Pascual Cantos Mira nació en Albatana, Albacete en 1920. Aunque fue Pozo Cañada su referencia vital y el motivo de buena parte de su obra poética. Pascual Cantos no había podido asistir a los centros docentes que le hubieran permitido una formación literaria superior, de tal manera que su mayor mérito radica en su formación autodidacta. Esto es evidente en toda su producción, todavía sin publicar después de cuatro décadas de su fallecimiento.
Las circunstancias inherentes al campo de batalla en el frente de Rusia, donde fue destinada la División Azul española, marcarían profundamente el carácter y hasta la expresión formal de su obra. En este apartado literario es posible detectar el fracaso militar que resultó ser uno de los primeros fiascos militares del Tercer Reich.
El poemario de Pascual Cantos Mira, y su obra en general, se mantiene todavía en el anonimato y en carpetas cuidadosamente seleccionadas por su hija mayor, a quien agradezco que me haya permitido consultar su obra entera. Una vez examinada, cabría encuadrarla, a mi juicio, en varios campos. El instinto poético es indudable en todos ellos, tanto como admirable es el carácter autodidacta del autor. Los poemas cabría inscribirlos en tres grupos temáticos: La División Azul; los estrictamente líricos y los costumbristas.
Pascual Cantos destacó no sólo en la labor poética, sino, además, en la musical, en el teatro y el periodismo, amén de otras manifestaciones populares. Hablar de No le pegues a la mula, El galgo corredor, La nena, Los chiquillos, El tractor… muestran sobradamente el tema invariable de la tierra.
En el apartado de la División Azul cabe incluir todas las derivadas de la guerra en el frente helado de Novgorod: el joven que se alista; la novia que se queda; la madre que sufre la distancia y al cartero del pueblo que se para en la puerta; los asaltos a la trinchera y la resistencia en el combate; el camarada muerto; la nostalgia de España…
Es quizás en este grupo donde se nota con más intensidad la inmediatez de quien presencia y vive la guerra al borde de la trinchera.
Pascual Cantos se había enrolado en la División Azul desde el primer momento de su creación, e inmediatamente fue destinado a la región de Leningrado y Novgorod, que él transcribe desde la toponimia original rusa. Es excelente la composición dedicada al general Agustín Muñoz Grandes, jefe supremo de la división de voluntarios españoles, combatientes junto a la Wehrmacht de Hitler. Pascual Cantos no fue combatiente directo sino integrado en la brigada o cuerpo de los sanitarios. Las Cartas desde Rusia son de lo mejor que se ha hecho en materia de poemas bélicos recientes, y donde mejor se describe el horror de la guerra en las estepas heladas junto al Neva. En la División Azul y en los campos de Rusia escribió el conjunto de poemas épicos en torno a su experiencia personal, en los que es de destacar la lírica indudable dentro del género.
Pascual Cantos Mira vivió en Pozo Cañada durante muchos años, antes y después de su aventura en la División Azul. Desde muy joven, ya tenía inquietudes literarias. Después de 1950, empezó a escribir como autor novel. Se aventuró también en el mundo del teatro, para el cual escribió algunas comedias musicales de inspiración costumbrista, a las que cabría incluir, sin duda, en el género de la zarzuela con connotaciones de la revista española del momento. Destacan entre ellas La rubia del Campillo y Rosario la perchelera, con las que cosechó éxitos notables, sobre todo en la provincia de Albacete.
Él que era músico sin conservatorio, pudo componer las zarzuelas dentro del costumbrismo de la época, justamente cuando el género comenzaba su declive después de la guerra civil. La Blanca doble se estrenó en Madrid en el Teatro La Latina en 1947, apenas transcurridos ocho años desde el final de la guerra civil. Es ésta, al menos, la que inspiraría a las zarzuelas de Pozo Cañada, quizás porque en ésta se ensalza a los encajes de Almagro con un espléndido pasodoble. Pascual Cantos compuso los libretos, más no las partituras que encargó a un maestro de música. Ambas se han perdido, desgraciadamente.
Queda el recuerdo de quienes asistíamos al salón de cine local donde los actores y actrices eran aficionados locales y la orquesta la propia banda municipal de música. El costumbrismo era el argumento en ambas donde el referente principal era la vida y anécdotas del pueblo y de esta parte de La Mancha. En ambas zarzuelas es evidente la influencia de los hermanos Quintero. En algunos casos se intercalaban piezas musicales o corales de aquellos momentos. Fue memorable El encaje de bolillos de la parte musical de La blanca doble, que en aquellos momentos arrasaba el Madrid zarzuelero y de la revista musical, tan poco estudiada hasta ahora.
Su inspiración poética le llevó a escribir innumerables poemas, dedicados sobre todo a la tierra manchega, donde se conjugan las referencias e influencias de dos poetas populares muy celebrados en España: los hermanos Quintero; Gabriel y Galán, Benítez Carrasco, e incluso García Lorca en bellísimas connotaciones poéticas, que no argumentales, dado el momento crítico de la represión franquista.
Pascual Cantos ha recibido numerosos premios y galardones a nivel nacional, compitiendo con poetas tan ilustres como José Hierro, José García Nieto y el albaceteño García Carbonell.
De entre sus muchos poemas, dos de entre los más celebrados No maltrates a la mula y El tractor, se asemejan a la lírica popular de Gabriel y Galán. A este y otros poemas los hizo popular el rapsoda de Pozo Cañada Pedro Juan Córcoles, conocido como «el Can». El poeta y el rapsoda suelen formar una natural simbiosis, que en este caso es evidente y creo que necesaria; y es que, a falta de publicación editorial o gráfica, el conocimiento de la obra del poeta de Pozo Cañada tuvo como difusor y protagonista al “Can”. Fue este el último juglar en tierras manchegas donde, gracias a él, los poemas de Pascual Cantos fueron muy celebrados, en sintonía siempre con la vivencia de las clases populares. Pedro Juan Córcoles ha fallecido recientemente.
Pascual Cantos compatibilizó su producción poética y musical con su colaboración periodística en el periódico El Norte de Castilla, de Valladolid. Su lectura pone de manifiesto que se desenvuelve con autoridad en el oficio, aunque el mérito principal estriba, a mi juicio, en que es ahí donde queda expuesta la metamorfosis del autor. No cabe duda de que fue un hombre que, procediendo del régimen anterior, aceptó sinceramente la democracia demostrándolo con sus publicaciones en torno al 23-F, sin que ocultara a la sazón su simpatía por la derecha constitucional. Fue crítico, no obstante, con la deriva que iba tomando el sistema, como si anduviera dotado de algún raro sentido, olfato o intuición poética y aún histórica.
Pozo Cañada no va sobrada de escritores y poetas, por eso es de destacar la obra de Pascual Cantos como algo a considerar no sólo en esta villa o en Albacete sino en toda Castilla-La Mancha. Pascual Cantos Mira murió en Albacete en 1983.