1 Milagros Atienza Ballesteros

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Milagros Atienza Ballesteros
Ciudad Real.
1915 -
Ciudad Real.
1939.
Mecanógrafa. Primera mujer afiliada al PSOE y a la UGT en Ciudad Real.

Milagros Atienza Ballesteros nació en Ciudad Real el 19 de noviembre de 1915; era hija de Antonio y de Josefa, estaba soltera y residía en la calle Conde de la Cañada nº 2 de la capital.
Por el color de su pelo era conocida como “La Pelirroja”, por sus ideales en defensa de la clase trabajadora, como “La Roja”, y por su carácter decidido y aguerrido, también la llamaban “La Generala”. No se resignaba a ser una mera ama de casa, tanto si contraía matrimonio como si no, y eligió trabajar fuera del hogar ejerciendo la profesión de mecanógrafa, ya que ello le permitía tener una autonomía personal y económica sin tener que depender de ningún hombre.
En 1933, con tan solo 18 años, llegó a ser la primera mujer en afiliarse a la Agrupación Socialista de Ciudad Real y al sindicato UGT, entidades a las que hasta entonces solo acudían hombres y en las que ella veía mejor representados sus ideales de justicia social.
Milagros, ya en 1934, se encontraba trabajando en la Diputación Provincial ejerciendo de secretaria del presidente de dicha institución y el 22 de diciembre de 1936 llegó a ser nombrada por el gobernador civil, Germán Vidal Barreiro, auxiliar mecanógrafa interina de la Diputación (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, n.º 151, 1937, p. 6).
Milagros Atienza está afiliada a la Juventud Socialista Unificada (JSU) y toma parte activa en la vida política de Ciudad Real. Participa, por ejemplo, como miembro destacado en el acto que se celebra en la plaza de toros el 22 de junio de 1936, un mes antes del estallido de la Guerra Civil. A este mitin asistió mucha gente y desfilaron alrededor de 1.500 jóvenes uniformados, “con bandera, y cantaron «La Internacional» y «La Joven Guardia»” (El Socialista, Madrid, 23-6-1936, p. 2).
Fue un éxito rotundo, interviniendo como oradores Trifón Medrano y Aurora Arnáiz, que animaron a las mujeres a sumarse a los partidos obreros. Fue toda una puesta en escena de los partidos de izquierda, unidos en los momentos convulsos que vivía la provincia ante el estallido de la guerra civil. Se reflejaba el valor que en ese momento se le daba a la juventud como pieza esencial del triunfo de las ideas progresistas, y dónde Milagros hizo especial hincapié en la participación femenina en los partidos obreros, pues allí las mujeres encontrarían los cambios sociales y culturales deseados. Las mujeres se equipararon a los hombres, uniformadas y vistiendo mono azul como ellos, aunque posteriormente el franquismo las acusaría de transgredir los principios morales por vestir de hombre o hacer “funciones de hombre”.
Merece la pena recordar unos datos de Trifón Medrano Elurba y Aurora Arnáiz Amigo. Fueron dos jóvenes representantes de la organización unificada de las juventudes socialista y comunista (JSU), unión acontecida tras el mitin de Las Ventas el 5 de abril de 1936. Trifón fue detenido el 6-2-1936 por orden del gobernador civil de Ciudad Real, después de realizar un mitin en La Solana en el que acusó al gobierno de la República de asesinar mineros durante la Revolución de Asturias de 1934. En las elecciones de 1936 formó parte de la candidatura del Frente Popular en la provincia de Ciudad Real, representando al PCE, donde obtuvo 79.329 votos, sin salir elegido. Aurora Arnáiz, durante la guerra fue muy activa en la JSU, llegando a ser comisario político. Al finalizar la guerra fue encarcelada, y estando en prisión murió su hijo por las malas condiciones higiénico-sanitarias del encierro. Consiguió huir en un traslado de la cárcel en tren, pasando a Francia y después a América, instalándose en México.
