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Sebastián Aguado y Portillo
Jimena de la Frontera (Cádiz).
1854 -
Toledo.
1933.
Ceramista.

Sebastián Aguado y Portillo no sólo merece pasar a la historia de esta ciudad por su gran conocimiento de la cerámica e intensa labor docente —fruto de la cual surgirán después carreras tan destacadas como las de Ángel Pedraza y Vicente Quismondo—, sino por ser el origen de una dinastía estrechamente vinculada a la Escuela de Artes y Oficios de Toledo. Por ella pasaron su hijo, José Aguado Villalba (1919-2007), probablemente el mayor especialista en cerámica antigua de esta ciudad, y su nieta, Rosalina Aguado Gómez, ambos también miembros numerarios de esta Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas.

Natural de Jimena de la Frontera (Cádiz), donde nació el 11 de junio de 1854, hijo de maestros nacionales, Sebastián Aguado inició sus estudios en Sevilla. En esta ciudad asistió a las clases de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ampliando su formación en el estudio del pintor Joaquín Díaz y en el taller del escultor Manuel Gutiérrez Cano, quien le recomendó completar su aprendizaje junto a dos importantes escultores barceloneses, los hermanos Agapito y Venancio Vallmitjana. A su regreso a Sevilla, no obstante, decidió dedicarse a la cerámica.

Aprendió el oficio en el popular barrio de Triana e ingresó en la célebre fábrica de Pickmann de La Cartuja. En 1875 iniciará una serie de viajes por Europa para estudiar la fabricación de loza y porcelana, perfeccionando sus conocimientos en las fábricas de Génova y Marsella. También pasó por Nápoles, donde destacó como fundidor de esmaltes. De regreso en España, se estableció en Madrid en 1886, trabajando para Guillermo de Osma y Arturo Mélida como encargado de la fábrica de Santigós y Cía. Por estas fechas comenzó su labor docente, primero como profesor del Círculo Católico de Obreros del Corazón de Jesús y después en el taller de vaciado de la Escuela Superior de Artes y Oficios de Madrid (desde 1893), donde sustituyó al ceramista Guillermo Zuloaga. Su traslado e instalación definitiva en Toledo se produjo en 1902, como profesor de cerámica y vidriería artística en la Escuela de Artes, a la que permaneció ligado hasta su jubilación, en 1925. Paralelamente, Sebastián Aguado dedicó grandes esfuerzos hasta su muerte, el 13 de julio de 1933, al estudio y la recreación de las cerámicas toledanas de época medieval y renacentista.

Miembro fundador y titular de la medalla número I de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas, RABACHT, en 1916, Aguado obtuvo varios reconocimientos nacionales e internacionales. En 1901 obtuvo una mención honorífica en la Exposición Nacional de aquel año, a la que siguió una primera medalla en la Exposición Nacional de 1904. Casi diez años después, en la Exposición Nacional de 1913 —donde la Escuela de Artes obtuvo una primera presea—, ganaría nuevo diploma. A finales de los años veinte, siendo ya anciano, obtendrá nuevos reconocimientos, como el diploma y la medalla de plata del Certamen Nacional del Trabajo de Bilbao (1928) y diversas distinciones en Grenoble (Francia) y Monza (Italia). También participará en esas fechas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929.

Sus trabajos documentados en Madrid y Toledo son abundantes. Para la capital del reino restauró la imagen de Nuestra Señora de la Almudena y participó en numerosas obras públicas y privadas. Realizó las vidrieras esmaltadas del palacio de los marqueses de Santo Domingo en el Paseo de la Castellana y la lápida del pintor Rosales. También elaboró los zócalos de azulejería del Hospital de Maudes y colaboró con el arquitecto Antonio Palacios en las obras del Metro de Madrid, para el que hizo los escudos de las estaciones de Sol, Antón Martín y Retiro. Asimismo, intervino en la sede del Círculo de Bellas Artes de Madrid, del cual fue nombrado socio de honor en 1904.

En la ciudad de Toledo, Aguado realizó la decoración de escayola de las galerías, tallas de madera policromada, zócalos de azulejos de arista y artesonados del Alcázar. Elaboró los zócalos de las ermitas de la Virgen del Valle y de Nuestra Señora de la Estrella, así como las azulejerías del vestíbulo del desaparecido Gobierno Militar. Quizá su actuación más a la vista en esta ciudad sean las tejas esmaltadas de los chapiteles de las torres de la Puerta de Bisagra.

Sebastián Aguado contrajo matrimonio en 1909 con su alumna y colaboradora María Luisa Villalba Escudero. Tras su muerte, su viuda y su hijo José mantuvieron abierto su taller y se convirtieron en herederos de su gran legado.

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