresa Almacenes León Gómez Alonso S.A. se modificó a Sucesores de Almacenes León, S.L. y el nombre comercial que tiene en la actualidad es León desde 1948.
Sus principales aficiones fueron los toros, desde muy joven, y el campo, lo que le llevó a comprar una finca, El Valle de Abajo, en la que descubrió la caza, y donde disfrutó ampliamente de lo que más quería, su familia.
Su mujer, Ascensión Navamuel, le apoyó y ayudó desde que se casaron, y luego lo hicieron sus hijas. Él decía de la primera que era trabajadora, cariñosa, buena consejera y administradora, que siempre había estado a su lado y nunca había rehusado el sacrificio a lo largo de la vida.
De sus tres hijas, la segunda, Ascensión, que había estudiado Comercio en Madrid, se incorporó a trabajar con él en la tienda. Sostenía que en poco tiempo se había puesto al corriente de todo, pues ponía mucha ilusión en el trabajo. Hoy en día es quien dirige el negocio. Ana, la más pequeña, estudió Empresariales, también en Madrid, y colaboraba con su hermana en el negocio familiar. La mayor, Virtudes, es farmacéutica y tiene un laboratorio de análisis clínicos. Las hijas consideran que el principal factor que propició la expansión de la empresa fue un fuerte compromiso con el cliente, ofreciendo siempre la mejor relación calidad-precio, con un trato directo, cercano y profesional, fruto de la experiencia en el sector y el duro trabajo diario.
En nuestra opinión, lo más destacable de la autobiografía de León Gómez Alonso es que, a pesar de haber pasado una infancia y juventud llenas de penalidades, las relata sin amargura ni resentimiento; que tenía una gran inteligencia natural, don de gentes y era muy trabajador; que siempre encontraba soluciones imaginativas a los problemas que se le planteaban; y, sobre todo, que amaba a su familia, y era una gran persona, que ayudó, en todo lo que pudo, no sólo a su madre y sus hermanos, sino también a sus parientes y a las personas que conocía.
Murió en Toledo el 17 de diciembre de 2008.
Con el agradecimiento a la familia Gómez Navamuel por proporcionarnos la autobiografía de D. León, escrita por José Colino Martínez.
Referencia:
- Artículo publicado en 2011. María del Carmen Angulo Teja y Tomás García-Cuenca Ariati, “León Gómez Alonso (1928-2008)”, en María del Carmen Angulo Teja y Tomás García-Cuenca Ariati (coords.), Grandes Empresarios de Castilla-La Mancha, Madrid, LID Editorial Empresarial, 2011, pp. 103-109.