La defensa a ultranza que Milagros hizo de la igualdad entre hombres y mujeres llevó a que, en enero de 1938, la nombraran secretaria femenina del Comité Provincial del Partido Socialista y miembro de la Comisión Ejecutiva Provincial. Milagros llevaría a cabo una gran actividad política junto con otras mujeres de la provincia como Angelita Rodríguez, Blasa Montero, Amparo Carretero, Evangelina López o Teresa Martín, compañeras de agrupaciones progresistas que repartían octavillas, postulaban para el Socorro Rojo, hablaban en la radio, escribían en los periódicos, daban mítines por los pueblos, etcétera, siempre defendiendo el papel de las mujeres en igualdad con los hombre y en defensa de los valores democráticos y de justicia social.
Finalizada la guerra civil, y ante la toma de la ciudad por los elementos facciosos el 28 de marzo de 1939, Milagros salió en camión, junto con la compañera de partido Angelita Rodríguez Preciado, hacia el puerto de Alicante con la intención de partir en barco rumbo al exilio. Pero al llegar al puerto de esa ciudad los barcos ya no estaban y la ciudad había sido tomada por los fascistas, lo que hizo que las detuvieran allí mismo y las llevaran al Campo de los Almendros, para posteriormente ser trasladadas, junto a mujeres y niños, a distintas dependencias de la ciudad improvisadas como cárcel, hacinadas y en condiciones infrahumanas. Después fueron enviadas a distintos cuarteles, donde serían interrogadas por militares y entregadas a falangistas ciudadrealeños que las trajeron de vuelta a Ciudad Real, maltratándolas y vejándolas paseándonos por las calles principales para someterlas a burlas y escarnio y enviarlas posteriormente a la prisión provincial reclamadas por la Auditoría de Guerra, dando inicio a todo un proceso penal y militar.
Milagros fue consciente de que además hubo denuncias contra ella por parte de Dolores García Messía de la Cerda y sus hijas Carmen y Dolores Messía de la Cerda, con gran poder económico y prestigio social entre personas de ideología derechista. La acusaban de ser la responsable de su detención, aunque en su declaración indicaran que lo “supieron de oídas” o que “era un rumor público”. Su denuncia fue tenida muy en cuenta, a pesar de que no tenían una base sólida en que sustentar sus afirmaciones y que curiosamente a las mujeres se las consideraba incapacitadas como sujeto jurídico.
El 23 de agosto de 1939, Milagros fue sometida a Consejo de Guerra sumarísimo de urgencia n.º 4.274, presidido por el comandante Alfonso Pérez Viñetas, asistido de los capitanes-alférez vocales José Martínez Paradas, Antonio Salvador Guillén, Anselmo Fernando Mocosi y el capitán vocal ponente Tomas Garci García, que la condenaron a pena de muerte por Garrote Vil, ratificando la petición del fiscal, por un delito de adhesión a la rebelión militar con la “agravante de trascendencia de los hechos y perversidad social de la procesada”.
En su expediente se relataba que:

