«No le juzguéis, que no sabéis su nombre / tuvisteis ocasión de conocerle y no le visteis / cuando puso su alma en vuestras manos». Estos versos del pintor Manuel Romero Carrión, director de la Escuela de Artes y concejal de Cultura en el Ayuntamiento de Toledo, de cuya trágica muerte en accidente de tráfico se cumplirán cuarenta años el próximo verano, tienen algo de premonitorio. A excepción de los recuerdos de amigos, discípulos y compañeros –como el ceramista José Aguado, quien recordaría en varias ocasiones su definición de quienes en esta ciudad «nos quedamos para siempre, anclados y encadenados a esta Roca de Prometeo, a esta escombrera celestial, que nos infunde vida, que nos lacera con fuego y que nos entrega al definitivo barro del destino»-, Toledo no había organizado ningún homenaje en su honor desde 1977.
Romero Carrión es una figura de gran importancia para conocer el desarrollo artístico toledano del último tercio del siglo XX. Incluso después de su muerte, su influencia y enseñanzas artísticas –heredadas en buena manera de uno de sus maestros, el historiador del arte Guillermo Téllez– pueden apreciarse en numerosos pintores de la ciudad. Sólo por haber instituido la celebración de la Bienal del Tajo, encuentro de artistas convocado por el Ayuntamiento de Toledo durante más de tres décadas, hasta su extinción en el año 2000, merecería «algo más que la tímida exposición» –en palabras de su comisario, Félix del Valle– organizada por la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas en el Centro Cultural San Clemente.
Aunque reducida en espacio y obras, la muestra Manuel Romero Carrión. Homenaje y recuerdo a un pintor toledano ofrece un panorama bastante completo de su trayectoria, no precisamente pobre si se tiene en cuenta que murió recién cumplidos los cuarenta años. En ella es posible contemplar ejercicios académicos realizados en los primeros de su andadura –cuando era un joven alumno de la Escuela de Artes y de la Real Academia de San Fernando–, algunos de los paisajes que tan grato le hicieron a la Sociedad Estilo y varios retratos. Aunque natural de Murcia, donde nació en 1936, Romero Carrión vivió en la ciudad de Toledo desde los seis años. En 1948, a los doce, inició su aprendizaje artístico.
La exposición comienza su recorrido temporal con una pareja de desnudos académicos (60 x 45 cm.), masculino y femenino, propiedad de Tomás García del Cerro, que permiten apreciar su dominio de la anatomía.
Los paisajes mostrados en este homenaje evidencian su conocimiento de pintores de los siglos XIX y XX, desde Aureliano de Beruete y Ángel Andrade hasta Enrique Vera. Están datados entre mediados de los años sesenta y 1975, y son de calidad desigual. Se trata de Panorámica parcial de Toledo (91 x 72 cm.), propiedad de Luis Alba González; San Martín y vista de Toledo (100 x 73 cm.); Toledo desde el Valle (115 x 90 cm.), de Félix del Valle; Cerro de la Cabeza con el puente de San Martín al fondo (91 x 73 cm.); Vegas de Safón (80 x 53 cm.) y Plaza de la Cabeza (65 x 53 cm.), ambos de Tomás García del Cerro.
A través de la revista Ayer y Hoy conocemos elogiosas descripciones de sus vistas de Toledo, como por ejemplo una representación del Puente de Alcántara que presentó a la VII Exposición de Otoño de la Sociedad Estilo (1954), con «magníficos efectos de luces y un gran sentido del detalle y la perspectiva que le revelan como un excelente paisajista». Un año más tarde, el archivero Clemente Palencia, director de aquella revista, dedicó una página completa al joven artista, que aún no tenía veinte años.
Por aquel entonces ya había finalizado sus estudios de bachiller superior en el Colegio de Maristas, donde comenzó su vocación pictórica y poética. Posteriormente, sería profesor en este centro, en el Castillo de San Servando y en el Instituto de Enseñanza Media de Toledo. En 1961 regresó, ahora como profesor, a la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, convirtiéndose en profesor de término tres años después y en director del centro desde 1966 hasta 1977, en que murió.
En 1966, año en el que realizó una gran alegoría para la Biblioteca Pública de Puente del Arzobispo, se convirtió también en concejal de Arte y Cultura en el Ayuntamiento. Dos años después, el 5 de diciembre de 1968, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo al tiempo que Cecilio Guerrero Malagón y Guillermo Santacruz. Fue el mismo año en que impulsó desde el Ayuntamiento la celebración de la primera Bienal del Tajo.
En estos años desarrolló una intensa labor como retratista. La exposición celebrada en el Centro Cultural San Clemente incluye, en este sentido, varios ejemplos de interés. El primero es un retrato del historiador del arte Guillermo Téllez (59 x 79 cm.), realizado en 1966 y conservado en la Escuela de Artes, de la que fue profesor. Cinco años después realizó el Retrato de señora (88 x 115 cm.) y el conjunto de tres carboncillos infantiles (43 x 53 cm.) expuestos. De 1973, para finalizar, es su retrato de José Carlos Gómez-Menor (88 x 115 cm.), miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, a la que pertenece el lienzo.
A las pinturas Alegoría agrícola I (130 x 150 cm.) y Alegoría agrícola II (95 x 129 cm.), propiedad de la Residencia Universitaria de la Diputación, con las que manifiesta estar en consonancia con un simbolismo social común a otros pintores de su generación, se suman los dos lienzos más interesantes de todo el conjunto: Visión mística I (129 x 96 cm.) y Visión mística II (114 x 94 cm.), ambos de 1967, propiedad, respectivamente, de la Real Academia y la Residencia Universitaria provincial. Su tratamiento de la figura humana y una paleta predominantemente terrosa y oscura permiten imaginar a un artista en plena ebullición creativa. Completa la muestra un dibujo a lápiz, Premonición (34 x 24 cm.), que se expone acompañado por un poema del mismo título, obra del comisario de la muestra.
La sala en la que se expone, la mayor del Centro Cultural San Clemente, que dirige el también académico Enrique García Gómez, ofrece en el centro una cabeza de Manuel Romero Carrión realizada por el escultor Francisco García Gómez, ‘Kalato’.
Manuel Romero Carrión. Homenaje y recuerdo a un pintor toledano no cuenta, por razones obvias, con obras tan representativas como el coronamiento del retablo mayor de San Juan de los Reyes o las pinturas del Castillo de San Servando. Tampoco forman parte de ella retratos como el del cardenal Pla y Deniel de la sala capitular de la Catedral o el del cardenal Lorenzana, que preside el paraninfo de la antigua Universidad de Toledo y donde el artista realizó un guiño a la representación del edificio como proyecto que lleva a muchas personas a considerarlo obra del siglo XVIII.
Sea como fuere, esta pequeña exposición –unida a la investigación predoctoral realizada hace menos de una década por un alumno de la Facultad de Humanidades de Toledo, Gabriel Lázaro Isabel– permitirá seguir manteniendo vivo el recuerdo del artista a la espera de un mayor montaje y catálogo cuando se celebre su 50 aniversario en el 2027.
Referencia:
- A. de Mingo “Romero Carrión, pintor de la «Escombrera celestial»”, La Tribuna de Toledo(20-3-2017), pp. 12 y 13.