“Se trata de una individua de acérrima formación marxista, y una de las pocas mujeres de Ciudad Real, que antes del Movimiento Nacional, tenían esas ideas, y desde luego de todas las mujeres rojas de Ciudad Real, ha sido la más destacada antes del Glorioso Movimiento […] Ya el día 19 de julio se la vio ir por las calles de Ciudad Real armada de pistola y fusil y vestida de hombre con un mono” (AHDTMT1. Informe de la Comisión Municipal de Información, Caja 3067/nº10, Exp. 4274).

“Diariamente y de una manera constante se la veía en la redacción de Avance, en donde de una manera descarada no ocultaba sus relaciones íntimas con el director de dicho periódico y criminal refinado Francisco Gil Pozo, con el cual, a pesar de estar casado, mantenía relaciones haciendo casi vida marital, siendo cosa de rumor público que la informada estuvo embarazada produciéndose el aborto” (AHDTMT1. Informe Jefatura Provincial Falange Ciudad Real, Delegación de Información e Investigación, Caja 3067/nº10, Exp. 4274).

De aquí se deduce que las acusaciones que se vertían contra ella no solo hacían referencia a su actuación política o pertenencia a partido político, sino que se ensañaban con su vida privada, primero por ser mujer y haber vestido mono de hombre lo que para ellos equivalía a hacer “funciones de hombre” y por tanto también equivalía a ser portadora de armas, aparte de trasgredir todos los principios morales del nuevo régimen. Pues el hecho de mantener relaciones con hombres o incluso pensar que por ello podía haber quedado embarazada y haber realizado un aborto, algo considerado un asesinato, era la acusación más grave que podía recaer en una mujer según el nuevo estado.
En todos los documentos que integran su expediente, se observa que el aparato represor franquista no solo hacía hincapié en su participación política, sino que también era castigada por transgredir los principios más sagrados del nuevo estado, como era la familia y el papel asignado a la mujer en la nueva sociedad. Aunque contradictoriamente se la consideraba de buena conducta moral.
La represión ejercida contra Milagros encierra muchos de los elementos clave de la represión femenina: mujer joven, profesional dedicada a un trabajo público, militante política, activista de sus ideas y libre en la toma de decisiones sobre su vida privada, aspectos todos ellos que no encajaban en el concepto de mujer propugnado por el franquismo. Por todo lo cual, Milagros sufriría una doble represión: como política y como mujer que podía servir de ejemplo a otras mujeres para actuar en libertad en su vida personal.
Según relata en sus memorias su compañera de presidio en la cárcel de Ciudad Real, Angelita Rodríguez Preciado, la noche de su ejecución cuando se encontraban un grupo de mujeres condenadas a muerte aguardando la llegada de la funcionaria que llevaría el nombre de la elegida para su fusilamiento, al llegar ésta acompañada del director de la prisión y el piquete de ejecución y pronunciar el nombre de Milagros, todas las reclusas entonaron una canción con música de marcha fúnebre. Entonces Milagros les dijo:  “Cuando mañana os formen para cantar el “cara al sol”, gritad con fuerza “Arriba España sobre un montón de cadáveres”. Después dio un abrazo al jefe del piquete, un soldado joven, indicándole que iba dirigido a su madre por tener un hijo que iba a cometer una acción terrible.
La ejecución de Milagros tuvo lugar el 17 de noviembre de 1939, cuando contaba con tan solo veintitrés años de edad. A petición propia, fue fusilada la última de nueve personas más. Se cree que sus restos mortales pudieran descansar en la fosa común del cementerio de Ciudad Real (Fosa: 2710/2022 CIRE).
Milagros fue una joven pionera en la defensa de la igualdad de géneros sin discriminación alguna, en la participación femenina en política y en la afiliación a partidos políticos y sindicatos para defender los derechos de las mujeres y la libertad en su vida personal.

Fuentes y Bibliografía:

  • ACPHM. Expediente carcelario de Milagros Atienza Ballesteros. n.º 17.827
  • Archivo General Histórico de Defensa. TMT1. Expediente de Milagros Atienza.
  • Benito Santos, M.ª Sol, Esmeralda Muñoz Sánchez, “Milagros Atienza Ballesteros (Ciudad Real)”, Julián López, María García, Jorge
  • Moreno, Alfonso Villalta, Tomás Ballesteros, Luis F. Pizarro (Eds.), Para hacerte saber mil cosas nuevas: Ciudad Real 1939, Madrid,
  • UNED, 2018, pp. 512-519Ballesteros. Caja 3.067/nº10, Exp. 4274.
  • Causa General provincia Ciudad Real. Legajo1027, caja 1, exp.1, folio 1
  • Marcos González, María Dolores, La dama roja. Memorias de Angelita Rodríguez, Alicante, Gráficas Díaz, 2004.

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